¿Son de verdad tan malos los parrilleros?

  Por: Juan Carlos Velez  
 
Cuando la esposa le es infiel a su marido, éste en vez de enfrentar de raíz el problema, opta por vender el sofá. ¿Es la solución a la infidelidad? Algo parecido han venido haciendo nuestras autoridades cuando como respuesta al sicariato y a los homicidios cometidos desde las motocicletas, en vez de hacer efectivos controles al porte ilegal de armas, adoptan como salida la de prohibir al parrillero. Solución esta inocua, y a la vez como tantas otras medidas en nuestro país, la excepción hace la regla (no la confirma). Es decir 30 ó 40 motos que son utilizadas para cometer este delito en la ciudad, de pronto un poco más, generarán una decisión que conlleva el perjudicar a más de 350.000 motociclistas de los municipios del Valle del Aburrá que utilizan este vehículo como medio de transporte, trabajo o recreación.
Es tan inútil esta medida, que gracias a la habilidad de nuestros delincuentes para burlar la ley, a pesar de la restricción al parrillero estos continúan cometiendo delitos desde dichos vehículos, ya que utilizan según me cuentan, dos motos, y antes de cometer el homicidio, los sicarios usan una de ellas por unas cuantas cuadras y huyen del lugar de los hechos en las dos motocicletas.
Necesitamos para enfrentar esta inusitada violencia que ha vuelto a surgir en Medellín, el que se tomen decisiones contundentes y efectivas. No es restringiendo o regulando al parrillero como se frena esta ola de violencia que nos azota. Es necesario reforzar la presencia de la fuerza pública en nuestras calles, más retenes en las noches y en los barrios de la ciudad. La propuesta de los CAI móviles que ha implementado el municipio de Envigado ha venido dando muy buenos resultados y debería replicarse en el resto de municipios del Valle del Aburrá.
Necesitamos más de los 500 policías que nos van a dejar de los que vinieron para atender la seguridad de la ciudad mientras celebrábamos eventos de primer orden internacional. Más cámaras de seguridad en los barrios, etcétera; pero tal como lo planteamos en nuestra última columna en este periódico, es indispensable hacer un gran esfuerzo de ciudad para enfrentar el crecimiento del desempleo en Medellín, producto de la crisis económica que ha venido afectando al país en los últimos tiempos.
Me comentaba estos días un líder barrial en el velorio de un gran dirigente comunal del Barrio La Candelaria en la comuna cinco: “Doctor, cómo estuvo de tranquilo Medellín cuando se celebraba la Asamblea del BID en la ciudad. ¿Será que si estuvimos en paz en los barrios y comunas de la ciudad durante esos tiempos, por qué ahora, sólo unos pocos días después del evento, se siente que otra vez estamos volviendo a aquellas tristes épocas de violencia que ya creíamos superadas? ”.

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