¿Qué tan feliz decidiste ser hoy?

 ¿Qué tan feliz decidiste ser hoy? 
 Por: Carolina Zuleta Maya 
 
¿Sabías que en inglés el 62% de las palabras que describen sentimientos se enfocan en los sentimientos negativos y solo el 38% en los positivos? Aunque se desconoce el dato exacto de lo que en este aspecto sucede en el idioma español, los estudiosos aseguran que el porcentaje es muy parecido. Los investigadores de comportamiento organizacional han demostrado que los seres humanos tenemos una tendencia natural a poner más atención a las cosas negativas que a las positivas. No se sabe con certeza el porqué, pero se cree que se debe a nuestro instinto de supervivencia: si confundías un animal salvaje con un árbol, aquel podía devorarte; por el contrario, si confundías un árbol con un animal salvaje, te asustabas pero no pasaba nada más.
Todas las teorías de la nueva era nos recomiendan pensar positivo, sin embargo, cualquiera que lo haya intentado sabe lo difícil que puede ser. No obstante, personas tan sabias como el Dalai Lama afirman que es posible entrenar la mente para incrementar nuestro nivel básico de felicidad. La escritora Sharon Begley explica en su libro Train your Mind, Change your Brain (Entrena tu Mente, Cambia tu Cerebro) cómo los últimos avances en la neurociencia demuestran que se puede entrenar la mente para restablecer la felicidad y romper los ciclos de depresión. En otras palabras, existe la prueba científica de que es posible modificar la estructura y el funcionamiento de nuestro cerebro, de tal manera que cambiemos la manera de pensar y sentir.
Pero, ¿cómo entrenamos nuestra mente? La mente se entrena a través de la práctica. El primer paso es estar conscientes de lo que pensamos, y esto lo logramos poniendo atención a lo que sentimos. Hay una relación directa entre lo que pensamos y lo que sentimos; por ejemplo, si vamos a una película de terror sentimos miedo porque nuestra mente está recibiendo imágenes que no nos gustan. Esto significa que si estamos conscientes de lo que sentimos podemos entender lo que estamos pensando. En segundo lugar, se requiere dar una dirección consciente y voluntaria a lo que pensamos. Ponte en la tarea diaria de buscar cosas por las cuales sentirte agradecido, que te hacen feliz; no tiene que ser algo extraordinario, puede ser, simplemente, la buena taza de café que tomaste en la mañana. Si te estás sintiendo mal, entonces no te quedes pensando lo que sea que estás pensando, busca en tu entorno lo que sabes que te hará sentir mejor. Entre más practiques sentirte bien, tu instinto para poner atención a las cosas positivas será más fuerte y tu cerebro se irá moldeando de tal manera que aumentará tu nivel básico de felicidad. Como decía Abraham Lincoln, “la mayoría de personas son tan felices como deciden serlo”.

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