Invadidos y olvidados

En Bosques de La Aguacatala
Invadidos y olvidados
Así se sienten los residentes de la tradicional unidad, deteriorada por el ruido, la contaminación y los problemas de movilidad

Bosques de La Aguacatala era un paraíso residencial al que muchos llegaron hace 37 años. Fue la primera unidad abierta de Medellín, en el barrio El Poblado, sobre la carrera 48 con la calle 12 Sur. Un guayacán amarillo y otro centenar de árboles conformaban la vista ideal tras los ventanales. Pero aunque el guayacán persiste, junto con otras especies, en los últimos cinco años el deterioro del entorno de esta urbanización (120 apartamentos en 15 torres), ha causado cierto desasosiego a sus residentes, que añoran la tranquilidad de otros tiempos.

“Las principales afectaciones que tenemos son ruido, movilidad, contaminación por material particulado e inseguridad”, afirma Alfonso Vergara, uno de los habitantes de Bosques de La Aguacatala y promotor de la JAC Poblado Sur. Él ha estado al tanto de los impactos que causó la construcción de la Vía Distribuidora a la unidad residencial, del aumento vehicular en el intercambio vial de La Aguacatala como vía alterna hacia Envigado y del incremento de vendedores informales en los alrededores.

¿ Y de los acuerdos, qué?
Como lo reportó en su momento Vivir en El Poblado, la construcción de la Vía Distribuidora (carrera 49) se dio en medio de polémicas entre los residentes y ambientalistas con el Área Metropolitana, encargada de la obra. En 2005, cuando se socializó el proyecto, tanto el Área como Planeación y la Secretaría de Tránsito llegaron a varios acuerdos con los residentes. Hoy, cinco años después de terminada la obra, algunos de ellos no se han cumplido, según afirma Alfonso Vergara.

Dice, por ejemplo, que para contrarrestar el ruido de los motores y llantas de los carros, se acordó la construcción de una barrera natural en medio de la vía. Actualmente permanece un separador metálico. También se convino reorganizar el acopio de taxis y recuperar la zona verde, ambos ubicados sobre la vía de servicio (carrera 48 C) que conecta con la entrada trasera de la unidad. En el acopio, que estaba dispuesto para ocho taxis, hoy se encuentran alrededor de 20, además de los buses alimentadores del metroplús y de los integrados del metro.

“El problema es que aquí teóricamente deben estar tres buses integrados del metro y en este momento hay entre siete y ocho rutas que en vez de ocupar una bahía ocupan todo el espacio. Esto hace que se forme un taco cuando salimos por la vía que da a la vía de servicio o cuando vamos por la Vía Distribuidora a buscar la oreja del intercambio vial”, explica el residente. En cuanto la zona verde, “se destruyó para construir el paradero de buses, pero se hizo una veeduría ante la Personería y la zona se tuvo que recuperar”.

En ese mismo corredor, todos los días, desde las 11 am a 8 pm, están más de una decena de vendedores, algunos de ellos sin el permiso de la Subsecretaría de Espacio Público, que encuentran en los alrededores de la estación La Aguacatala una opción para su sustento económico. Según las quejas de los residentes, los buses y los vendedores, además de obstaculizar el paso de los peatones, son causa de contaminación ambiental, visual y auditiva.

“Desde las 5 am, empiezan a gritar. Si no son ‘las fresas’, ‘la gelatina’ o los periódicos son las rutas de los buses: ‘¡San Lucas!’, ‘¡San Fernando!’. No entiendo por qué si las rutas están señalizadas hay señores gritando. Además del mecato, ya tienen fritangas, butifarras, carnes, no sé en qué condiciones. Yo entiendo que tienen familia, que tienen derecho, pero que no nos dañen la armonía de la urbanización”, expresa Beatriz Londoño, miembro del Consejo Administrativo de Bosques de La Aguacatala.

Cuando llueve, plásticos pintorescos cuelgan de la reja de la unidad y se extienden hasta que termina la acera. Lo que para los residentes es un deterioro estético, para los vendedores es la manera de sortear los inconvenientes del clima. Otra causa de incomodidad es que la gente que pasa en los buses o que va caminando alrededor de Bosques de La Aguacatala, puede curiosear o no tras las rejas. Lo que quizás los mirones no sepan es que detrás de estas mallas hay personas que no volvieron a abrir sus ventanas, a fin de preservar su intimidad. Por otro lado, el hollín es permanente en sus casas. Además de estas situaciones, los residentes se sientes inseguros por los robos y el microtráfico de drogas. Ninguno se atreve a asegurarlo por cuenta propia, pero dicen que hay casos de vacunas a los vendedores y que han visto “guardar el vicio en las jardineras”, también deterioradas.

Para hablar sobre estos puntos, el Consejo Administrativo de la unidad se ha reunido varias veces con el Metro, Metroplús, Planeación, Infraestructura, Movilidad y Espacio Público, pero aún no se han tomado decisiones. Mientras tanto, insisten en “que nos construyan la barrera que fue prometida, haya unos cambios de sentido vial para nuestra salida y trasladen las rutas alimentadoras a los bajos del intercambio vial de La Aguacatala”.