¿“No hacemos las vías para decorar”?

 

El pasado 27 de marzo, en titular de primera página del diario “El Mundo” el subdirector de proyectos del Área Metropolitana, Álvaro Enrique Restrepo afirmaba que “No hacemos las vías para decorar”, una declaración insólita que, si yo fuera el jefe de este funcionario, me hubiera motivado a destituirlo de inmediato no por falto de razón o lelo (según la Real Academia) sino por simple falta de “discreción ante los medios” aunque lo que dijo entonces pudiera ser, en este caso,  uno de los lemas implícitos de ese Ente. (Recordemos que nuestros maestros de escuela, cuando veían a uno de los alumnos, jartísimo, mirando por la ventana, soñando en Babia, le pegaban el grito: Oiga, usted, allá, ¡Tangarife! Se va a pasar toda la vida como un ENTE?)…
En el artículo de “El Mundo” de esa fecha aparecía un dato monstruoso, que transcribimos: “Durante un conversatorio (palabra que no existe en el idioma español) que organizó el Área Metropolitana en días pasados… para resolver inquietudes de la comunidad, surgió la pregunta: ¿Cuánto tiempo se ahorrará en movilidad con la construcción de esta vía? La respuesta dejó más que alarmados a los ambientalistas: Cuatro minutos de ahorro en tiempo harán que se sacrifiquen cerca de 400 árboles”.
Volvamos al presente: los dos únicos periódicos que circulan a diario en la ciudad, “El Mundo” y “El Colombiano”, al parecer preciándose de imparcialidad habían estado hasta el domingo 23 de julio dando noticias emanadas de uno y otro lado –ambientalistas cuerdos versus leñadores dementes-, pero, de manera extraña y coincidencial, los editoriales de “El Mundo” del lunes 24 y de “El Colombiano” del martes 25, que parecieran escritos por el mismo autor, se abrazan vergonzosamente en el empeño común de los “progresistas”: “Adelante con la Vía Distribuidora” (El Mundo”) y “Sí a la Distribuidora Regional” (El Colombiano”). Allí se van lanza en ristre contra los “pobres argumentos” del Colectivo Ambiental alegando los innumerables beneficios que traerá la ampliación de la regional en ese tramo, “que desembotellará el tráfico automotor no sólo de los municipios del Valle de Aburrá sino de todo el Occidente colombiano”. Léase bien: ¡El tráfico de todo el Occidente colombiano! Pero aquí viene la nuez con su caramelo: arguye “El Colombiano” que la obra estimulará el “crecimiento de la economía, consecuencia, en buena parte, de esa movilidad, lo que permitirá superar los niveles de pobreza en que se mantiene buena parte de los habitantes de este valle. Situación que sí clama al cielo…”. Lógica de cura medieval: El Colectivo Ambiental es enemigo de los pobres de este valle de lágrimas.
Por allá en 1913 el visionario urbanista aficionado Don Ricardo Olano luchó para preservar una gran faja de 60 mts. de terreno a ambos lados del río, pero no para los transportes del futuro como lo han argumentado sino para un inmenso parque de entre 10 y 15 kmts. de extensión, como los que él apreció en sus viajes a países civilizados. ¡Cómo sería ahora la ira de Don Ricardo cuando viera lo que están haciendo nuestros planificadores! El Municipio de Medellín está en mora de exigirle a la Nación que empiece de una vez los estudios para sacarle de su entraña esta estrecha vía nacional que pasa a solo 500 mts. de La Alpujarra.  Ya existen los bocetos “para una vía alterna o variante de Bolombolo a Puerto Valdivia que evitaría el tránsito por el valle de Aburrá de todo este transporte pesado y de pasajeros”. Clamemos pues al Cielo…