Infames Infomercials

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Infames Infomercials

/ José Gabriel Baena
Cuando esta columna se publique el Concejo de Medellín habrá aprobado la venta-fussion de UNE a una multimillonaria compañía de oscuros antecedentes y comportamientos en el mundo de las telecomunicaciones. No debemos preocuparnos por eso: Une es (o era) parte de EPM, y EPM nunca ha sido propiedad “del pueblo raso de Medellín”, a pesar de mil discursos. Lo más extraño de esta actuación del Concejo es que quien más condujo la votación a favor de la operación, el “corporado” XYZ, era hasta hace un (1) mes uno de sus más acérrimos opositores. No hagamos suposiciones del por qué de este cambio de ánimo. Están vendiendo EPM a pedacitos. Y qué esperpento esa palabra “corporado”.

Pero quería decir algo sobre Une-TV, mi cadena básica de cable, antes de que se llame “Millicom”. Y antes de que exterminen los teléfonos fijos este año, con lo cual quedaré casi perpetuamente incomunicado con los terrícolas, excepto por las señales comanches de humo veloz que emito a través de mis artículos en este querido periódico. Si usted tiene todavía un hermoso teléfono fijo, vaya guardándolo antes de que lleguen los motociclistas de “Millicom” para pegarle de un cordoncito en la pared de la cocina un barato celular chino desechable.

Para no seguir siendo graves, continuemos: según mis cuentas, desde hace unos cinco años vienen pasando por la cadena básica de televisión de EPM, prácticamente por todos los canales “importantes”, sea lo esto signifique, unos “infomercials” que ya los televidentes deberemos tener grabados en el cerebro central para asombro de futuristas forenses.

Sin embargo estos mensajes, que deberían tener una efectividad del 100 por ciento por su extrema repetitividad y me obligarían a comprar los productos que anuncian, sólo me producen ganas de apagar la tele y sentarme en la sala a conversar con mis gatos. Citaré dos. Los informercials de “Paint Zoom” –pintura con pistola- y de los supuestamente maravillosos sostenes “ConfortiBrass”, según leí en una encuesta de consumidores, los pasan alrededor de 50 veces diarias por canal, lo que da un promedio de 15.000 lavaditas de cerebro al año, duplicables, si usted tiene más de dos canales favoritos. Una maravilla científica. Pero no sé por qué no me han hecho efecto. Nunca se me ha pasado por la cabeza comprar un artefacto de “paint zoom” para pintar toda mi casa en un solo fin de semana sin usar la maldita brocha, y todos mis muebles, y las antiguas bancas de hierro que pueblan aquí y allá los vastos jardines que rodean mi mansión victoriana, en fin. Lea usted en la Red las falsedades del “paint”. Si esto es con la pintura casera, qué pasará con los brassieres “Conforti”, rellenos de aire, de los que supuestamente te venden seis por el precio de uno. Confieso que con estos he sentido la tentación del “cháme chá” argentino (traducido “llame ya” en español) para contornear mi escuálido abdomen, pero con seguridad también serán un fiasco. Me queda por ahora para divertirme la opción del “Englichs on láin”, pero tampoco me afiliaré por una sola razón: el inventor del sistemita y su contraparte el payaso me caen al estómago como piedras de molino. Busque el lector de época qué son las piedras de molino. Y su relación con los molinos de viento de Don Quijote y sus ilusiones aéreas y vacuas, etcétera.
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