¡Imagina el mundo en Jericó!

Un municipio colorido entre las nubes, a 2.000 metros del cielo. Sus calles, sus rincones, sus montañas evocan un poema, los escritos por Dolly Mejía o los que se desprenden de los olores de sus amaneceres y de esa luz anaranjada que cobija cuando cae la tarde.

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Héctor Abad Gómez, Francisco Luis Lema, Manuel Mejía Vallejo, la Santa Laura Montoya, Jesusita Vallejo o José Restrepo Jaramillo lloraron por primera vez allí, cuando llegaron al mundo por esa puerta llamada Jericó, en el Suroeste antioqueño.

Una nueva historia comienza a escribirse en este pueblo patrimonio de Colombia. Hay Jericó, una extensión del Hay Festival, pondrá la mirada del mundo de las letras en este rincón antioqueño. Tomar café y escuchar a viva voz a los grandes será motivo para llegar allí, a sus empinadas calles donde la literatura escapó para entregarle al mundo un susurro que dice: ¡Ay, Jericó!

Por ello, Comfama destaca a los poetas Dolly Mejía y Hugo Martínez. ¿Qué los une? Jericó como tierra que los vio nacer, la poesía como su mejor legado y que su obra aún se encuentra por descubrir, admirar y disfrutar.

Dolly Mejía: literatura, periodismo y museología

Diez años después de que el efímero departamento de Jericó dejara de existir, nació Dolly, poeta jericoana dentro de esa lista larga de escritores que hacen parte de la historia cultural de este municipio. Años después de ese 6 de agosto de 1920 hasta el día de su muerte, 26 de octubre de 1975, dedicó su vida a la poesía, el periodismo y los museos.

Las horas doradas (1945); Alborada en la sangre (1946); El pastor y sus estrellas (1949); Manos atadas: poema dramático en tres actos (1951) y Antología poética (1956) son algunas de sus publicaciones, además de Tulipanes al viento: cuentos, poemas y escritos, obra que puede consultarse en la Biblioteca Comfama de Bello centro.

Hugo Martínez Escobar, la redención de un poeta

Monseñor Nabor Suárez, presidente del Centro de Historia de Jericó, cuenta con orgullo que fue allí donde Hugo Martínez tuvo una segunda oportunidad. Su vida, a pesar de provenir de una familia acomodada, estuvo marcada por los tormentos de la calle.
Según dice su autobiografía, luego de la muerte de sus padres solo heredó el genio. Fue entonces en esa casa en la que hoy se conserva la historia jericoana donde tuvo la posibilidad de escribir.
Nacido el 19 de febrero de 1930, confesó que solo estudió hasta quinto de primaria. Murió el 13 de septiembre de 2004 en La Estrella con un sueño cumplido: dos de sus obras publicadas, Sonetos errabundos y Arpegios del Parnaso.

Conoce más sobre Jericó en revista.comfama.com

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