¿Ciudad “contraria a los toros”?

 Por: José Gabriel Baena
Es más que curiosa la noticia aparecida en un diario de esta ciudad el viernes 22 de febrero, donde literalmente se anunciaba “la posibilidad de que Medellín se declare como ciudad contraria a aquellos espectáculos públicos que tengan por objeto el maltrato, la tortura o la muerte de animales”, en iniciativa presentada en el Concejo Municipal, como consecuencia o respuesta a un documento a este respecto firmado por 14 concejales en referencia directa a las infames corridas de toros. Pero, “aclaraba” la noticia que aunque el proyecto de acuerdo no se refería a ninguna actividad “se entiende que allí también se incluye la Fiesta Taurina que durante estos días se realiza en la ciudad”.
Acabada ya la temporada, si hay (o hubiese habido) un acuerdo del Concejo sobre el asunto, no podría haber sido de carácter prohibitivo porque, “entre otras cosas, las corridas de toros están protegidas por ley (¿de la República?) desde el año 2002”. El concejal Álvaro Múnera, que encabeza el movimiento anti-crueldad contra los animalitos, dice que también ciudades españolas como Madrid y Barcelona “se declararon contrarias a estos eventos”, aunque se siguen realizando allí corridas, y que entonces el acuerdo sería meramente de carácter educativo, “para que los niños y los jóvenes no vayan a estos espectáculos”.
Los mayores ya adictos parece que no tienen salvación ni remedio a la sed de sangre que les corre por las venas.
El acuerdo sería una continuación de la política de la anterior alcaldía de promover a Medellín como la “ciudad más educada, que debe avanzar hacia la modernidad y desechar este tipo de espectáculos”.
El director ejecutivo de Cormacarena afirma que “la fiesta de los toros tal como se vive hoy no se siente aludida ni en contravía de lo que busca el proyecto de acuerdo”. Escuchemos: “Somos partidarios de que se proteja a los animales del maltrato y creemos que en las corridas se trata cada vez más para que el toro sufra lo menos posible en ese combate que enfrenta en la plaza”. Se apela al manido argumento de que los toros “de la fiesta” son criados precisamente para ser sacrificados en el altar de la embriaguez de los aficionados, al agregar esta perla filosófica que debería ser reproducida con letras de oro y en gran tamaño fijada sobre los muros de la Macarena “Estos animales -los toros de lidia- existen porque hay corridas de toros. Si no fuera así, esta especie, que es una de las más hermosas de la creación, no existiría” (!!!).
No citaremos aquí el nombre de este monosabio, para vergüenza eterna de sus descendientes, pero también cabría preguntarse: si los 14 concejales hubieran logrado aprobar el Acuerdo de Anticrueldad, ¿podríamos afirmar entonces que toda La Ciudad estaría de pleonásmico acuerdo con ello? ¿Qué es La Ciudad? ¿El Concejo la representa a toda ella en todos sus actos? ¿Para qué diablos un acuerdo “meramente educativo” y no prohibitivo? ¿No es lo mismo que sucede con el Tabaco y el Alcohol, sustancias de altísimo peligro para la salud, según dicen, y según lo exige el Gobierno que se fije en botellas, cajetillas y publicidad, y sin embargo es el propio Gobierno el principal protector de estas industrias supuestamente nefastas que causan cada año yo-no-sé-cuantas muertes en el país y en el ancho mundo? ¿No es semejante a la igualmente doble hipocresía de que la industria militar fabrique anualmente decenas de miles de armas que se le venden a la ciudadanía que “necesita protegerse” en un país que igualmente cada año sufre decenas de miles de asesinatos por arma de fuego? ¿Hay alguna ley de la República que prohiba y castigue las peleas de gallos, las fiestas de infinidad de municipios donde el principal divertimento es el sacrificio o la tortura de infelices animalejos para regocijo del populacho? U otra Ley que prohiba el Boxeo, ese maldenominado deporte donde los contrincantes lo único que pretenden es literalmente asesinar o liquidar al oponente, dejándolo knock-out o en estado de coma o enfermo mental o neurológico para siempre como Mohammed Alí o el Kid Pambelé, entre otros centenares de desgraciados?
Me encontraba lo más de juicioso terminando esta columna el sábado 23 a las 6 a.m., cuando me arrojan por debajo de la puerta “El Colombiano” de ese día: allí aparecen el Alcalde y el Gobernador en una foto, aplaudiendo a un “diestro” que cada tres años se retira y luego vuelve por unos dólares más. Con gobernantes taurófilos, ¿qué esperanza tenemos?

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