Ibob, el muñeco para entrenar artes marciales

   
 

 
 Lo que comenzó como un requisito para aprobar una materia en la universidad, terminó siendo el proyecto más ambicioso para cuatro estudiantes de Ingeniería de Sistemas de Eafit, que vieron que su “muñeco”, así lo llaman, se convertía en una herramienta tecnológica que puede aportar datos y resultados para que un deportista de artes marciales analice su rendimiento.
Pensando en cumplir con la asignatura universitaria, Rubén Bueno, Juan Felipe Arango, Alejandro Cadavid y Pamela Carreño, de los cuales tres practican artes marciales, crearon el Ibob en cuatro meses. “La idea con esa materia era integrar todo lo que habíamos aprendido en los primeros cuatro semestres sobre hardware y software y crear un producto”, dijo Pamela.
Así nació Ibob, el “muñeco” aproximado a una figura humana que tiene cinco partes de impacto, torso, laterales, frontal y dos puntos en al parte arriba, simulando los puntos donde se gana un combate en taekwondo u otros deportes.

No hay tiempo para entrenar
Curiosamente, la falta de tiempo durante el día para practicar sus deportes, afectó tanto a Rubén y Pamela con el taekwondo, como a Felipe con este deporte y con el Hapkido y Kung Fu. “Es muy gracioso porque yo no podía ir a entrenar porque estaba viendo esta materia, entonces crear el Ibob fue como un desquite, que aunque no reemplaza el entrenamiento dirigido por un entrenador, al menos sirve para practicar en casa y muestre si estás avanzando en velocidad y potencia”, afirmó Pamela.
Según Alejandro, “el Ibob puede ser una herramienta para que el entrenador mida las capacidades de los alumnos, ya que hay cosas que él no puede medir, puede ver pero no puede decir tiempos concretos en los movimientos”. Además, contaron con la asesoría de un maestro de taekwondo que sostuvo que de encontrar un producto así en el mercado sería el primero en adquirirlo, porque da resultados en el momento justo.

Funcionamiento
Los sacos para que el deportista golpee están pegados a una estructura metálica, tienen un sensor de tacto y una luz que al ser golpeada lleva la información al software que dirá los tiempos de ejecución. Pamela y sus compañeros, esperan en un futuro adecuar el Ibob para que también mida la fuerza de los puños y patadas, pero para ello tendrían que importar la tecnología de Estados Unidos.
“Lo otro es la parte electrónica, el hardware manda las señales a esas luces y recibe los tiempos que marcan los sensores de tacto, con esa unidad pasamos los datos al computador, al software que diseñamos, y este analiza y genera gráficas y resultados”, agregó Alejandro.
El Ibob tiene cuatro entrenamientos por defecto, dos de ellos son apagar las luces prendidas en el menor tiempo posible y otro con luces intermitentes con mayor grado de dificultad. Además, la unidad permite hacer comparaciones entre varios entrenamientos y varios días para percibir algún avance o retraso en el rendimiento.

Innovación para el futuro
Este prototipo que ya casi cumple un año, aseguran que lo mejorarán, sobre todo en el diseño, para que parezca más humano. La idea es no limitarse a las artes marciales, sino aprovechar el software para ajustarlo a otros deportes y, por qué no, crear empresa teniendo en cuenta que no existe un producto así en el mercado, dicho por el mismo profesor de aquella materia.
Por ahora continuarán con sus estudios, mientras buscan la manera de mejorar su producto como complemento a los entrenamientos convencionales, y formar un grupo interdisciplinario para sacar provecho de su “muñeco”.