¿Aeropuerto o tuguripuerto?

 Por: Juan Carlos Franco
Se supone que estamos en campaña permanente para vender a Medellín internacionalmente y que haríamos lo que fuera por atraer más turistas y más inversionistas a nuestra “tacita de plata”. Todo con tal de recibir buenos ingresos y de generar más y mejor empleo. Para ya y para el futuro. Pocas cosas tan rentables para una ciudad como tener un flujo continuo de visitantes que gasten e inviertan.
Y se supone que nos está yendo bien… no es poca cosa que nuestro flamante Centro de Convenciones ya esté vendido para todo el año. O que cada vez vengan más compradores internacionales a las dos grandes ferias de textiles y confecciones de la ciudad. O que la construcción de hoteles esté disparada. Por donde uno camine se topa con un hotel nuevo o en proyecto.
Entonces, ¿cómo entender que seguimos tolerando, después de casi 23 años de construido, un vergonzoso y mal diseñado aeropuerto con techos que gotean (perdón, ¡chorrean!) siempre que llueve? ¿Cómo así que una ciudad que pretende tan altos logros en materia internacional no es capaz de resolver algo tan obvio y sencillo? Nuestro aeropuerto no solo es estrecho, oscuro y poco práctico sino que todo se moja cuando llueve. Seguro, si José María Córdova despertara nos rogaría buscarle otro nombre al aeropuerto.
Y si yo fuera Alcalde de Medellín hace rato habría montado una gran pataleta ante la Aerocivil o el Gobernador, o el Presidente, o ante quien fuera para que me ayuden a solucionar el problemita. ¡Pero ya! Es lamentable y totalmente indigno el espectáculo de empleados del aseo ubicando baldecitos, canequitas y coquitas -y hasta galones plásticos de gasolina cortados a la mitad, ¡por favor!- debajo de las decenas de goteras y chorros para intentar atenuar la situación.
Como lamentable y causante de profunda vergüenza para nosotros, los paisas, es pasar por la zona de emigración y control de pasaportes, esquivar los inevitables recipientes y ver que justo sobre la mesa del inspector del DAS se forma un soberano charco que lo obliga a refugiarse recostado contra la pared.
Si existiera una autoridad mundial que definiera de manera imparcial el destino de las ciudades según sus méritos, a Medellín le iría bien en muchos aspectos pero cuando, en ese hipotético juicio, se llegara al tema del aeropuerto y se viera lo que tenemos -a pesar de ser todavía el más nuevo del país- nuestra ciudad sería condenada a seguir encerrada en sí misma y la inversión extranjera se le otorgaría a otra. “Buen intento, Medellín, vuelve el próximo año y, eso sí, resuelves el temita de la lluvia en tu aeropuerto”.
¿No dizque tenemos tanto orgullo de nuestra ciudad y nuestra región? Traemos turistas a maravillarse de nuevos metrocables, bibliotecas, avenidas y demás obras pero el aeropuerto, que es lo primero y lo último que ven nuestros visitantes, permitimos que se vea como un tugurio. ¿Dónde están la coherencia y el liderazgo? ¿Dónde los gremios? ¿Dónde está la sociedad civil que exija a gobernantes y entidades locales acciones inmediatas y definitivas?
Sigamos así, y pronto será común escuchar en el avión “estamos próximos a aterrizar en el Tuguripuerto Internacional José María Córdova” que sirve a la Ciudad de Medellín.”

franco.jc@vivirenelpoblado.com