Historicismo

 
 
Historicismo
 
   
 Por: Renzo Ramírez Bacca 
 
El siglo diecinueve es el siglo de la historia y del historicismo en distintos países. Friedrich Meinecke (1862-1954) sugiere la aparición del término en 1879 en manos de K. Werner cuando se refirió a Giambattista B. Vico (1668-1774) y su historicismo filosófico. Vico tenia una postura crítica ante la filosofía y la física de su tiempo que lo lleva a proponer hacia 1725, una “nueva ciencia” a la que él llama metafísica, pero que de hecho es la historia, no considerada en su tiempo como ciencia. El concepto se afianza inicialmente como resultado de un proceso de separación entre la ciencia experimental y la escolástica; y luego, durante la Ilustración, el historicismo resulta contrapuesto al racionalismo ilustrado. Lo cierto es que el término – historismus- se ha utilizado con muy diversos significados y durante el siglo diecinueve adquiere una dimensión importante, inicialmente en Alemania y luego en otros países.
Wilhelm von Humboldt (1767 – 1835), Barthold Georg Niebuhr (1776-1831), y Leopold von Ranke (1795-1886) sentaron las bases del nuevo paradigma del conocimiento histórico, que daría origen al movimiento filosófico historicista, y son quienes convierten a la Historia en una disciplina especializada en las universidades. El gestor principal es Ranke, quien se vincula a la Universidad de Berlín en 1825 y es considerado el fundador del Historicismo Clásico y el “padre de la ciencia histórica”. Fue quien dotó a la historia de un “método propio”, poniendo en práctica la importancia de los documentos y una técnica en su uso que consiste en escogerlos cuidadosamente, trabajar sólo con los que pasan una serie de pruebas y atenerse a los datos obtenidos, evitando toda ayuda imaginativa que cambiara los hechos. La novedad consistió en indagar el origen, la veracidad de lo contenido en dichas fuentes y la personalidad de sus autores. El método le permitió criticar a otros historiadores y señalar el plagio, la invención del discurso, las dudas y la manipulación de la que eran objeto los documentos históricos. Y, abrió el camino a la imparcialidad en sus escritos históricos.
Ranke piensa que la ciencia histórica debe servir para conocer los hechos y comprender sus causas. Afirma que cada período histórico supone la culminación de su tiempo. Y, acepta que el Estado es el eje conductor de la historia reciente, representa la encarnación de potencias éticas y su formación y desarrollo se asemeja al ciclo vital de los organismos vivos. En tal sentido la historia es considerada como un bien cultural necesario para la formación integral de los individuos, imprescindible en los planes de estudio y no puede dejarse de lado la simbiosis perfecta entre el arte literario y una exposición científica rigurosa.
El componente ideológico del historicismo puede explicarse del siguiente modo. Dios, Estado y Nación son fundamentos claves en la comprensión histórico-ideológica de Ranke. El primero -su fundamento teológico- convierte al Ser Supremo en el motor que articula la fragmentación de los individuos y los pueblos, así como en su referente de progreso. El segundo -El Estado- en el cual los reyes, la corte, los ministros y sus formas de organización identifican su esencia y relación con otros estados, de tal modo que la diplomacia y las guerras fundamentan varias de sus explicaciones históricas. Y, la tercera -la Nación- es vista como el componente vital e individual de cada sociedad. Es el reflejo de la actividad de los hombres que la integran y por ende identifica una política propia para cada nación. Es decir los factores decisivos de la historia son los hombres de acción.
En cambio para Jacob Burckhardt (1818-1897) el Estado, la Religión y la Cultura son las tres agencias principales a través de las cuales las sociedades se componen y se descomponen. El actor principal no era el Estado, sino la Religión y la Cultura. No obstante, el Estado viene de la antigüedad y es la cuna de las religiones. Estables en el tiempo son el Estado y la Religión, y movible es la Cultura. Las tres agencias se influyen, se reabsorben o disgregan, se enredan o procuran su predominancia respectiva, así como el pasado y el presente andan mezclados a cada instante. La muerte les llega cuando no existe una armonía que garantice la libertad.
En cuanto a Johann Gustav Droysen, puede señalarse que hace una proverbial interpretación idealista de la historia, aunque nos ofrece su experiencia metodológica a partir de la heurística, la crítica, la interpretación y la sistemática. Las grandes fuerzas motrices del mundo, plasmadas en ideas, son palancas centrales de la historia manejada por los héroes y los genios. La historia es el drama y los héroes sus protagonistas. Droysen, como historiador de la antigüedad, es el gran descubridor de la época del helenismo y quien le dio ese nombre. Pero la historia para él tiene también a un gran artífice: Dios y una concepción mitológica y religiosa. Para él la razón y misión de la historia era justificar la fe en Dios. Sin embargo, el Estado, el Pueblo y la Iglesia es “algo sólo transitorio”, resultado de las esferas éticas, que en su conformación temporal forman el contenido concreto de la historia y el contenido de la vida de la humanidad.
Theodor Mommsen, quien recibió un premio Nóbel de Literatura en 1902 por su obra maestra Historia de Roma, -texto escrito con pasión y gran capacidad literaria-, no sintió vocación de militancia política y se dedicó más a la historia, haciendo uso de técnicas auxiliares y gran conocimiento en el campo de la epigrafía. El último de esta escuela fue Heinrich von Treitschke, partidario de la expansión y nuevas conquistas de Prusia y con un perfil de publicista político. Dedicó su obra a justificar los actos políticos de Prusia y a glorificar y predestinar la grandeza de Alemania. Su pensamiento político estuvo en concordancia con sus lecciones universitarias, en las que se caracterizó por lanzar ataques contra los estados europeos, los socialistas, los judíos, los gobiernos parlamentarios y el pacifismo.
La proyección de la escuela histórica alcanzó su apogeo, como puede apreciarse, en la manera que una serie de disciplinas afines otorgaron preferencia a la aproximación histórica. Así se explica el esplendor de la Kulturgeschichte (que va de la historia del arte a la sociología de la cultura), representada por Wilhelm Heinrich Riehl (1823-1897), y Jacob Burckhardt (1818-1897). En cambio, los últimos años del siglo diecinueve verán multiplicar los signos de una crisis del historicismo optimista, que había conquistado a las generaciones precedentes. Partiendo de la constatación de que la mayoría de los historiadores de su tiempo habían abandonado los fundamentos filosóficos (idealismo) o religiosos (luteranismo) que daban coherencia a la visión de la historia de un Ranke o de un Humboldt, algunos filósofos, como Wilhelm Dilthey (1833-1911), Heinrich Rickert (1863-1936) o Ernest Troeltsch (1865-1923), pusieron de manifiesto las aporías teóricas del historicismo, por ejemplo, y entre otros argumentos, la concepción según la cual el historiador podía leer directamente la verdad objetiva del pasado.
El historicismo alemán le dio un gran prestigio a las universidades alemanas atrayendo a estudiantes de todas partes del mundo, pero su influencia no se limitó al ámbito universitario. Los historicistas clásicos fueron aliados de Bismarck, lo que hizo que esta minoría se hiciera poderosa por lo menos hasta la I Guerra Mundial (1914-1918). Los dramáticos acontecimientos y graves problemas de la posguerra en Alemania no fueron asimilados de un modo científico, manifestando su débil base teórica e incidiendo en su desprestigio. En cualquier caso su influencia se extendió a muchos países, como Francia, Inglaterra y, sobre todo, Estados Unidos. El reflejo norteamericano del historicismo alemán se llama Institucionalismo, y sobrevivió casi hasta nuestros días.