Gitanos

 Por: José Gabriel Baena 
 
Hasta mediados de los años setentas era común ver en el centro de Medellín a las adivinadoras gitanas que con sólo mirarte la palma de la mano izquierda y fijamente a los ojos eran capaces de decirte una retahíla de profecías que se te cumplían –extrañamente- a medias. En Itagüí tenían su campamento y fama de ladronzuelos, pícaros y carteristas, pero en general no se sabía que hubiera gitanos en la cárcel por delito alguno. Eran temidos por el pueblo y la policía ni se atrevía a molestarlos. Junto con los judíos, los gitanos o pueblo “romaní” han sido desde tiempos inmemoriales esa clase de grupos humanos malditos –por alguna culpa que ni ellos mismos saben a dónde se remonta. Los historiadores rastrean su historia hasta la India medieval en el año 500 y sitúan sus asentamientos principales ahora en Europa Central, Rumania, Bulgaria, Turquía, el sur de Francia, España. En este último país son los padres sin contradictores de la cultura flamenca, que tantos “cantaores” y guitarristas famosos ha dado. Se calcula que unos dos millones de personas hablan hasta siete diferentes idiomas gitanos, pero su número estimado puede ser el doble. En los países donde habitan en sus famosos campamentos de carretas multicolores suelen hablar fluidamente el idioma del país o combinaciones con el suyo propio.
Desde el siglo 19 en el idioma inglés la palabra “roman” o “romani” fue desplazada por “gypsyies” en el habla popular, pero de manera seria los académicos siguen hablando del “romani people” para referirse a sus grandes concentraciones y así son designados por la Comunidad Europea, las Naciones Unidas y la Biblioteca USA del Congreso.
El término inglés “Gypsy” viene del griego por “egipcio”, y en alguna leyenda se cuenta que fueron expulsados de esa tierra por haberle dado acogida al infante Jesús huyendo de Herodes. En la novela de Víctor Hugo “El Jorobado de Notre Dame” se habla de ellos como “egipcios”, y en general la palabra “gitanos” tiene características de desprecio en todo el mundo. Los gitanos han vivido en Francia durante siglos y son figuras centrales en obras de arte literarias occidentales, musicales, pictóricas: “Carmen” de Bizet, pinturas de Van Gogh, “La Gitanilla” de Cervantes”, las recientes películas de Kusturica. Como en España igual, con sus célebres guitarristas y rugientes cantores como “Tomatito” y “Camarón de la Isla”… y ahora se le metió en la cabeza al Presidente francés Sarkozy que “todos los gitanos deberán ser expulsados de su país como gentuza indeseable –no pagan impuestos, no tienen “papeles”, con gran alegría de ese otro fanático que es el italiano Berlusconi, y ahora con el apoyo de la derecha española. Es una medida hitleriana, a la altura del delirante dictador alemán que tampoco pudo exterminarlos “por ser de raza inferior”. Alcanzó a liquidar a millón y medio de seres de esta raza sin tierra. Lo que uno se pregunta es a dónde carajos van a ir a parar los casi 14 millones de gitanos que pululan en Europa. Así como los judíos vagaron por veinte siglos por todo el mundo luego de ser expulsados de Tierra Santa por los romanos, lo que se viene es una hecatombe humana de proporciones incalculables.
Europa va a pagar con insospechados conflictos este tipo de decisiones no sólo contra las oleadas de inmigrantes coloridos que la tienen aterrorizada, sino contra los inofensivos gitanos. Europa ha sido tierra de invasiones y de imperios invasores, y ahora se le volteó la tapa. En el verano de 2010 las autoridades francesas han demolido decenas de campamentos gitanos y los han expulsado a “sus países de origen” (¿?) –las noticias no dicen a dónde han ido a parar. La medida se extenderá hasta emigrantes de cualquier parte con papeles legales que llevan menos de 10 años en Francia. La Comunidad Europea considera la medida de deportación “una desgracia”. Pero esto es parte de la “Agenda blanca de limpieza Sarkozy”, quien no se ha dado cuenta de que la historia se repite una y otra vez y así como Roma fue destruida hace 2 mil años por las invasiones “bárbaras” Europa va por ese buen camino hacia su fin. Esperemos. Confiemos. Y, en lo que toca al Hard Rock y los Gitanos, recomiendo el magnífico álbum de Jimi Hendrix “Band of Gypsys” (1970), grabado en un teatro poco antes de su muerte. Doce minutos de talento extraterrestre y profético en la canción “Machine Gun”, un verdadero campo sónico de batalla, simulación de lo que se aproxima.

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