Girardot y Obando

 
Por: José Gabriel Baena
Hace unas semanas, la sección deportiva de “El Colombiano” publicó dizque una idea originalísima: cambiarle el nombre al Estadio y en general a toda la unidad deportiva que lo rodea, ahora acrecentada en tamaño por las obras de los Juegos Suramericanos. (Cabe decir que el diseño de los lugares es horrorosamente feo: en las fotos aéreas los techos se ven como enormes sujeciones metálicas, de esas con las que amarran postes indómitos a las paredes). Al Estadio, que se llama “Atanasio Girardot”, junto con la Unidad Deportiva, dicen que al ex alcalde Gómez Martínez se le ocurrió que debería llamarse “Jacques de Bedout Villa”, con el argumento de que el nombre de Atanasio “no aparece registrado en ningún acta del Concejo ni su designación en documento municipal ninguno”. Una tontería. En la edición 347 de “Vivir en El Poblado” (junio de 2007) el crítico y Doctor en Artes Carlos Arturo Fernández escribía sobre la foto abrumadora que hizo Jorge Obando Cardona para la inauguración de Estadio en marzo del 53. Decía, en breve: “Obando (Caramanta 1892 – Medellín 1982) trabajó la fotografía durante toda su vida, casi siempre en el campo del retrato; también durante un largo período hizo reportería gráfica de la vida social de Medellín para el periódico “El Colombiano”. Pero, además, se especializó en fotografías panorámicas, gracias a un equipo que le permitía el uso de negativos gigantescos y de lentes con una amplitud de casi 360 grados. Una de esas panorámicas de Obando corresponde a la Inauguración del Estadio Atanasio Girardot, realizada en marzo de 1953, de 27 por 150,5 centímetros. Lo que hoy vemos aquí es una mirada particular que, a través de esos recursos técnicos, logra plasmar unos hitos fundamentales en la vida de la comunidad. En este caso es muy significativa la toma completa del óvalo del estadio, porque no se trata de una experiencia más o menos privada sino de la reunión de toda la comunidad alrededor de un proyecto común. Así, la mirada de Obando crea un sentido que plasma en su foto y que nosotros podemos descubrir con sus valores estéticos, es decir, juzgarla como arte”…
Doquiera se halle la mencionada foto, aparece con el título de “Inauguración del Estadio Atanasio Girardot, marzo, 1953”, como ya se vió. Afuera del Estadio hay un “busto” metálico-expresionista de Atanasio, lástima que produce terror físico, por José Horacio Betancur. Pero hoy y para siempre el nombre de Atanasio debe permanecer. No soy partidario de ponerles nombres humanos a los edificios, pero ésta parece ser “la tarea más pensadora y fatigosa” de los políticos de baja estofa. Hay un puente peatonal con el nombre del alcalde asesinado “Pablo Peláez González” y nadie pasa por allí. El puente de La Aguacatala se llama “Miguel Zapata Restrepo”, un radio-periodista famoso en los años 50. La Avenida Oriental se llama “Jorge Eliécer Gaitán”. Un sector de la autopista paralelo a la Biblioteca Piloto es de la “Cacica Agrazaba”. ¡Carajo! Idea de un honorable Concejal. A la misma Biblioteca intentaron cambiarle nombre hace algunos años por el de un congresistucho y toda la comunidad se levantó contra la idea. La revolucionaria ingenua María Cano tiene su nombre no sé en cuál callejón. Tal vez La 33. Y nadie sabe. Como tampoco nadie sabe quién carajos es “Jacques de Bedout”, excepto los de “El Colombiano”. Decidme una sola frase inmortal del señor Jacques y entonces bajaré la cabeza. Escuchad: según Gómez Martínez, el señor De Bedout Villa era “un visionario que veía más allá del resto”. Un super-hombre. Pero fue simplemente un secretario de Hacienda del Municipio, el que sugirió hacer la Unidad Deportiva allí donde está, y Alcalde de Medellín por decreto de abril 24 del 59. Otro de los centenares de secretarios y alcaldes de pueblo que hemos tenido. Imagínense ustedes a un extranjero diciéndole al taxista: “¿Por favor me conduce a la Unidad Deportiva Jacques de Bedout? La gente dice hoy: “Lleváme al Estadio” y el taxista sabe. En cambio, Atanasio Girardot fue el primer mártir antioqueño de las batallas por la llamada Independencia de España, cuyo bicentenario del “Grito del 20 de Julio” celebran los colombianos. Recordemos que Girardot murió coronando la cumbre de una montañita en la hacienda “Bárbula” en Venezuela, en 1813. Era paisa, de San Jerónimo, y sucumbió a los 22 años. En Venezuela veneran su nombre: dicen: “Girardot. Oficial colombiano que luchó por la libertad de Venezuela en la guerra de independencia. Su valentía y arrojo quedaron evidenciados en la batalla de Bárbula, donde brindó su vida en nombre de la gesta emancipadora. Sus padres fueron el comerciante francés Juan Luis Girardot y la antioqueña María Josefa Díaz Hoyos”. Atanasio, en griego, significa “sin muerte”, “o inmortal”. Dejémoslo que siga siendo, aunque sea con el nombre de un estadio futbolero.

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