Gabriel ya está en Nepal para escalar la cuarta montaña más alta del mundo

Gabriel Morant -Cumbre Elbrus

El montañista antioqueño aterrizó en Lukla este martes 2 de abril, donde partirá su aventura de escalar la cima de Lhotse, la cuarta montaña más alta del mundo, ubicada en la cordillera del Himalaya. 

Gabriel Morant no sabía a qué le temía más, si al duro ascenso que le espera en la cara sur del Lhotse, una de las cimas más altas del mundo -la cuarta detrás del Everest, el K2 y el Kangchenjunga-, o al aterrizaje en el aeropuerto Tenzing Hillary, en Lukla (Nepal), a donde llegó este martes 2 de abril.

Se dice que el Tenzing Hillary es uno de los aeropuertos más peligrosos para aterrizar en el mundo (10 accidentes en 46 años), con su pista de solo 450 metros de longitud (la del José María Córdova mide 3.5 kilómetros). Así fue la bienvenida para este antioqueño de 37 años que cumplirá uno de sus sueños: escalar en el Himalaya, la cordillera más alta del mundo, donde se encuentran, entre otras cimas, el Everest con sus 8.848 metros de altitud (la montaña más alta del planeta) y el Lhotse, de 8.516 metros, la cuarta en ese listado.

Cumbre Mont Blanc

Una experiencia que surgió de manera inesperada, pues si bien Gabriel había contactado a algunos guías en Nepal para que le cotizaran la expedición, tras varios intentos infructuosos para que le suministran los valores, en noviembre pasado recibió un mensaje en el que en vez de contarle los planes, lo invitaban a unirse a una aventura impensada. “Me preguntaron si estaba interesado en escalar la cara sur del Lhotse, y me pagaban la expedición. Entré en estado de emoción y de susto.

Dije que muy bueno, pero que cómo me tocaba la más difícil”, señala Gabriel, un ingeniero químico que labora en la empresa Andercol como ingeniero de proyectos.

¿Y ahora?

Gabriel continuaba asustado cuando recibió otro mensaje esta vez de Hong Sung-Taek, coreano, capitán de la expedición a la cara sur del Lhotse, quien le pidió una presentación con sus logros y sus aptitudes.

Fue avisado de la invitación tan solo cinco meses antes de la expedición.
Él afirma que para un evento de este tipo, la preparación debe hacerse con al menos un año y medio. De casualidad, en 2018 corrió la media maratón de la Patagonia (quedó quinto), entre otros eventos que le servirán, dice, para estar a la altura del gran reto.

“Yo no sabía quién era él, así que busqué su nombre en Internet”. Los resultados de su búsqueda lo dejaron boquiabierto: se trata de un experimentado alpinista, aventurero y explorador, parte del equipo de la National Geographic. Escalar el Everest y ser el primer ser humano que atravesó caminando el Estrecho de Bering y Groenlandia, eran algunos de sus logros.

Con semejante trayectoria, rechazar la invitación era una decisión poco sabia para Gabriel, acostumbrado desde joven a superar retos cada vez más difíciles en su carrera como alpinista: el Aconcagua en Argentina, el Cotopaxi en Ecuador, el Mont Blanc y los Pirineos en Francia, entre otras cimas icónicas.

Al coreano lo convenció con su perfil y fue acogido en el grupo expedicionario que desde los primeros días de abril irá tras una marca que Sung-Taek no ha podido coronar luego de cinco intentos: la cara sur del Lhotse.

En el equipo hay integrantes, además de Corea y de Colombia, de China, España y Kosovo. Son 14 los alpinistas. La National Geographic lo presenta como el “gran reto” de Hong Sung-Taek.

Para Gabriel fue, quizá, un golpe de suerte, pues en sus planes estaba que la expedición le costaría unos 60 mil dólares (cerca de 180 millones de pesos), para lo cual estaba consiguiendo patrocinios y apoyos, además la empresa en la que trabaja le brinda las licencias y los permisos.

De la pena por ser invitado, él asumió por su cuenta los 4 millones y medio de pesos que valieron los tiquetes hasta Nepal. En Andercol le colaboraron con una licencia no remunerada que junto a las vacaciones le alcanzaron para completar las nueve semanas que, estima, durará la expedición, la cual anhela culminar con éxito.

Antes, deberá pasar la primera gran prueba del viaje: el aterrizaje en Lukla.

 

 

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