Primero la persona; los goles vendrán por añadidura

Vivir en El Poblado inicia esta semana un recorrido por el mundo startup. Una página para inspirarse y para conectarse. Disruptivos con cuento. Y con caja.

Hacer un gol de picabarra contra un rival invencible y en el minuto 93 en un Mundial, debe ser el sueño de los 10 mil niños que han iniciado de manera formal su carrera futbolística en Colombia. Pero también deben soñar con tener un plan be definido, porque de los 10 mil, solo 100 logran incursionar en el deporte profesional. Y un plan be asentado en vocación por el estudio, en búsquedas profesionales, en desarrollar habilidades para tomar decisiones acertadas de cara a la vida.

Esos son los pilares de la Fundación Fútbol para el Futuro, creada hace seis años por Carlos Hernández y por Daniel Álvarez, egresados de Administración de Empresas de Eafit y hoy gestores de desarrollo solidario e impacto social. En 2013 comenzaron en Aranjuez con 20 niños y hoy trabajan con mil beneficiarios en cinco departamentos del país.

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¿Por qué con niños? “Porque queremos arrebatarle la violencia a la calle”.
¿Por qué mediante el fútbol? “Porque es una herramienta mágica”.
¿Por qué la Fundación es considerada una startup? “Por el potencial de crecimiento escalable a largo plazo”.
Hernández tiene cada punto sobre cada i.

Primero la persona que el jugador

El sueño (“hay que ser apasionados y crear ideas en beneficio del país”, dice) nació de una frustración, cuando ambos entendieron que en Colombia ya era suficiente de escándalos de futbolistas y de excesos de ambición, de papás, de entrenadores, de directivos, en las categorías infantiles. Y se decidieron a contrarrestar esa tendencia mediante la formación de personas con expresión de valores, antes que de deportistas.

Faltaba quién hiciera el pase gol y fueron las empresas necesitadas de generar impacto social que aportaron los recursos. El Cóndor, Óptima, Vértice, Filtración y Análisis, Cementos Argos y Flamingo se han vinculado al modelo de negocio, basado en la venta de programas de responsabilidad social empresarial. Así, diseñaron un proceso a siete años con entrenadores deportivos, con complemento académico en emprendimiento, bilingüismo y TICS, con sicólogos enfocados en definir un posible perfil profesional para el niño.

Por supuesto, los retos son templados. Por la vulnerabilidad de las comunidades donde trabajan, doce de los 20 niños que iniciaron hace seis años abandonaron el programa. Pero también tienen metas poderosas como extender las líneas de la Fundación a Ecuador y a Perú y, como motivo central, enseñar a los jóvenes herramientas de resolución de conflictos y de vida.

 

Qué hacen mejor que los demás?

Somos únicos en Medellín y estamos integrados a la Red Nacional de Fútbol por la Paz. Nuestro proceso es de largo plazo y se basa en educación en valores.

 

¿Dónde proyectan su futuro?

Nos ganamos un proyecto con la suiza Fondation Botnar. Sumaremos 500 niños. La apuesta es que este proyecto abra la puerta a nuevos donantes internacionales.

 

¿Cuál es el cliente ideal?

Las constructoras. Sus trabajadores viven en sectores vulnerables y hemos motivado que sus hijos ingresen a la fundación. Eso genera sentido de pertenencia.

 

Esta historia se publica en alianza con la ANDI del Futuro, el gremio del liderazgo emprendedor de Colombia. Tiene presencia en siete regiones del país, con más de 350 startup afiliadas y su propósito es trabajar para que el emprendimiento sea un motor de desarrollo social y económico.

 

Por Juan Felipe Quintero Arango.

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