Fronteras visibles para atajar a Medellín

Según la EDU, nadie conoce los límites de la ciudad, pero sus ignorados habitantes están sembrando en ellos dignidad, trabajo y empeño


Visión de una Medellín tendida a los pies del cerro Pan de Azúcar

Por Fernando Cadavid

Algunas de las verduras y granos que usted encontrará este domingo en el mercado campesino en el parque lineal La Presidenta, o en Ciudad del Río, fueron cultivadas en un jardín, al oriente de la ciudad.


Sonia Santana lidera el grupo de diez madres cabeza de familia que cultivan una de las 21 huertas comunes

Se trata del Jardín Circunvalar, en donde Sonia Santana, Blanca Serna, Maribel Cifuentes y otras siete madres cabeza de familia, hurgan la tierra y le sacan la ubérrima cosecha semanal. La mitad del dinero que perciben es para el fondo de la huerta agroecológica: insumos y demás; el resto lo reparten entre ellas. Y eso le permite a Sonia, por ejemplo, pagar servicios y solventar otros gastos familiares.

La lista es como de supermercado: cultivan cebolla cabezona, cebolla de rama, siete variedades de lechuga, ají, remolacha, cilantro, hierbas medicinales, yuca, fríjoles, plátano, papa criolla, arveja y pare de contar. “Yo nunca había jodido con tierra ni con plantas, y vea todo lo que aprendimos”, dice una orgullosa Sonia. Con su compañía femenina hacen parte de las 21 huertas agroecológicas que suman 31 mil metros cuadrados, dispersas en las comunas 1, 3, 6 y 8.

Si usted recorre hoy el Jardín Circunvalar, empezando en el barrio El Faro (comuna 8), encuentra cuadrillas de trabajadores que prolongan el Camino de la Vida hacia el barrio Golondrinas. El plan es llegar hasta Santo Domingo, algún día.

Al recorrer la obra, usted encuentra muros de contención de variable altura, lisos, enchapados en piedra o como soporte de una pintura de artista famoso. Artista que se tomó el trabajo de consultar con la comunidad qué temas plasmar, qué historia contar con sus tintas y pinceles.

< El Camino de la Vida precisa los límites de la ciudad, en sus laderas.Territorio rural para la conservación, y urbano para el mejoramiento y el desarrollo.

Algunos de los muros están coronados por una canalización para darle curso controlado a las aguas. El resto del talud aparece recién sembrado con maní forrajero. El piso está cubierto con un adoquín diseñado para la zona, a imitación de las piedras que otrora trazaban caminos ancestrales, hoy en proceso de recuperación. En lugares relativamente planos, el sendero avanza sin límites laterales. Cuando el talud se yergue al pie de la vía, se levanta el muro que describimos, mientras que en la otra orilla, si lo que sigue es abismo, se extiende una baranda de hierro, en muy prolongados tramos.

A los lados hay plántulas sembradas y con su cédula de identidad ahí colgada, para hacerse conocer del visitante: chagualo, ceiba rosada, cedro, pino romerón, yarumo. Y al borde del camino, hileras de jardín recién sembrado.

“Comen caliente”
En el recorrido usted también encontrará diligentes guardabosques que barren, hacen de guías y cuidan que los paseantes no arrojen basuras ni hagan fogatas o mal uso del espacio. Ahí estaba Anderson García, quien “come caliente”, para significar que se da el lujo de trabajar cerca de su casa; media jornada diaria, “pero los fines de semana estoy de 6 a 6”. Empezó en construcción, capacitado por el Sena, y en su trajín diario se apropió de expresiones como “crear conciencia”, “culturizar”, para definir su ocupación y hacerle ver al viandante que “la basura no se devuelve sola”.

Anderson comparte ilusiones y nuevas opciones de vida con unos 70 trabajadores, 35 de ellos mujeres que por igual palean, empujan carretas, cargan materiales y hacen vaciados de concreto, porque no hay campo para discriminaciones por género. “Para la ejecución del proyecto hemos generado más de 2.900 empleos de la comunidad en el proceso de transformación del borde urbano-rural, donde ha vuelto la esperanza, el respeto por la vida y la confianza en la institucionalidad”, sostiene Margarita Ángel, la directora de la Empresa de Desarrollo Urbano EDU, responsable de las obras.

Otro obrero, Jeferson Úsuga, cuenta que el sector era muy peligroso, y que la gente joven no trabajaba, estaba en la delincuencia. Antes decían “Vamos a ver qué resulta”, ahora “Vamos a trabajar al morro”. Reconoce que anduvo “enredado”, aunque se precipita a aclarar que “eso sí, nunca maté a nadie”. Ahora va armado pero de experiencia, porque puede demostrar conocimiento y trayectoria laboral ante cualquier contratista.

A propósito, la doctora Ángel explica que el 95 por ciento o más de los obreros casi nunca habían trabajado por falta de oportunidad y otras razones. Por ello resultaban envueltos en situaciones complejas. “No preguntamos de dónde vienen ni para donde van. Sabemos que muchos estuvieron en el conflicto armado porque ellos lo cuentan”.

La obra física es el pretexto para desarrollar el concepto “Urbanismo Pedagógico”, encaminado a formar jóvenes que se capacitan para acceder a un empleo digno, y para que la comunidad asuma la importancia de controlar el crecimiento urbanístico en los barrios.

Al final de los cuatro km del recorrido usted encontrará el Aula Educativa, en el sector de El Plan, del barrio Trece de Noviembre, donde está el otro extremo del Camino de la Vida, al pie del cerro Pan de Azúcar. El Área Metropolitana construye un ecoparque en Santa Elena, y el propósito es conectarlo con el del Trece de Noviembre, con dicho camino. En ese recorrido se conectará también con el cable Alejandro Echavarría, que se integrará al tranvía.

De Villatina a Barranquilla
La administradora del Aula, Carmen Agudelo, narra satisfecha las oportunidades que encierra el proyecto para los habitantes del sector. Refiere la pesadilla que fueron las fronteras invisibles, cuando hasta tres combos se disputaban el poder en ese territorio y las entradas a las viviendas estaban fraccionadas. Eso es historia, porque ahora la frontera es otra, muy visible y muy atractiva. La misma que ha servido para que se rebajen los atracos y se mitigue la violencia que antes soportaron.


Carmen Agudelo

Cerca al aula estaba Alexis Vargas, un veterano de la construcción: 3 años de vinculación, 20 de vida y ya con 2 hijos de 5 y 1 años. La sonrisa no le cabe en el rostro para contarnos que este 4 de junio viaja a Barranquilla, junto con Carmen, porque fueron seleccionados para recibir el premio Planeta Azul del Banco de Occidente, otorgado al proyecto. No ha montado en avión, no conoce esa ciudad, ni el mar, pero ya le avisaron que el vestido está listo. El premio lo recibe por su empeño en la obra, asegura. Dice que antes se la pasaba “parado en una esquina”, y que en su casa “somos un cocao, como nueve”, y él con otro hermano llevan la obligación: “Es que los hijos me mandaron a trabajar” y otra vez a pelar una dentadura que más blanca no se puede.


Alexis Vargas

En lo que compete a esta Administración, el Camino de la Vida será un sendero ecológico de 7.5 km que se extenderá entre los barrios 13 de Noviembre y La Sierra, pasando por siete barrios de la comuna 8. La inversión global es de 221 mil millones de pesos, para entregarle a la ciudad 2.000 metros de espacio público y 2.800 metros de área construida.



Jardines de contención

El Consejo Territorial de Planeación CTP le pone reparos al proyecto. Su presidente Alexis Mejía y la socióloga Francoise Coupé se muestran preocupados por la vulnerabilidad de las laderas de Medellín. Dicen que tiene que haber estudios puntuales, porque no es solamente la ladera sino qué peso le han puesto y qué características tienen las viviendas. Reconocen que el Municipio actualizó el mapa de zonas de riesgo para el POT y saben que la EDU hizo estudios puntuales para ciertas grandes construcciones. Afirman que el riesgo potencial en esas laderas no deja de existir y en esa topografía todo depende de cómo la gente va a conservar y a usar el espacio.


Francoise Coupé y Alexis Mejía, presidente del CTP

A su turno la doctora Ángel aclara que la iniciativa busca atenuar estos riesgos. Que no son visibles, en los costados, pilas de 12 y 15 m de profundidad, que sirven para contener procesos erosivos. En el diseño de obras se elaboraron mapas de riesgo (escala 1:2.000). Ahora se dispone de planos detallados y en menor escala, para intervenir el territorio. “Con Jardín Circunvalar hacemos puntual el riesgo para mitigarlo”, precisa.

Otra crítica de Alexis Mejía es que la obra se vende como una estrategia para contener el crecimiento de ciudad, pero estos mejoramientos estimulan el asentamiento humano. “El crecimiento no se contiene simplemente con hacer todo ese cordón, y la gente no va a decir yo no construyo a partir de esta ciclovía porque sé que este es el límite”.

Por su parte Francoise Coupé advierte que a Medellín llega un pueblo de Antioquia cada año: unos 20 mil nuevos habitantes, más el crecimiento normal de las familias. “Me parece que hay que pensar a dónde va a ir esa gente y realmente la atracción está arriba, porque allá no hay control y están los paisanos, y los conocidos y los que se desplazaron antes”.

La directora de la EDU replica que el proyecto busca controlar el espacio con desarrollo: “Un gran problema del crecimiento desordenado es la falta de control, que a veces está ligado a que no conocemos los límites urbanos de la ciudad”.

Explica que con los habitantes de las laderas avanzan en una formación para que entiendan que “el Camino de la Vida es como la línea amarilla del metro, que no se puede cruzar. Un proceso de formación que hacemos también con equipamiento sellante como las huertas agroecológicas: ellos entienden que es su territorio y lo cuidan, porque de allí comen”. Además, se instalarán cámaras de vigilancia y habrá dos equipamientos de seguridad en el territorio.

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