Frases engañosas

Con lo sano que es revisar creencias y cambiarlas si se descubre un error, o mejor, ¡una nueva verdad!

/ Juan Carlos Franco

“Llevar un contenedor de Medellín a Cartagena cuesta más que de Cartagena a Hong Kong”. La frase es impactante y nunca falla en generar una reacción de sorpresa e indignación por parte de paisas y colombianos en general. Si Hong Kong está tan lejos y Cartagena tan cerca, el transporte terrestre debería ser una fracción pequeña del marítimo. Claro, ¿cómo va a progresar un país así? Con razón estamos tan atrasados, es que no hay carreteras, es que los camioneros nos tienen agarrados de ya se sabe dónde, es que el gobierno es totalmente incompetente… La indignación crece y la frase progresa, hasta el punto de haberse convertido en una de las banderas de un periódico de Medellín, y de tener vallas consagradas a ella.

Resulta que para llevarlo por carretera entre Medellín y Cartagena se necesita un camión exclusivo, con conductor exclusivo, que se le dedique entre uno y dos días, que vaya a recogerlo a la puerta de la fábrica, que tal vez espere horas y horas en puerto, etcétera. En cambio, en un barco mediano se pueden acomodar, sin mucho problema, 5.000 o más contenedores; todos hacia el mismo destino, con muy poca tripulación y sin mucho tráfico por el mar. Es obvio que por ser un transporte altamente eficiente, y porque todo se puede repartir entre un número muy alto de unidades, el costo puede bajar sustancialmente. Pensándolo bien, no sería tan extraño que el transporte terrestre costara el doble o el triple del marítimo. Pero ¿qué hacemos entonces con la frase y con nuestra indignación? Se parece al cada vez más famoso “vaso con agua”.

Más del 80 por ciento de mis conocidos aseguran que es la manera correcta de hablar, y que decir “vaso de agua” es un error digno de gentes con mínima educación. Tú les preguntas y te dan una sesuda explicación: es que el vaso no es de agua, es de vidrio. Claro que no tienen problema en pedir en un restaurante, el dichoso vaso con agua y luego, sin encontrar contradicción, una copa de vino. La explicación sencilla es que en la frase “vaso de agua” la palabra “vaso” no se refiere al material sino a la cantidad de agua que cabe en un vaso. Como quien habla de un tarro de pintura, un tanque de agua o una bolsa de leche. Pierdes tu tiempo tratando de explicarlo; las personas se sienten seguras cuando el error lo cometen todos.

Similar a lo que ocurre con “Columbia”. ¿Cuánta tinta no se gasta dizque para explicarle a los gringos que nuestro país se escribe con “o” y no con “u”? Y resulta que no, que Columbia está perfectamente bien. La explicación es sencilla, es que así se dice en inglés. Y en alemán se dice Kolumbien y en francés Colombie. Y Brasil en inglés es Brazil, Italia es Italy, etcétera.

¿Y qué tal el otro 80 por ciento que dice “preveer” en lugar de “prever”? Que, como su nombre claramente lo indica, significa “ver anticipadamente”. Pero ya “preveer” parece haberse vuelto culta y es posible que no tenga vuelta atrás. Hasta los más reputados periodistas la usan en radio y televisión.

Si estas confusiones entre gente bien informada se dan en temas tan objetivos, tan fácilmente verificables, que no están sujetos a interpretaciones o visiones del mundo, ¿cómo será con temas sociales, políticos o religiosos?
Si es ardua tarea lograr que alguien acepte estar equivocado y cambie en cosas tan sencillas, ¿cómo será con las que mueven la sociedad? Después de cierta edad, la gente se acomoda con facilidad a una versión de las cosas, tal vez a la de alguien que admira, y tiende a quedarse ahí; siente como si cambiar fuera traicionar sus raíces, sus padres o sus ídolos. Con lo sano que es revisar creencias y cambiarlas si se descubre un error, o mejor, ¡una nueva verdad!
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