Faltó ambición, sobró arrogancia

Después de tantas promesas de descongestión y de valorización, después de innumerables reuniones, después de que el Fonvalmed no aceptó la mayoría de los miles de reclamos, tenemos derecho a vigilar que el dinero sí estuvo bien invertido
/ Juan Carlos Franco

Ya, por fin, estamos disfrutando varias de las obras claves del Proyecto de Valorización de El Poblado. Han sido años de paciente espera. Primero para que iniciaran las obras -recordará usted que las aplazaban una y otra vez- y luego para buscar vías alternas o aguantar los trancones durante la construcción.

Un momento. El párrafo anterior, aunque posiblemente bien escrito, tiene una imprecisión. Decir que estamos “disfrutando” las obras no es del todo exacto. Digamos que las obras están siendo recibidas y que las estamos usando, pero a muchos nos resulta difícil disimular la sensación de inconformidad.

No hay que ser experto para darse cuenta de que las obras más importantes se quedaron cortas en varios sentidos. Pueden estar bien construidas, incluso es posible encontrar cierta belleza en algunas, pero caramba, sus diseños son muy básicos y no resuelven los problemas que la comunidad esperaba.

Y la comunidad tiene más derecho que nunca a ser muy exigente con las obras. Después de tantas promesas de descongestión y de valorización de predios aledaños, después de innumerables reuniones de socialización con la comunidad, después de que el Fonvalmed no aceptó la mayoría de los reclamos que le hicieron, los que hemos aportado el dinero tenemos derecho a vigilar sí estuvo bien invertido.

¿Qué pasó? Quizás no hubo ambición suficiente. O faltó profundidad en los estudios de tráfico. O no escucharon otras opiniones. O tal vez quisieron hacer demasiadas obras con poco presupuesto, o una combinación de todas las anteriores.

Por ejemplo, no se deberían construir intercambios a desnivel sin orejas para giros a la izquierda. La idea es justamente que los flujos no se crucen –ninguno– para que nadie tenga que detenerse en dicha intersección.

Dejar flujos cruzados, que requieren semáforos, es dejar la tarea incompleta, mejorar solo un poquito, es quedar casi como estábamos antes.
Sumando los cuatro intercambios ya entregados o a punto de serlo, solo hay una oreja, la del puente de la Superior con Los Balsos. El que sube por Los Balsos y quiere tomar la Superior hacia el norte, toma esta oreja y queda sobre el puente. Funciona, aunque es estrecha e incómoda.

¿Y los demás cruces? No hay orejas en la Inferior con la 10, ni en la Inferior con Los Balsos, ni mucho menos en la Superior con El Tesoro. Bueno, admitamos que los que bajan por Los Balsos y para tomar la Inferior hacia el Sur (¿tal vez la mitad de los vehículos?) encuentran un pequeño retorno unos metros más abajo para girar a la izquierda.

Pero es tan estrecho que con 3 carros se llena. Además, hay que esperar la benevolencia de quienes suben por Los Balsos para poder entrar al flujo, desplazarse hacia la derecha y así tomar la Inferior. Resultado: los dos sentidos de Los Balsos frecuentemente van a colapsar.

La pregunta inevitable es ¿cómo llegamos a este punto? ¿De quién es la responsabilidad? En un porcentaje muy alto, de Fonvalmed. Por todos los motivos anteriormente expuestos. Y por arrogantes. Y, además, por improvisar explicaciones torpes cuando se ven contra la pared.

¿Cómo que ellos mismos no saben quién/cómo/cuándo/por qué/con permiso de quién cambió el diseño original del puente de El Tesoro? ¿O qué tal el manejo de vías cuando dieron al servicio este puente?
Si no hubiera terminado su período junto con el del alcalde, el director de Fonvalmed debería estar renunciando.

Hoy tenemos uno nuevo, recién posesionado. Ojalá le vaya bien, pero debería empezar por reparar lo que quedó mal hecho o incompleto.

De lo contrario, a muy poca gente se le va a valorizar su propiedad, muy pocos vamos a llegar en menos tiempo a nuestro destino y muchos nos sentiremos con derecho a exigir un mejor uso de nuestro dinero.
O incluso a que nos lo devuelvan.