Ética de bachillerato

   
  El profesor Nóver Ruiz con sus alumnos en el Teodoro Hertzl.  
     
  El acoso en el colegio, más conocido como matoneo o bullying, seguramente pasó por nuestras vidas estudiantiles en algún momento. Se refiere a esa escena en la que alguien molesta repetidamente a otro compañero ya sea porque lo ve débil, por algún defecto o por llevar accesorios que nos parecen tan normales en la vida adulta como pueden ser unas gafas.
Según las investigaciones de Enrique Chaux, unos de los expertos en bullying en Colombia, cerca del 30% de los estudiantes entre 9 y 14 años en el país sufre agresiones físicas y psicológicas. Aunque en Medellín no hay cifras concluyentes sobre el fenómeno, sí existen grupos que lo investigan.
Una de las iniciativas más innovadoras para tratar de revertir la incidencia del bullying en los colegios inició en el grado décimo del colegio Teodoro Hertzl en 2008. Allí el profesor de ética, Nóver Ruiz, dividió a sus alumnos en cuatro grupos para estudiar el fenómeno. Cada uno se encargaría de analizar a un actor diferente en esta maraña de acosos; un grupo con padres de familia, otro con profesores, otro con grupos de primaria y preescolar (más de carácter preventivo), y un último con alumnos de bachillerato.
“Lo más importante fue que después de desarrollar el proyecto e incluso haber ido a otros colegios a dictar conferencias, concluimos que la clave está más que todo en los mismos pares, es decir, en los mismos estudiantes”, asegura el profesor Ruiz.
Este proyecto pudo establecer tres actores principales: acosadores, espectadores (pasivos y activos) y víctimas, como la clave para desarticular estos acosos, e incluso halló entre estos grupos unos subgrupos que segmentan, por ejemplo, a los acosadores.
Una de las participantes del nuevo grupo Antibullying del Teodoro Hertzl es Sarita Botero, quien reconoce haber sido acosadora y se convirtió en parte del grupo de estudiantes que analizan este actor problemático.
“En primaria yo siempre molestaba a una niña por ser muy mimada y encontraba razones para molestarla porque la sentía débil y ella se dejaba; le decíamos apodos, la excluíamos hasta que ella se cansó y le dijo a los padres que la sacaran del colegio. A mi no me importaba lo que dijeran los demás y cuando ella se salió no tenía a nadie a quien molestar; luego me di cuenta de que uno podría causar mucho daño a alguien solo por querer sobresalir en un grupo”.
Pero el análisis de esta joven ha ido más allá, y aprovechando su situación particular ha escarbado en la psicología de un acosador. Según ella, “son personas con carácter fuerte, no dependientes, inteligentes, líderes y aparentemente fuertes emocionalmente, para que no les afecte lo que digan los demás”, dice.
Incluso se habla de un acosador intelectual, que es quien planea la burla pero manda a otro para que la haga; por el contrario hay otro que la planea y ejecuta, el cual es el que más quiere sobresalir.
“A los (acosadores) intelectuales les gusta molestar pero no quieren verse implicados. Ellos no tienen amigos sino seguidores y su deseo fundamental es adquirir liderazgo para que todos lo halaguen”, concluye esta estudiante.
Laura Farine Builes, es otra alumna del grupo. Ella aprovechó que se sintió burlada en la primaria para sumergirse en el estudio de las víctimas.
“A mí me pusieron gafas y entonces la autoestima se me vino al piso. No tenía la capacidad para afrontar esa nueva situación. Empezaron a decirme “gafufa” lo cual me generó mucha inseguridad. Llegué a tener crisis de depresión. Luego de un tiempo me di cuenta de que no podía seguir asumiendo el rol de víctima y empecé a adquirir más seguridad”, expresa Laura, quien fue operada de los ojos y advierte que no se deja de ser víctima de la noche a la mañana: para muchas personas llega a afectar su vida adulta. La clave, según esta joven, es que la víctima no enriquezca al acosador mostrándole que se siente mal, sino que debe más bien ignorarlo o ponerse por encima de él.
A Enrique Birbragher, le fue asignado el componente que quizá sea el más trabajando en la actualidad: el de observador o espectador. “Siempre fichábamos como ‘nerda’ a una niña. Me empecé a dar cuenta de que si los demás compañeros no decíamos nada, le hacíamos un daño mayor a la víctima. Él acosador quiere tener el control de la situación y busca atención. Por eso la estrategia es no dársela”, explica el alumno.
Este es quizá uno de los enfoques más novedosos para la solución del bullying, pues el espectador no sólo tiene el poder de frenar la situación con su indiferencia sino también la fuerza para deslegitimar lo que le hacen a la víctima, haciéndola sentir más segura para que salga de este infierno.
En Medellín y en Colombia hay muchas personas interesadas en esta situación. Redpapaz, una red de padres, ofrece información valiosa para afrontar este acoso, desde el lugar que nos toque, para que no siga ocurriendo y no llegue a niveles que tengamos que lamentar.