Esto piensan de su barrio

Entre la nostalgia por los tiempos idos y la expectativa por los cambios que se avecinan, habitantes antiguos o actuales de la comuna 9 opinan sobre este sector del centroriente de Medellín
 
Eduardo Valencia. Fotografía tomada por Róbinson Henao

Eduardo Valencia
Músico. Vivió en el barrio Buenos Aires. “Buenos Aires va a tener un cambio muy bueno, lo que pasa es que como por ahí vivían tantas familias de tradición y algunas todavía habitan allí, no captan las ventajas de la transformación. Les parece aburrido por las obras pero apenas las terminen y empiece a funcionar el tranvía, van a ver que que le va a dar una inyección de vida al barrio y lo va a mejorar. La movilidad va a ser mejor porque Ayacucho se había saturado, era la arteria principal y pasaban toda clase de vehículos, desde motos hasta volquetas y jaulas. El ruido se ha mermado en un 80 por ciento; ya no pasan ni van a volver a pasar vehículos, y como el tranvía va a ser eléctrico, esto será una maravilla. La gente lo va a ir aceptando. Como el metro, el tranvía también va a ser una solución, más cuando terminen los dos cables.

La mayoría de familias tradicionales que vivían en Buenos Aires cuando yo estaba niño (años 60) se fue a otros barrios. Influyó la violencia de la mafia porque, al igual que otros sectores, Buenos Aires se fue llenando de grupos de sicariato, se deterioró y la gente empezó a irse. A unos bares que había en esa época empezaron a entrar los mafiosos y ya uno no se arrimaba, pues se veía el ambiente caliente. Nos tocó ver cómo se torcieron personas de buenas familias. ¿Qué caracterizaba al Buenos Aires de los años 60? Era muy amigable, demasiado sano, todas las familias se conocían…”.



Carolina Restrepo. Fotografía tomada por Karin Richter

Carolina Restrepo
Contadora. Vive en La Milagrosa y trabaja en El Poblado. “Mi niñez la pasé en La Milagrosa, de los 15 a los 20 viví en Buenos Aires y luego volví a La Milagrosa. Este sector me ha gustado muchísimo, y aunque tiene problemas como todos los barrios, nunca he sido víctima de robos ni actos violentos. Es muy tranquilo, a pesar de que hay barrios aledaños que tienen muchos conflictos. Me gusta, además, que es muy cercano al Centro, en un bus se llega en cinco minutos. Hay muchas cosas a la mano: la Placita de Flórez, supermercados, bancos…

La comuna ha cambiado mucho desde que yo era niña, y con el tranvía el vuelco es total. El servicio de transporte también ha cambiado, es mucho mejor ahora cuando lo cubre el metroplús; antes eran buses viejos que iban a mil, y ya no. Los trabajos del tranvía están quedando espectaculares, Ayacucho se ve gigante, superamplia, bonita y están arreglando los frentes de las casas.

Pienso que a Buenos Aires le hace falta más Policía, más presencia de las autoridades. En Buenos Aires como tal, tampoco hay parque, como sí hay en otros barrios de la misma comuna, por ejemplo en La Milagrosa, lleno de árboles gigantes y lugares para sentarse. Incluso la iglesia de Buenos Aires esta sola, sin zonas verdes”.



Álvaro Perez. Fotografía tomada por Karin Richter

Álvaro Perez
Periodista. Habita en Miraflores y trabaja en El Poblado. “Miraflores es un barrio tranquilo, donde reside mucha gente adulta, muy buen vividero. La comuna 9 tiene una centralidad muy marcada en el barrio Buenos Aires, sobre todo ahora con las obras del tranvía de Ayacucho, las cuales han potenciado su vocación comercial. Están apareciendo muchos negocios nuevos a lo largo de la 49 (Ayacucho), que se combinan con los usos residenciales del suelo y algunos servicios en los costados. Pero todavía es un sector residencial. Uno se interna por las manzanas del barrio y sigue encontrando casas de familia, con una tendencia incipiente a la construcción en altura.

Es una comuna con muchas condiciones favorables por la cercanía que tiene con el Centro, y esa accesibilidad impulsa al comercio y a la gente. Igual, la 49 fue durante muchos años el lugar de tránsito obligado para salir de Medellín hacia el oriente. Ahí hay una potencialidad dormida porque, aunque la vía está en malas condiciones y tiene fallas geológicas, todavía es una alternativa para conectar al Centro con el oriente, donde hay sitios tan estratégicos como el aeropuerto, zonas francas y demás.

Desde que lo conozco, hace 17 años, Buenos Aires se ha transformado mucho. Ayacucho era una calle de circulación de automóviles —con el tranvía nunca más van a circular—, de muchas ventas ambulantes, muy movida, y eso por el momento está en stand by. Es la intervención urbanística que ha generado un impacto más fuerte porque cambia las dinámicas del barrio”.



Horacio Arango. Fotografía tomada por Róbinson Henao

Horacio Arango
Asesor de la Secretaría de Educación de Antioquia. “Viví en Buenos Aires toda mi infancia, del 55 al 65. Era un barrio de clase media, sano, muy tranquilo, alegre, de gente muy trabajadora, casi toda proveniente del oriente de Antioquia. Era encantador para jugar, en todas las calles había partidos de fútbol, carreras; los niños teníamos que hacer los juegos, globos y trompos, manualmente. Los paseos en diciembre eran ir arriba de la Santa Elena a conseguir las varillas para hacer las cometas; caminábamos mucho, íbamos a la Placita de Flórez a comprar las frutas. La gente se congregaba alrededor de la Semana Santa. El padre Fernando Gómez hacía unas semanas santas muy pomposas, con muy buenos músicos, como la familia Paniagua, que todavía existe. También íbamos a cine. En el barrio había tres teatros, el Colombia, el Buenos Aires y el Ayacucho y a veces bajábamos al Teatro Junín, antes de que lo tumbaran. En las vacaciones caminábamos por todas esas mangas. La zona de Las Mellizas era de casas fincas muy lujosas.

Todo Ayacucho hacia arriba, hasta el bar Sol de Oriente, era un barrio de tango. La gente jugaba muy bien al billar y cantaba bastante. Había un bar que se llamaba el Jardín Clarita, donde viernes y sábado iban las señoritas, las mamás y había venta de empanadas, cervezas y cantantes muy buenos, como Óscar Gaviria —de Los Médicos—, Fausto y Gustavo Quintero. Se oía música en todas partes y la gente iba a pie hasta el estadio para ver al Medellín y al Nacional. Cuando se fue complicando la vida en Medellín, en los 70, empezaron los problemas de los muchachos con las drogas, los atracos, el desempleo, los jóvenes no pasaban a la universidad, Buenos Aires cambió, se fue llenando de bares y se fue perdiendo la idea de zona residencial. Al barrio se lo consumió la otra sociedad, la del vicio, el trago, el rebusque. Yo voy ahora allá y no conozco, ya se perdió el encanto de lo que uno llama ‘el barrio’”.



Juan Alberto Gaviria. Fotografía tomada por Róbinson Henao

Juan Alberto Gaviria
Director Galería de Arte Colombo Americano. “Con la construcción del tranvía se está haciendo una obra magistral en cuanto a recuperación de lo que queda de patrimonio y de un barrio que fue muy tradicional pero que por motivo de ese progreso agresivo, se perdió por muchas décadas. Hasta mediados de los 80 todavía tenía una estructura muy de barrio y luego se abandonó por todos los conflictos de violencia. Las oficinas de urbanismo deben ser muy cautelosas y estrictas para dar licencias de construcción, pues se están demoliendo las casas, cuadras con solares, por estar construyendo unas torres absolutamente absurdas dentro de una estructura patrimonial. No hay control de nada y a uno le da nostalgia. Por ejemplo en La Milagrosa, todos estos urbanistas agresivos compran todos los solares subiendo por la 45 y por Ayacucho y hacen unas torres deshumanizantes.

Buenos Aires está en recuperación y esa es de las cosas importantes que se siente al volver a caminar por Ayacucho, el proceso de educar a la comunidad con el tranvía; educar es hacer comunidad, es algo muy novedoso.

El Buenos Aires que viví de niño significa los tiempos felices, los tiempos de oro de mi familia, como hijo del farmaceuta Alberto Gaviria. La farmacia Santa Elena quedaba diagonal a la iglesia de Buenos Aires. Conocían a mi papá en todo el barrio y venían hasta de La América. Recuerdo que yendo al atrio de la iglesia, los señores jubilados se reunían a hablar y los campesinos le contaban a uno en la banca de la farmacia cómo traían la mercancía desde Marinilla y cómo trabajaban en época de luna llena toda la noche.

Era un barrio al que llegaba gente del oriente a vivir en las casonas y uno podía moverse por todas las calles con mucha seguridad. Disfrutábamos mucho de las semanas santas y del patrimonio de la iglesia de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, donde hay unas pinturas al óleo de un artista belga que son exquisitas…”.



Ricardo Montoya. Fotografía tomada por Róbinson Henao

Ricardo Montoya
Jubilado. “Aún vivo en la casa de mis abuelos, que fue construida en 1896 y tuvo un costo de 800 pesos. Queda en Ayacucho, que cuando eso se llamaba la vía a Rionegro, a una cuadra y media de la iglesia. Este fue un sitio muy tranquilo y por eso se llama Buenos Aires, el mejor vividero que había en Medellín. Con el tiempo, el progreso y la urbanización que ha habido con el cambio de uso de las casas, prácticamente toda la vía es comercio. Solo mi casa y otra que está al frente no tienen local, se conservan tal cual. En esa época (mediados del siglo 20) casi todas estas casas tenían corredor. Cuando a Ayacucho la ampliaron, los corredores desaparecieron pero uno podía montar en bicicleta, jugar fútbol. Era una vida muy diferente a la de ahora. Tal vez es mejor para las nuevas generaciones pero muy mala para las anteriores. Uno salía en esa época a las mangas y guayabales que había por el oriente, por donde queda el barrio Loyola.

Vivir en Buenos Aires es muy bueno por la cercanía al Centro, aunque aquí se consigue de todo. En cuanto a tranquilidad, nos desvelan mucho las fiestas que hacen en los bares. En las cuatro cuadras de la carrera 33 a la bomba hay 22 bares. Inclusive enseguida tenemos una casa que empezó con una licorera, después con un barcito y ahora es una discoteca. Me ha anclado aquí el arraigo familiar, pero tuve que cambiar mi sitio de habitación —la segunda alcoba que había de la calle hacia adentro— e irme a la última pieza, en el solar de la casa, para no sentir la bulla. El tranvía va a mejorar la zona comercialmente, va a disminuir la contaminación, y la seguridad puede mejorar porque va a haber más gente”.