Esto piensan de su comuna

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Líderes y personas con trabajo comunitario en los barrios de la comuna 8 señalan las principales características y necesidades de su territorio y opinan sobre su transformación


Libardo Andrés Agudelo. Fotografía tomada por Róbinson Henao

Libardo Andrés Agudelo
Comunicador Social. Director del periódico Visión 8. “A la comuna hay que entenderla desde el territorio imaginado y el creado. El imaginado es todo aquello que nos ha dicho la administración municipal frente al número de barrios, las condiciones socioeconómicas, la necesidad de intervenirnos con ciertos macroproyectos —como el Jardín Circunvalar, el Camino de la Vida o Ruta de Campeones—pero otro territorio es el que habitan más o menos 155 mil personas y que tiene características muy particulares: contamos con cerca de diez comunidades indígenas, un 4% de población afro asentada en la parte alta, un 25 % de población juvenil, y unas características socieconómicas muy complicadas, con un alto índice de desconectados de servicios públicos; barrios como Llanaditas, Altos de la Torre, El Pacífico y Las Golondrinas nunca han tenido la cobertura de agua potable y quedan a pocos minutos del Centro de Medellín. Yo viví en Golondrinas y es muy teso porque desde finales de la alcaldía de Sergio Fajardo se prioriza el proyecto para la realización del acueducto y aún no han terminado ni las acometidas de las viviendas. Hay zonas sin acceso a vivienda de calidad o digna, problemas de movilidad gigantes, macroproyectos que no se articulan a las necesidades de la comuna y afectaciones por macroproyectos que nunca se consolidan. Por ejemplo, el Plan Urbano Integral (PUI) de la zona centroriental, que iba a intervenir la cuenca de la Santa Elena, que pasaba por el Parque Bicentenario hasta Caicedo Las Estancias, terminó arrasando un barrio histórico de la comuna —La Aurora— dizque para construir un parque biblioteca. Compran todos los predios y a quienes no venden los desplazan, con unos precios míseros, destruyen el barrio y nunca hubo recursos para hacer nada, ni siquiera un centro de conciliación. Por eso al subir por la vía principal de Caicedo a mano derecha hay un rastrojero lleno de escombros y de chicos que van a fumar marihuana, con todos los problemas de seguridad que implica. El corredor La Aurora, al borde la quebrada, frente de la centralidad de Caicedo, ahora es un lugar de peligro, de riesgo, que lleva cuatro años a cielo abierto, donde la gente tira basuras y escombros. Supuestamente ese plan incluía la ampliación de la vía La Estrechura; ahora sigue el mismo problema de movilidad y el barrio destruido…”.



Gisela Quintero. Fotografía tomada por Róbinson Henao

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Gisela Quintero
Líder comunitaria, desplazada de Cocorná. Vive en Pinares de Oriente. “La comuna 8 es muy echada para adelante, crítica de su planeación pero siempre está construyendo, aportando a esa transformación. ¿Cómo han impactado las grandes obras que se están haciendo? Esto tiene dos caras. Una de ellas es la que la ciudad quiere vender: la ciudad innovadora, prestadora de servicios, y la otra es la de las comunidades. Reconocemos que son obras de admirar, pero la comunidad tiene otras prioridades. El tema habitacional es precario, hay que hacer construcción social del hábitat para encontrar una vida digna. (…). Gracias a Dios yo tengo el mínimo vital de agua y somos una comuna muy solidaria, pero hay muchas personas que no lo tienen… ¿Qué es esta sinvergüenzada? También faltan garantías para la participación, que realmente se nos dé la posibilidad de dejar la voz en los escenarios donde se toman las decisiones.
Somos 5.500 familias —25 mil habitantes— víctimas del conflicto armado que estamos en estos bordes y laderas de la comuna 8. Le estamos exigiendo al gobierno una reparación integral. ¿Dónde están las garantías de la no repetición? Nos desplazaron los grupos armados, ahora nos va a desplazar la planeación porque, ¿cómo nos van a asegurar que estos recursos que están invirtiendo en la comuna no nos los van a cobrar después en los impuestos, en los servicios? Somos víctimas con familias que escasamente tienen una primaria, viven de un rebusque, del día a día, ¿con qué vamos a pagar? Es que nosotros somos parte de esta ciudad, aportamos a ella, lo poco o mucho que yo gane me lo gasto acá. ¿Y me van a devolver al campo? ¿Allí que garantías tengo? Cuando llegué a esta ciudad era un entorno muy adverso para mí. En vez de que me despertaran los pájaros me despertaba el sonido de los carros, el aire contaminado. Pero pasó algo muy bonito: identifiqué unos cerros y dije ‘aquí puedo implementar algo que sea parte de mí: la alimentación’. Y a fuerza de luchas logramos implementar huertas, le mostramos a la administración que en la ciudad también se podía cosechar comida y ahora entregan premios de reconocimiento. ¿Y dónde esta la comunidad, si pesó más el cemento para tumbar alrededor de 25 iniciativas de agricultura urbana para hacer un sendero?”.



Jairo Maya. Fotografía tomada por Róbinson Henao

Jairo Maya
Líder comunitario. Habita en Los Mangos. “La transformación de la comuna 8 implica dos ámbitos: físico y social. En lo social ha sido una lucha de la comunidad por un desarrollo integral a escala humana, haciendo resistencias y propuestas a través de la planeación e implementando en el territorio estrategias para superar niveles socioeconómicos precarios, tratando de solucionar las necesidades más fundamentales: vivienda, servicios públicos, lo ambiental y lo económico. Hemos estado haciendo una plataforma organizativa desde diferentes sectores poblacionales, en medio de la guerra, los conflictos armados y sociales que nos han afectado y retrasado demasiado porque rompen el dinamismo social e impiden la participación. Y en lo físico hay una cantidad de intervenciones de la institucionalidad. Los proyectos en sí no son malos sino el cómo se hacen, pues la transformación que ha habido en el territorio ha sido impuesta y no concertada. Implementan simplemente espacio publico y equipamientos y dejan por fuera los mínimos vitales de una comunidad en una ciudad que pretende ser innovadora y equitativa. Nos intervienen de una manera descomunal y se vende a la ciudad como si eso fuera una panacea. Hay expulsión del territorio; a fuerza de la lucha social vienen a hablar de vivienda en la última fase de los megaproyectos, pero de modelos de vivienda no concertados, en las mismas zonas supuestamente de alto riesgo no recuperable de donde nos desalojan. Te quitan tu casa, te cambian la tierra por el aire y te ponen a vivir en altura cuando nuestra cultura no está para vivir en altura y en espacios muy reducidos. Hay problemas de servicios públicos sin solucionar en ocho barrios, más de 10 mil personas sin conexión al agua potable en una ciudad que es pionera en servicios públicos en América Latina, y cerca de 11 mil personas desconectadas por morosas, sin capacidad de pago. La Alcaldía justifica con un mínimo vital, una iniciativa loable, pero tenemos que seguir avanzando (…). Lo bonito de la comuna 8 es la gente. Somos una comuna muy diversa porque aquí han llegado y siguen llegando las grandes oleadas de desplazamiento forzado, y empieza a formarse un tejido cultural muy llamativo; hay mucha amabilidad, te reciben con calidez a pesar de la desconfianza que crea el conflicto armado y empiezas a ver esa mezcla cultural que es muy rica”.



Leonardo Jiménez. Fotografía tomada por Róbinson Henao

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Leonardo Jiménez
Comunicador audiovisual e investigador. Director de la corporación Ciudad Comuna. Nació en Villatina. “En el tema cultural, la comuna 8 es un territorio muy rico, concentra mucha población desplazada de diversas regiones y eso genera hibridación cultural. Acá se mezclan algunas expresiones artísticas que han sido tradicionales en el territorio; en el caso de los jóvenes tenemos 18 agrupaciones y cinco escuelas de hip hop, muchos grupos de danzas folclóricas de la tercera edad, y como resultado de las expresiones culturales de comunidades desplazadas que se asientan acá, tenemos nuevas expresiones, folclor del Pacífico, grupos de cantaoras del Chocó; hay una asociación de expresiones artísticas indígenas que hacen parte del Cabildo Chibcariwak que articula distintas etnias asentadas en la comuna 8 y están también las expresiones urbanas, el reggaeton, el pop. Aquí la práctica cultural no se abandona nunca porque es una necesidad y hace parte de la identidad de las comunidades pero hay muchas dificultades para su ejercicio, entre ellas la carencia de infraestructura. Solo hay dos equipamientos culturales, y uno es prácticamente inaccesible a la comuna 8: el Parque Biblioteca La Ladera es muy lejos para la mayoría de la gente que vive en la parte alta. También tenemos la Casa de la Cultura de Las Estancias, pero sus condiciones son precarias porque comparte el espacio con una inspección de Policía.
La comuna 8 es muy organizada en participación comunitaria y tiene un alto grado de vulnerabilidad en derechos fundamentales. Al lado de ocho barrios que necesitan agua hicieron el Parque de la Vida; costó una fortuna con la que hubieran podido solucionar las necesidades básicas de esas comunidades (…). En el mapa de Planeación hay solo 18 barrios pero en el mapa que hizo la comunidad tenemos 34 barrios documentados. El que Planeación no los incluya afecta totalmente pues al no ser reconocido el territorio como es, las políticas que se diseñen nunca van a estar bien enfocadas. En la comuna hay planeadores increíbles, conocimiento sistematizado pero un poco desconocido por la carencia de títulos. Sin embargo, ha sido tan convincente este trabajo de los líderes que incluso esta comuna tiene otra riqueza y son las alianzas con varias universidades para hacer programas conjuntos: estudios de mejoramientos de barrios, suelos, derechos humanos (…)”.

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