Esto opinan de su corregimiento (testimonios)

Nativos y neorrurales, como se les llama a los nuevos habitantes de Santa Elena, opinan sobre el más turístico de los corregimientos de Medellín
Carlos Andrés Rojo

Coordinador ruta de colectivos. “Santa Elena es un lugar acogedor, con una tradición silletera y agrícola muy arraigada. Son personas humildes, muy serviciales, que acogen al extranjero muy fácil. Aquí hay mucha gente que ya habla inglés y eso ha ayudado. Los silleteros ya tienen una conformación como grupo, internacionalmente los conocen y por eso conocen mucho la región. Es un pueblo muy pasivo, amable y acogedor. El turismo de los últimos años ha impactado a Santa Elena en varios sentidos: hay más ingreso per cápita, más personas laborando gracias a las empresas, se creció más el comercio, hay mercados y la gente se ha animado a invertir. Lo que hace mucha falta es espacio para parqueaderos porque cuando el turista viene no tiene donde parquear. Hay muchos hostales, la mayoría de extranjeros que viven acá y emplean a los de la región. La desventaja es que el turismo ha traído costumbres diferentes. Hoy se ve mucho el vicio en los jóvenes y adolescentes —marihuana, cocaína— y eso no se veía antes. No solo el turismo lo trae, el turismo lo busca y cuando hay demanda hay oferta. Desde que está el metrocable se ve más, porque hay más conexión con Medellín por todos lados, más forma de evadir los controles de los entes policivos o militares…”.



Parménides Erazo

Presidente JAL de Santa Elena. Vive en la vereda El Placer. “Santa Elena es muy apetecido porque es el único de los corregimientos sin problemas de orden público, su clima es muy interesante y todavía se vive la ruralidad. Muchos lo califican como un paraíso, un vividero para la gente de la ciudad. El turismo que generan el Parque Arví y los silleteros ha hecho que el desarrollo de Santa Elena esté muy acelerado en cuanto a construcción, aunque a través del POT y el Plan de Desarrollo Rural se ha tratado de conservar la ruralidad. Este desarrollo ha partido a la comunidad en dos: los llamados nativos y los neorrurales o los citadinos. Somos más los citadinos que los nativos. Es una relación muy interesante; aunque todavía hay algo de xenofobia, la relación ha sido buena. La gente del corregimiento es amable, querida y sana.
Los núcleos del Parque Arví, en el sector El Tambo, han generado mucho turismo y algo de inseguridad; los turistas atraen delincuentes que se vienen de las comunas de abajo, la 1 y la 2. Con el turismo en la centralidad y el resto de veredas no existe ese problema, más bien se transforma en un beneficio, pues los nativos y comerciantes del corregimiento se lucran (…). Santa Elena carece de muchas cosas: necesitamos un cajero electrónico, gimnasios públicos, un centro de acopio para que la comunidad pueda comercializar sus legumbres y hortalizas, parqueaderos públicos y senderos peatonales, pues ninguna vía dentro de las veredas y el mismo corregimiento tiene senderos y a las personas les toca compartir la vía con los vehículos…”.


Girlesa Grajales

Nativa. “He vivido siempre en Santa Elena. Es chévere porque todo es muy tranquilo, pero ha cambiado mucho, hay más casas y habitantes. Para la muestra un botón: en la finca de nosotros ya hay muchas casas, las de todas mis hermanas que se independizaron. También hay mucho finquero, por la gente que vendió. Lo mejor de Santa Elena es la seguridad. Tengo tres hijos vivos, ellos salen con sus amigos hasta tarde y gracias a Dios esto es muy tranquilo. Para educarlos no hubo problemas, estudiaron en la escuelita y luego en el liceo. El transporte también es excelente. Hace falta, sí, una atención médica buena en el centro de salud. Tiene muy buena planta física pero no sirve para nada porque solo atienden prenatales, hipertensos y programas así, pero una urgencia no la atienden. Hace tres años falleció mi niña de 20 años y todavía no se me quita de la mente que si ellos le hubieran prestado los primeros auxilios, de pronto no se hubiera muerto. En una urgencia, toca pegar para Medellín o para Rionegro…”.


Mario Beltrán

Carpintero. “A mi esposa Orieta y a mí siempre nos ha gustado el campo. Cuando llegamos a Santa Elena, hace 32 años, prácticamente éramos los primeros de Medellín en la vereda El Plan. Solo había energía, no había acueducto ni teléfono y la carretera de El Chispero a la casa era una trocha.
El cambio en Santa Elena ha sido rápido. Parte de su poblamiento con gente de Medellín ha tenido que ver con el Desfile de Silleteros; cuando la gente sube a un evento de las flores y conoce la zona, compra tierra y construye. Por eso lo que uno venía buscando —el monte, el verde y la tranquilidad— ha cambiado bastante. Tanto, que cuando se hizo el acueducto hace 20 años fue difícil recoger 150 usuarios para que funcionara y ahora hay más de mil usuarios con el mismo acueducto. A veces nos quedamos un día o dos sin el servicio. No es que no haya agua sino que el sistema no tiene capacidad.
En Santa Elena hay muchas necesidades, sobre todo de capacitación para los jóvenes. Falta trabajo con ellos, hay mucho vicio. El Gobierno sólo se acuerda de Santa Elena cuando hay Desfile de Silleteros. Aun así, este desfile no aporta nada, aparte de que los pelaos se metan más en el trago. Es turismo de rumba. Además, la cultura de las flores ya se perdió. Inclusive, un porcentaje muy alto de las flores es donado por floricultores del Valle de San Nicolás, Rionegro, La Ceja y San Cristóbal. Es una ‘tradición’ que se sostiene, pero no porque se haya capacitado al campesino para conservar la tierra, pues antes la están vendiendo….”.


Orieta López

Historiadora. Vive en la vereda El Plan hace 32 años. “Santa Elena es como una raíz que llama. Es una energía que te hace estar aquí, que la vas encontrando y te quedas. El clima me encanta. También hay mucho silencio. Siempre he sido feliz; en ningún momento me he sentido aburrida o me he querido ir. Trabajé en la Universidad Nacional 36 años, hace siete años me jubilé, y no me cansó la rutina de subir y bajar todos los días. Esta es mi raíz. Es el campo más cercano a la ciudad, en media hora estás aquí. La crianza de mis hijos fue rica; ellos estudiaron en la escuela de la vereda y luego en el colegio de Santa Elena. No quisimos que se bajaran todos los días a estudiar a Medellín y esa vivencia de la escuela y el colegio aquí, ha hecho que quieran a Santa Elena y quieran estar con nosotros ahora que son mayores. Viven en Medellín pero les encanta venir el fin de semana a parrandear con los amigos, pues son muy felices aquí.
Lo que falta es más infraestructura para recibir a toda la gente que llega durante la Feria de las Flores: los traen aquí y no los recrean. Simplemente sube la chiva y los dejan caminando a la deriva. Les falta más recreación y enseñarles de las silletas…”.


Rodrigo David Cataño

Párroco de Santa Elena. “Santa Elena es un lugar muy atractivo. Muchos lo llaman paraíso terrenal; aquí se respira el aire, la tranquilidad; es muy agradable para descansar y tener encuentros con la naturaleza y con Dios. Un fin de semana sube mucha gente de otras partes, y se van fascinados con el ambiente natural y el clima. Me ha parecido muy positiva la transformación de Santa Elena en los últimos años, aunque tiene sus peros. El caso del Parque Arví fue un gran avance, pero también se ve un poco de inseguridad. En cuanto a la cultura silletera, todos nos beneficiamos, es una temporada que todos anhelamos. La principal necesidad que tenemos es un centro de salud día y noche, porque hay muchas veredas. Los que nos enfermamos tenemos que ir a Medellín o a Rionegro. En el campo de la educación hay que tener pendientes a nuestros jóvenes y niños, pues falta más formación para que las drogas no afecten tanto (…). No creo que la construcción del túnel afecte al corregimiento en el campo turístico; así hagan el túnel para que la gente vaya a Rionegro, Santa Elena siempre va a tener personas que suban, esto atrae por sí solo. En cuanto a la afectación del agua, el tiempo lo dirá”.

Fotos de testimonios: Javier Quintero