Esto piensan del Centro (testimonios)

Personas que han estado vinculadas a la comuna 10 (La Candelaria), hablan desde la nostalgia sobre su transformación, las consecuencias de esta, y las expectativas frente al futuro

Víctor Bustamante
Escritor. “Aunque parezca contradictorio, Medellín se caracteriza por la ausencia de amor de empresarios, urbanistas, políticos y, en síntesis, de la élite paisa por el legado de sus antecesores. Solo les interesa la especulación inmobiliaria, construir edificios, sin preservar el patrimonio. Esa ciudad que fue construida por tantos e importantes arquitectos, y que antes de la década del 70 tenía cierta unidad urbanística, se fue acabando. El primer gran símbolo del Centro que se destruyó fue el Teatro Junín, el más hermoso que había en Medellín (…). Cada generación va desmantelando lo que dejó la anterior y va construyendo la ciudad a su gusto. No hay sentido de memoria ni de historia. (…). Si miramos fotografías del Parque de Berrío vemos que ha sido construido y destruido unas cinco veces. Muchos edificios de diversos arquitectos han sido tumbados para erigir otros y nadie dice nada. Tres obras de gran impacto y que causaron un daño inmenso al Centro y transformaron la arquitectura, fisonomía y la vida de esa área vital, son la destrucción de Guayaquil y su Plaza de Cisneros para hacer el Centro Administrativo, la construcción de la Avenida Oriental y la construcción del viaducto del metro por el Parque de Berrío…”.


Claudia Vásquez
Comunicadora, empresaria. “Viví en Boston —tres cuadras arriba del parque— desde niña (desde el 67 hasta el 92). Para mí significaba barrio, amiguitos, jugar en la calle, había muchas familias que venían del oriente y se asentaron en ese sector.
El Centro era otro universo, era la felicidad. Las amiguitas nos bajábamos a pie a conocer los ascensores de los edificios de La Playa, a ver la construcción del edificio Coltejer, de la Avenida Oriental. La otra aventura era ir a la cárcel de La Ladera, pero al escondido porque allá no nos dejaban ir.
Nos tocó la época del gran impacto de la mafia, a finales de los 70 y principios de los 80. Algunas de las niñas lindas del barrio terminaron en manos de los mafiosos; la familia de la esposa de Pablo Escobar vivía cerca del Parque de Boston; hubo niñas que terminaron muertas en vendettas, en las drogas, o yéndose para Tokio como prostitutas. Las motos también crearon un gran impacto y muchos de los niños, cuando eran buenos motociclistas, fueron contactados para ser sicarios y terminaron muertos.
Cuando me casé, viví en Bolivia con Mon y Velarde, y luego en las Torres de Bomboná pero en el 99 el Centro nos sacó, se volvió peligroso, las Torres cambiaron y empezó a pauperizarse el comercio, los locales grandes se dividieron en locales chiquitos, y el ambiente se volvió más pesado. Además, el Centro se fue envejeciendo, se quedaron las abuelitas porque los hijos se fueron a otros barrios, llegaron otras personas de un estilo distinto y uno ya no se sentía en el mismo lugar”.


Padre Bernardo Restrepo
Párroco de la catedral Metropolitana. “El Centro es el lugar de confluencia de todas las personas que tienen que hacer sus vueltas, ir a sus lugares de trabajo, coger líneas de transporte, hacer compras o descansar. También es donde confluyen fenómenos de tristeza, como bandas que se relacionan entre sí para la extorsión, el microtráfico, el macrotráfico, la explotación sexual, la prostitución. Estamos hablando de una ciudad que es reconocida como la ciudad más innovadora del mundo (…). Somos como una casa donde hay unos cuadros muy lindos, pero detrás de los cuales hay mucha miseria, dolor, injusticia social, desempleo, lucha de clases y, lo que es más difícil de entender, hay demasiada pobreza, pocas oportunidades de trabajo y de estudio para muchas personas, sobre todo de los barrios populares. El Centro ha tenido una transformación muy grande, se volvió terriblemente caótico. Tiene barrios que denotan un olvido total de los mandatarios…”.


Leonardo Gómez
Propietario de bar entre La Playa y Caracas. “Las personas que vivimos y trabajamos en el Centro tenemos la casa por cárcel. La vida nocturna no existe desde hace muchos años. Por eso a quienes les gustaba disfrutar de su diversión, cultura y recreación tuvieron que emigrar por la inseguridad que reina en la comuna 10. La Policía pasa por el Parque del Periodista echando a la gente para la casa, sin que esté sucediendo nada. La justificación es la inseguridad. Pienso que es para ellos poder refugiarse tranquilos, porque a veces llegan destacamentos hasta de 30 policías y lo que hacen es decirle a la gente que se vaya para la casa. ¿Por qué no cuidan el viaducto del metro? Esa zona está tomada por la ilegalidad y por los indigentes. Ni siquiera la autoridad llega hasta esos lugares para recuperarlos.
Ahora también los comerciantes están perjudicados con el bloqueo de las calles por hacer todos los trabajos al tiempo…”.


Estela Alzate
Administradora Astor de Junín. “Trabajo en el Centro hace 22 años. Me parece que el Centro ha tenido muy pocos momentos de tranquilidad. En los últimos años he visto un deterioro muy grande, qué pesar. Siempre he pensado que el Centro debería ser un lugar muy privilegiado como en otras ciudades del mundo. Creo que en Medellín ha faltado mucho compromiso con el Centro, hay mucha inseguridad, la mayoría del tiempo es muy descuidado. Las gerencias del Centro no han sido para nada protagonistas, su papel ha sido el de un acompañamiento muy regular. Pienso que lo que más falta es continuidad de un programa serio, porque todo es muy momentáneo; ha faltado seriedad, no hay seguimiento. Yo le pediría a un gobernante tres cosas: seguridad, seguridad y seguridad”.


Gabriel Abad
Comunicador social. Empresario “Vivía en la carrera La Unión, entre La Playa y Maracaibo; eran cuadras chiquitas y callecitas cerradas y cuando tenía nueve años empezaron a hacer la Avenida Oriental y a tumbar lo que es hoy el Parque San Antonio, que era un barrio hermoso, de casas muy humildes pero muy bonitas. Y siguieron tumbando, pero quebró la obra de la Avenida Oriental y quedaron destruidas como cinco o seis cuadras, desde San Antonio hasta Bolivia o Perú. Eso quedó desbaratado como tres o cuatro años —lo que es hoy El Paso, el Camino Real— e hicimos cancha de fútbol, diamante de béisbol, pista de ciclocross, teníamos donde jugar en todas esas ruinas. Fue muy tenaz porque se fueron todos los niños del barrio porque les tumbaron las casas y no quedamos sino algunos. En el separador central de la Avenida Oriental era donde estaban todos los patios de esas casas.
He querido el Centro toda la vida, pero con mucha tristeza veo que ya es invivible. Cuando yo crecí, el Centro era como otro barrio residencial y eso se fue perdiendo. Todas las casas las demolieron para hacer edificios. Se fue pauperizando el comercio y fue llegando gente que no era del Centro. El problema del Centro no es el Centro, es la pobreza en las comunas y los barrios periféricos porque la gente se baja a rebuscarse la vida. También ha perdido toda la belleza arquitectónica, todo su gusto, las casas bonitas. Creo que el gran daño se lo hizo la Avenida Oriental porque lo destruyó y cambió todo. La idea era construir una vía por donde hoy queda la transversal que pasa por los Bomberos para no dañar el Centro, pero decidieron que no”.


Joaquín Pérez*
“Los habitantes del Centro sabemos que después de las seis de la tarde no hay seguridad, que no podemos dar papaya, que las cámaras que resguardan el sistema financiero no nos protegerán y que las fuerzas del orden se van a descansar. Entonces lo más sensato por nuestra integridad y nuestras vidas es hacer lo mismo. Es tal la inseguridad que hasta los del CAI se encierran. El Parque de Bolívar, por ejemplo, se lo toman después de las seis de la tarde diferentes fuerzas ilegales.
Todo se empezó a degradar por la especulación inmobiliaria. Hasta hace 25 años todo Palacé, con Bolivia, hasta el Teatro México era muy transitado y tranquilo. Pero esa zona la depreciaron los especuladores (…). Esas casas están convertidas en lugares de lenocinio, o están en proceso de extinción de dominio. Hay una nueva generación de ricos que no es igual a la que había y que creó la especulación inmobiliaria. Es una generación producto de la extorsión, las vacunas y el expendio de drogas ilegales y es tanto el recaudo que hace que, según las cifras de la misma Policía, pueden comprar un edificio al año o todo un barrio. Los especuladores financieros e inmobiliarios que propiciaron todo este caos en el Centro para poderse quedar con las casas para construir en altura, ahora tienen el problema de que están peleando con esta delincuencia organizada…”.
*Nombre cambiado por petición de la fuente.


Emiro Cifuentes*
“Yo soy de las Convivir del Centro, pero de las buenas. El Centro de hoy está desorganizado, más que todo en cuestión de tránsito y para los peatones por todas las obras que están haciendo, y hay demasiada inseguridad: fleteo, cosquilleo, raponazo y atraco. Cuando las Convivir empezaron a organizar a Medellín, cuando trabajaban normalmente —porque Medellín anteriormente era un porquería— esto se limpió. Usted podía ir al Hueco con la plata que fuera y no le pasaba nada y los ladrones se acabaron. Lo que hace que las Convivir acabaron de existir estamos viendo otra vez el raponeo, el robo, el atraco. Unas convivires sí hacían cosas mal hechas, recibían plata para dejar robar, pero había otros que no. Yo no permito eso. Pero empezó la ley a acosarlos, a cogerlos, a ficharlos, y lo que hacen ya las Convivir es trabajar al escondido. Lo que estamos es defendiendo a la ciudadanía, no dejando que los roben; nosotros somos tan conocidos por la gente mala, que cuando lo ven a uno, se abren. Nos tienen miedo. Si uno coge un ladrón, puede hacer lo que la Policía, desgraciadamente, no puede hacer porque está maniatada. Mientras uno esté caminando por esta zona, no se ve nada, cuando yo me pierdo de aquí ocho días y vuelvo, las quejas son horribles. Llevo 15 años lidiando con ladrones y los comerciantes me ven y sienten tranquilidad, alegría, porque saben que uno los está cuidando. Ellos colaboran pero no se obligan; había unas Convivir que sí estaban obligando a la gente a pagar, y eso no es así, por eso perdieron tanta credibilidad. Los comerciantes que quieran que me den la liga, eso no es pagar”.
*Nombre cambiado por petición de la fuente.


Luis Fernando Arroyave
Docente universitario. “El Centro está en un grave estado de deterioro. Es lamentable, gran parte del patrimonio de la ciudad ha sido demolido y otra parte permanece en el olvido, incluyendo ese patrimonio inmaterial oculto detrás del material.
La inseguridad está alejando a la gente del Centro. Tiene innumerables problemas cuyo origen es el POT, la organización territorial del suelo, porque se autorizó su uso indiscriminado. El POT de los años 90 mostró algunas cosas buenas, pero no fue claro. No se elaboraron planes de manejo, no hay un plan de protección del patrimonio, hay muchos vacíos en las leyes y aunque ya existían las del Instituto Nacional de Cultura, no se aplicaban, aquí todo el mundo demolía con el visto bueno de Planeación. Fuera del comercio tradicional, llegaron entonces el vicio y el crecimiento de bares y cantinas en cualquier lugar del Centro (…). El modelo de educación también ha sido muy deficiente, además se quitó de primaria una materia que veíamos en las escuelas que se llamaba Civismo y Urbanidad y eso fue la debacle. Así comenzó el derrumbe total de la ciudad y de la sociedad (…) Es una vergüenza pasar por el Parque Berrío, o por el Parque de Bolívar, así están todos los parques y plazas públicas, deteriorados, invadidos por los indigentes, los borrachitos, los piperos, los ladrones y los viciosos…”.