Es hora de cambiar

Es hora de cambiar
Ya es hora de que miremos a la ciudad como un conjunto para que algún día, ojalá cercano, funcione bien

Después de muchos años de estar quejándonos -con sobrada razón- de los tacos de El Poblado, llegó la hora de cambiar la actitud y mejorar el comportamiento en las vías. Si bien como lo decíamos en el editorial anterior hasta el momento las congestiones derivadas del inicio de los nuevos proyectos viales no han sido tan dramáticas como se esperaba, ahora sí podemos esperar lo peor, pues a medida que avancen las obras, dadas su magnitud y su localización, los taponamientos serán inevitables.

No nos llamemos a engaños. Que vamos a tener un problema de congestión natural de largo aliento por proyectos necesarios, es un hecho. Apenas van seis obras de las 24 programadas, por lo tanto no son meses sino años los que tendremos de construcciones, cerramientos y desvíos. Pero, ojo, que lo que sí está en nuestras manos es contribuir a que sean menos graves, pues no todos los caos de tráfico en la comuna 14 son atribuibles a las vías per se sino a la manera como las utilizamos.

Es hora de dejar de quejarnos y de actuar de manera coherente con lo que la situación exige. Estamos convencidos de que lo más sabio y conveniente que podemos hacer hoy es aceptar lo ineludible y trabajar el respeto por el otro, la tolerancia y el buen comportamiento ciudadano, si no queremos terminar neurotizados, con ganas -literalmente- de coger para el monte. La etapa de construcción en la que estamos entrando exige esfuerzos de todos y cada uno, incluso una reprogramación de los horarios, pero, sobre todo, el rechazo contundente a la apropiación indebida que se hace de las vías.

Hoy casi todas las calles de El Poblado permanecen invadidas. Vehículos de empresas públicas, privadas y de personas particulares han convertido kilómetros de vías, bien escasas y costosas por cierto, en su estacionamiento: las calles de Manila, Ciudad del Río, Alejandría, las Lomas 1 y 2, La Aguacatala, además de estrechas, están siempre reducidas a la mitad pues la otra mitad ya es parqueadero. Ni qué decir de la 10, la Avenida El Poblado, Las Vegas, las transversales y las lomas.

¿Hasta cuándo va el Municipio a permitir esto? ¿Hasta cuándo estaremos sujetos a que de casualidad pase un agente de tránsito para que de pronto sancione a alguno? Hoy hay sistemas de comunicación muy avanzados que permitirían a la administración municipal hacer un control general y permanente; se podría igualmente habilitar centros de quejas para que los ciudadanos envíen una imagen y una dirección básica y de inmediato la Secretaría de Movilidad sancione o envíe a despejar las vías. Además, es preciso determinar horarios de cargue y descargue y hacerlos cumplir; es necesario poner en cintura a las empresas que prestan servicios públicos y a sus contratistas, pues parece que tuvieran patentes de corso para estacionar donde quieren y a la hora que quieren, impidiendo la fluidez del conjunto vial.

Se requiere, pues, el esfuerzo de todos, no solo de la municipalidad sino de los ciudadanos. Ya es hora de que miremos a la ciudad como un conjunto para que algún día, ojalá cercano, funcione bien.