Enloquecidos con la bulla

Habitantes de Providencia de Castropol se quejan por el ruido excesivo de los establecimientos vecinos

Tocando puertas en vano
Con el fin de buscar una solución al problema generado por el excesivo ruido proveniente de los establecimientos comerciales que colindan con el Conjunto Residencial Providencia de Castropol, su administradora lleva más de tres años tocando puertas para lograr que, a quien corresponda, tome cartas en el asunto. Asegura que en un principio radicó su queja ante la la Secretaría de Salud del Municipio de Medellín, dependencia que le respondió que debía remitirse a la Inspección de Policía 14 A de Medellín, la cual a su vez dio traslado de la queja a la Inspección de Permanencia Cuatro para que atendiera el caso.

Desde entonces, semana tras semana, cada vez que la bulla y el ruido se hacen insoportables, desde este conjunto residencial llaman allí para que pongan en cintura a los establecimientos comerciales. Sin embargo, asegura Martha Olga, que durante el fin de semana del 22 al 24 de noviembre llamaron a la Inspección de Permanencia diez veces sin lograr ningún resultado positivo. Por el contrario, a la semana siguiente, en un comunicado manuscrito, incluso en una hoja en blanco sin membrete, el inspector Carlos Alberto Palacio respondió: “Le informo que el conducto regular para la regulación del ruido es cordinar (sic) con la Secretaría de Salud, Área Ambiental una visita para la medición de los decibeles desde el apartamento que está perjudicado con el ruido”.

“El ruido no permite conciliar el sueño y el dolor de la columna se me incrementa, aquí amanece uno en vela”

Ante esta respuesta Martha Olga siente que su lucha para resolver el problema volvió al mismo punto de partida y que nuevamente deberá tocar puertas en la Alcaldía, que la remitirá a Inspección de Policía 14 A de Medellín y esta dará traslado de la queja a la Inspección de Permanencia que nunca, por lo visto, podrá ejercer su autoridad ante los establecimientos comerciales que originan el ruido. “Llevo tres años en esto y estoy que me enloquezco”, expresa la administradora. También asegura que, aunque en varias oportunidades la Secretaría de Salud ha hecho medición de los decibeles de ruido, siempre, justo durante los días de la medición, el ruido proveniente de los establecimientos merma, hecho que le parece sospechoso.

Una habitante de este conjunto residencial, que pidió no ser identificada, dice que esta situación ha empeorado sus problemas de salud. “El ruido no me permite conciliar el sueño y el dolor de la columna se me incrementa, aquí amanece uno en vela; algunas veces me tengo que ir para la casa de mi hija”, relata.

No solo es el ruido
Como si fuera poco, al padecimiento con el ruido se suma el problema de las aguas residuales que corren fuera de cauce cerca a este conjunto residencial, separadas por un muro. “Del Carulla de Palms Avenue bajan unas aguas residuales que llegan a unos canales, de más arriba vienen otras aguas; estos canales son abiertos, no hay conductos subterráneos… entonces cuando llueve muy duro, esas aguas se pasan y mojan los subterráneos y los parqueaderos de la unidad”, agrega la administradora Martha Olga Álvarez. “Llamé al Dagrd y al Área Metropolitana, revisaron y dijeron que iban a mandar el caso a EPM, pero esta respondió que el agua que circula por esa tubería a cielo abierto, no es un inconveniente de sus redes de alcantarillado. Entonces, se pregunta Martha Olga, ¿a quién le corresponde?”.