En el Mes del Patrimonio N

    En el Mes del Patrimonio
    No se entiende que los presupuestos de la cultura tengan marginados estos Bienes de Interés Cultural del Ámbito Nacional

    Con bombo y platillos el Ministerio de Cultura de Colombia presentó recientemente a septiembre como el Mes del Patrimonio Cultural. “Hay que tener en cuenta que el patrimonio está a la vuelta de la esquina, en las cosas cotidianas, las que nos rodean en nuestra vida diaria, como en la tetera, en el frasco donde se guarda la leche, en un cuadro, en la casa, en el parque… En todo lo que puede tener un significado emocional, o con lo que nos podemos identificar”, decía durante la presentación Juan Luis Isaza, director de Patrimonio de Mincultura.
    A cuál patrimonio se referiría el director. No sería, en todo caso, al archivo histórico de la Casa de la Convención de Rionegro, que mientras el funcionario pronunciaba el discurso seguía su camino hacia la destrucción, tal y como lo informamos en un artículo de esta edición.
    Valga aclarar que la Casa de la Convención no es un inmueble cualquiera. En 1863 se reunió allí la Junta de la Convención Nacional que expidió la nueva Constitución Política e instituyó la Confederación de los Estados Unidos de Colombia. Sus archivos no son papeles comunes. Ambos guardan memoria, han sido escenario y dan cuenta de hechos históricos y cotidianos del desarrollo de la región y el país. Ambos hacen parte vital del Centro Histórico de Rionegro, que tampoco es un municipio del montón. Paradójicamente, desde 1963, hace casi medio siglo, es uno de los seis Centros Históricos de Antioquia, y uno de los 44 del país, declarados Bienes de Interés Cultural del Ámbito Nacional. Pero, evidentemente, de poco le ha servido tal distinción, pues no solo el archivo está en condiciones deplorables sino el inmueble, sus muebles coloniales y sus alrededores.
    Es increíble que un archivo, con documentos irreemplazables que dan cuenta de la historia desde mediados del siglo 17 hasta mediados del siglo 20, solo le duela a una funcionaria y no esté bajo la responsabilidad de ninguna entidad del Municipio de Rionegro, ni de la Gobernación de Antioquia, ni de la Nación. Como dice el arquitecto e historiador Luis Fernando González: “Un archivo no es un depósito de papeles viejos, requiere procesos y trabajos de restauración muy importantes, pero los políticos no han entendido eso”. Del Centro Histórico de Rionegro y de su Casa de la Convención, considera González, más tajante aún, que “los han vuelto chicuca, los han descontextualizado, la casa en sí ha perdido su valor porque han deformado, demolido y mutilado este Centro Histórico”.
    Este caso de desidia y de falta de sensibilidad frente a la memoria, hacen preguntarse de nuevo cómo un país que ni siquiera valora su historia, puede crear y fortalecer el tejido social, sin repetir los mismos errores eternamente.
    En últimas, no se entiende que los presupuestos de la cultura tengan marginados estos Bienes de Interés Cultural del Ámbito Nacional. Ellos hacen parte de la memoria, que es precisamente la base de la construcción de la cultura y de sus manifestaciones.