En civismo todos se rajan ¿Y usted?

En esta ciudad que decimos querer tanto, ¿ser cívico, cumplido, ordenado, generar convivencia, no debería hacer parte del rol natural del ciudadano y no porque el Municipio o la Policía lo vigilen?
Abandonar los excrementos del perro en el espacio público. Dejar el carro del mercado en el ascensor y no en su sitio en el sótano. Estacionar en un lugar prohibido y ocultar la placa para que el carro de las fotomultas quede a ciegas.

Y hay más: robarse una fila. Extender la rumba y perturbar el descanso en el vecindario, lavar el carro en los nacimientos de quebradas… de esta colección de faltas estamos llenos y son tema de conversación permanente, e indignada, en la ciudad del “depende también de ti darle amor a Medellín” y el “…en sus parques y en sus calles siempre está el amor”; en el país de “los buenos somos más”.

Estos hechos, podrían ser vistos como simples accidentes pasajeros e inofensivos de la cotidianidad, aunque también cabe la consideración dada por los gobiernos locales en Bélgica: los problemas de civismo tienen efectos sobre la seguridad individual y colectiva. Son hechos que perjudican a los demás ciudadanos y recargan la labor del gobierno.

Para mitigar esos hechos, que no quedan registrados en las cifras sobre delitos y que poco conmueven a las autoridades en las calles, usualmente acaparadas por tareas de mayor complejidad, la Alcaldía de Medellín avanza en un llamado al “Portate bien” como campaña cívica. Otras ciudades han trabajado la teoría de las ventanas rotas y la tolerancia cero, otras han aumentado las penas para infracciones antes consideradas leves, bajo la premisa francesa de que “quien roba un huevo, puede robar un buey”.

Pero, en esta ciudad que decimos querer tanto, ¿ser cívico, cumplido, ordenado, generar convivencia, no debería hacer parte del rol natural del ciudadano y no porque el Municipio o la Policía lo vigilen? Por supuesto, de las ciudades también hace parte el mundo de la delincuencia, pero este implica otros tratamientos en educación, prevención y reacción.

El reto es para el ciudadano que decide obrar según la Ley. Tiene derechos y, con la misma seriedad, debería atender sus deberes y obligaciones. En un solo ejemplo, ese empoderamiento para manejarse en público bien lo plantea la ciudad de Almada, en Portugal: “Si la playa está sucia, es responsabilidad tuya”.

Una pregunta de cierre: en la cotidianidad a usted le resulta evidente quién falla en civismo y en convivencia. En su actividad en público, en calles, filas, parques ¿qué podrán estar diciendo de su desempeño como ciudadano?