Elementos

 
 
 
Elementos
 
 
El trabajo escultórico de Ronny Vayda (Medellín, 1954) establece vínculos directos entre su formación como arquitecto y una reflexión obsesiva sobre las formas geométricas simples y el uso de materiales de construcción
 
 
 
 
 
 
 
 
Por Carlos Arturo Fernández U.
 
 Los desarrollos de la escultura tradicional están sólidamente relacionados con un trabajo manual y físico que compromete de manera directa al artista, desde la habilidad técnica hasta el agotamiento corporal, en una lucha inmediata con la materia. Y, por eso, quizá teniendo presente a Miguel Ángel enfrentado a martillo y cincel con sus grandes bloques de mármol, Leonardo da Vinci afirmaba que ese era ante todo un trabajo manual y mecánico, inferior a la pintura en la cual encontraba el predominio de la actividad intelectual y filosófica.
Frente a esas tradiciones, en la escultura de las últimas décadas aparecen sectores muy amplios que ofrecen la imagen de un escultor más próximo a la figura del arquitecto, que piensa, proyecta y define espacios y volúmenes, y no a la del maestro de obra que los construye en la práctica.
El trabajo escultórico de Ronny Vayda (Medellín, 1954) establece vínculos directos entre su formación como arquitecto y una reflexión obsesiva sobre las formas geométricas simples y el uso de materiales de construcción, como el acero, el concreto y posteriormente el vidrio. “Elementos”, de 1985, ubicada en el edificio Prados del Este (carrera 39 con calle 5B) es uno de los mejores resultados de estas relaciones constructivas. Realizada en acero oxidado y concreto, con unas dimensiones totales de 4.20 por 7.30 por 3 metros, la obra se impone por su claridad y contundencia conceptual, no como trabajo manual directo.
A pesar de la distancia geográfica, temporal e ideológica, la escultura contemporánea del tipo de la desarrollada por Ronny Vayda, se ilumina frecuentemente con la referencia al Constructivismo ruso próximo a la revolución soviética de 1917. Ya entonces se había afirmado que la realidad es, ante todo, espacio, tiempo y estructura, es decir, “construcción” en sentido exacto. Y, por eso, frente al juego de masas de la escultura tradicional ubicada en el espacio, se impone ahora el trabajo sobre el espacio mismo.
“Elementos”, de Ronny Vayda, tiene la claridad de una afirmación de principios; los materiales no se usan por sí mismos (y por eso no es esencial su intervención directa sobre ellos) sino que le sirven para presentar, justamente, los elementos a partir de los cuales desarrolla su reflexión espacio temporal. Sobre la base de concreto, que es una línea recta que actúa como eje central, se presentan las formas geométricas básicas del cuadrado, el círculo y el triángulo, insistiendo en su bidimensionalidad; pero al girar sobre el eje de la base, es decir, al desplegarse en un proceso temporal, generan un nuevo espacio que ya no tiene el carácter de la representación sino que es creado en el presente.
Podría pensarse que esto es el juego de una especie de arquitectura inútil. Pero el asunto va más allá. A partir de un proceso de reflexión especulativa que surge de la más abstracta geometría, Ronny Vayda busca la conexión entre concepto y experiencia espacio temporal o, si se prefiere, entre teoría y cultura. Por eso, no le falta razón cuando afirma que, en el fondo, él trabaja como los escultores del mundo clásico griego.
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“El río” es una impresionante instalación de Luis Fernando Peláez que ocupa las dos salas temporales del Museo de Antioquia. Una obra cargada de una poesía íntima y delicada, que pasa del silencio de la oscuridad de la sala norte a la luz bulliciosa de la sala sur. Y, como siempre en la obra de Luis Fernando Peláez, todo realizado con la más refinada precisión conceptual y técnica. Una experiencia magnífica para este fin de año.