“El vivo vive del bobo” necesita una implosión colectiva

implosión de el edificio Mónaco.

Este viernes 22, según la Alcaldía, la caída de un edificio marcará un momento de inflexión en la historia de la ciudad, por el rescate de los héroes y un cambio social. Con o sin Mónaco, es un debate urgente en Medellín.

Una camiseta con las palabras The Cartel y Escobar, exhibida por el reguetonero J. Álvarez en su saludo a Medellín para la Feria de las Flores de 2016, fue de las últimas gotas rebosantes en la taza de indignación de Federico Gutiérrez: “Es una ofensa a la ciudad y al país, miles de víctimas sufrimos con esta tragedia”, protestó el alcalde. Luego el cantante ofreció excusas y reconoció “ignorancia” en el tema.

Ese episodio, más la conversión de los sitios de Escobar en parada obligada del turismo y la exposición de la marca Medellín en series de televisión internacional sobre el narcotráfico, fueron primeras piedras para la ejecución de un plan que tendrá activación este viernes 22 a las 11 a.m.: tumbar el edificio Mónaco.

La operación, que derivará en la construcción del parque público Inflexión, le valdrá a la ciudad $30.000 millones, aunque la Alcaldía cuenta con que la empresa privada se haga cargo de $15.000 millones. Unos sectores la califican de detrimento patrimonial, como contexto, el presupuesto público de Medellín para parques fijado hace cuatro años fue de $24.650 millones.

La operación completa le valdrá $15.000 millones a la Alcaldía y $15.000 millones al sector privado. Sectores la califican de detrimento patrimonial, de gesto violento o de borrón de la historia.

Otros quieren el edificio en pie -ponerlo a punto valdría unos $40.000 millones-, o que lo reemplace una torre de parqueaderos. Unos más consideran que la violencia no se contrarresta con una voladura en pedazos. También se señala que los malos recuerdos no se echan al olvido; que se aprende de ellos y se mira hacia adelante.

Sin poder vender ni regalar el edificio, la Alcaldía explica que derribará una expresión de la ilegalidad y pondrá en orden los conceptos de víctimas y de villanos, que ve trastocados. Honrará a los héroes e invitará al ejercicio de una ética civil.

Sin lugar a dudas Medellín necesita una transformación de la sociedad, un pacto colectivo contra la trampa, que se expresa en la ciudad en diversidad de escalas. “El narcotráfico y eso de ‘el vivo vive del bobo’ abonaron el terreno de la corrupción en el sector público, pero también en el ciudadano”, señala Nathalia Franco, del Centro de Integridad de Eafit, mientras Rubén Fernández, exgerente de Antioquia Legal, anota que es preocupante “que la gente vea el fraude y la coima como posibilidades”.

Medellín necesita hablar el mismo idioma de la legalidad. En gobiernos públicos y en los corporativos, en trámites, contratos, certificados, pagos, filas y semáforos. Que esa transformación social despunte, con la implosión de este viernes 22 de febrero o con cualquier otro hito, debe ser una prioridad del debate público.

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