El Triángulo de las Bermudas y la Subjetividad (1)

 

El último y buen intento televisivo de abordar el tema ha sido el presentado en julio por Cinemax, no contaré el desenlace por supuesto, pero donde se aborda no solo de soslayo sino de frente y derecho una especie de “teoría avanzada de la subjetividad”, francamente atrevida y deliciosa. El punto es muy sencillo y puede recostarse sin vergüenza en las antiguas ideas del obispo irlandés Berkeley (1685-1753),  copiemos de cualquier sitio de Internet: “Con toda la energía, pero también la inconsciencia de la juventud, Berkeley afirmó categóricamente que ser es ser percibido, o sea que lo único que posee existencia real es el mundo de las sensaciones (ajenas), mientras que la realidad externa no solo no puede percibirse sino que además no existe” (¡Admirable!). En la serie de TV, “El Triángulo”, se va mucho más allá, apelando a cierto tipo de conspiración: la realidad que percibe cada humanoide es totalmente diferente de la que percibe cada uno de los que están junto a él en un momento determinado, según sus experiencias personales únicas y, lo que es clave, según el grado de conocimientos adquiridos a lo largo de su vida y filtrados selectivamente en ese cedazo cerebral que algunos llaman “el alma”, y, para peor, de los supuestos “ideales y virtudes” que nos han inyectado padres y maestros desde el primer biberón y el ABC: “Patria te adoro en mi silencio mudo”. Para situarnos a nivel de bachillerato, jóvenes, esto bastaría para explicar, por ejemplo, por qué los críticos serios del cine ven “obras maestras” donde los anarcocinéfilos soportamos hasta donde podemos cintas soporíferas interminables como las que produce el “nuevo cine danés”, o por qué a un poeta místico le gusta ir a las corridas de toros, por qué el apuesto y cibernético millonario Fulano se enamora perdida y repentinamente de la idiota y analfabeta Zutana, vendedora de turrones en las puerta de su oficina -las señoras dirían que lo enyerbaron-, o por qué los farcos creen que ellos son los “buenos” y nosotros  los “malos”, o por qué la nueva Alcaldía va a decretar que el Mariachi rocío-durcalero será el nuevo patrimonio artístico musical y cultural de Ciudad Necrópolis (aboliendo el Tango y desconociendo el Vallenato) o, ejemplo cumbre y al dedillo, por qué el ex presidente Gaviria afirmó que el difunto “Pollo López”  había sido “el más grande intelectual colombiano del siglo 20”… ¿De qué país fue presidente el señor Gaviria? En fin, como está sentenciado en tantos proverbios, cada humanoide ve y juzga el mundo según le vaya en él, sea lo que sea “el mundo”, que no existe -según Berkeley- y por lo tanto, saltando abruptamente a Nietzsche, puesto que Dios no existe todo está permitido.

El recordado cómico neoyorkino Jerry Seinfeld solía referirse mucho al mundo paralelo o “dimensión fantasma” inventada en las historietas de Supermán, y al parecer cada uno de nosotros vivimos subjetivamente en una de esas zonas, sin contacto posible entre los seres, que tampoco “existimos” sino que nos “imaginan”. Esto me explicaría a mí mismo -si es que existo- la razón de que las columnas de “Humo veloz” que más me gustan son precisamente las que más fastidian a la “gente bien”, y las que escribo ponzoñosa y malintencionadamente “bonitas, edificantes y didácticas” son las que merecen que me llamen mis “fans” a congratularme, sin sospechar el cianuro que les he inyectado intravenoso. Atención: La última vez que se miró usted al espejo, ¿se cercioró de que fuera usted, aunque invertido, quien estaba allí?

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