El Sol tras la niebla

Jorge Vega Bravo
Por Jorge Vega Bravo / Vida plena / opinion@vivirenelpoblado.com

Con frecuencia escucho preguntas sobre cómo comprender, acompañar y prevenir la enfermedad de Alzheimer y la demencia senil.

La demencia senil (en mayores de 65 años) es una enfermedad que provoca el deterioro de la memoria y las capacidades del razonamiento y puede ser producida por diferentes condiciones, desde una meningitis a una enfermedad degenerativa del cerebro, como el Parkinson.

La enfermedad de Alzheimer, descrita por el neurólogo alemán Alois Alzheimer en 1904, es una forma de demencia que puede aparecer en edades más tempranas y sus síntomas se van agravando, hasta llevar, en algunos casos, a la muerte del paciente.

Publicidad

En estas dos condiciones hay un dramático proceso de separación de la conciencia de la individualidad (el Yo), que ya no acompaña al alma y al cuerpo en los procesos vitales. En la enfermedad de Alzheimer es el sujeto el que desaparece y empieza un proceso de deslizamiento lento, donde “el espejo en el que la persona construía su unidad cotidiana se ha resquebrajado y poco a poco deja de reconocerse en él o no desea hacerlo…”1.

Nuestra individualidad se relaciona en lo físico con el ADN y en lo anímico-espiritual con el corazón y la sangre, que portan la identidad. R. Steiner afirma que el corazón es el sol interior y el portador de la individualidad. En el Alzheimer el sol del paciente brilla a lo lejos, está separado, oculto tras la niebla y no calienta con sus rayos al enfermo. Por momentos hay tormentas donde el pensamiento y el lenguaje son incoherentes y no tienen sentido ni el espacio ni el tiempo. Hay una pérdida del autorreconocimiento, de la memoria reciente y de la memoria de la propia vida. “La enfermedad de Alzheimer es una deserción… ha llevado a término la desaparición de sí y no le da cuentas a un mundo que ya no comprende o no quiere comprender… Ya no se reconoce a sí mismo, pero no lo sabe, es la única persona que lo ignora” (Le Breton).

Solamente las formas precoces de la enfermedad, las que aparecen entre 40 y 60 años, tienen un componente genético y esto corresponde al 1% de los casos. El Alzheimer “puede ser para algunas personas una manera lenta de dejar el mundo y los seres queridos, que así pueden tomarse su tiempo y prepararse para su ausencia: es una forma de dejar de preocuparse por la propia existencia, poniéndola en las manos de los demás”.
También puede suceder que la demencia surja como “consecuencia de una falta de consciencia, como si el individuo, ahora indiferente a su existencia, se independizara igualmente de su cerebro, abandonara su cuerpo y dejara de sostenerlo”.

Así que no podemos ver el Alzheimer solo como una enfermedad neurológica o una enfermedad mental y es clara la influencia que tiene la biografía de la persona, la manera como vivió, como construyó su destino, como fueron sus hábitos alimenticios y sus ritmos. En definitiva, el autocuidado es un buen camino para preparar la vejez.

Abordaré en próximas entregas: cómo acompañar a un enfermo con Alzheimer y cómo prevenir la enfermedad.

1 david le breton. desaparecer de sí. una tentación contemporánea. siruela. 2016.

Publicidad