El riñón, órgano arquetípico

Sabemos que el sistema renal es el asiento del cuerpo emocional, ligado al alma, al aire

/ Jorge Vega Bravo

Este órgano, con forma de semilla, ha sido estudiado de forma parcial por la fisiología convencional. Se destaca su función excretora y de filtro de la sangre, y sorprende constatar que por él pasan 1.500 litros de sangre en 24 horas. Es el órgano más irrigado por la circulación arterial (Otto Wolff), y no trabaja solo; otros modelos médicos hablan del sistema renal: riñón, vejiga y glándula suprarrenal. Pasemos, a vuelo de pájaro, por otras funciones de este órgano simétrico que recuerda a un cerebro exiliado de su territorio.

Un elemento de la fisiología renal –planteado por la medicina china y retomado por R. Steiner– es que el riñón controla el organismo aéreo. El pulmón es sólo el órgano ejecutante y portador del aire. Así como el hígado regula el organismo acuoso, el riñón controla el aéreo. Este concepto –complejo y difícil– se puede entender al observar los fenómenos que acompañan la dificultad para respirar. Por ejemplo, el asma suele tratarse con sustancias de las suprarrenales: adrenalina, corticosteroides. En acupuntura, las asmas más graves las tratamos desde los circuitos del riñón. La embriología nos ayuda a entender la relación del riñón con el aire. El riñón embrionario se forma como “preriñón” en la zona de la garganta, ligado a las vías aéreas. De allí, desciende hasta la región sacra y luego asciende y se ubica en la zona lumbar. Este descenso y ascenso está ligado al carácter del riñón y lo evidenciamos en la anatomía de sus túbulos. Es el único órgano abdominal doble y simétrico, y se ubica por fuera del peritoneo. Uno puede comparar la anatomía del riñón–vejiga (ver gráfica) con la de la cavidad faríngea y los oídos. Y así como el riñón se ubica atrás y “afuera” de la cavidad abdominal, las orejas están atrás y afuera del contorno de la cabeza. La forma externa del riñón y la oreja son analógicas. Y esto es más que un juego: cuando hay una malformación de la oreja en un bebé, investigamos malformaciones del riñón. Hay una afinidad esencial entre estos dos órganos.


De otro lado, podemos observar cómo la estructura interna del riñón –el glomérulo– es semejante a la estructura que encontramos magnificada en el ojo humano. Con miles de ojos (aproximadamente 1’200.000 glomérulos en cada riñón) este órgano es llevado a mirar en el océano de la sangre. Podemos experimentar la actividad renal como un mirar dentro de la sangre para mantener ese ambiente donde muchas sustancias tienen que estar en los niveles adecuados. Y aunque parece condenado a excretar, el riñón tiene la noble tarea de regular el desorden que creamos adentro, de limpiar lo que contamina nuestra naturaleza corporal (Karl König).

En la medicina antroposófica sabemos que el sistema renal es el asiento del cuerpo emocional,  ligado al alma, al aire. Pensemos en el efecto diurético de un impacto emocional o de la ingesta de cafeína. El riñón excreta sustancias nitrogenadas, principal componente del aire. Steiner llama a la orina “momia del cuerpo emocional”; ella es estéril y porta las sustancias que en el metabolismo fueron llevadas al ámbito de lo muerto. Los antiguos podían tener una imagen del estado emocional observando la orina. En nuestro año rural vi en los curanderos negros del Chocó el arte de diagnosticar “leyendo” la orina del enfermo. Pero aún nos falta aire.

Coda: Me llegó de la Feria Internacional del Libro de Bogotá una joya: La enfermedad y la cura. Conceptos de una medicina diferente, de Annette Herckoff. FCE. Los conceptos de enfermedad y salud en 12 sistemas médicos antiguos y recientes, con sus bondades y limitaciones. Queda la claridad de que el ser humano –sano o enfermo– debe ser observado desde un punto de vista amplio.