El pulmón

En nuestro tórax, y en toda la columna, somos músicos: allí resuena la melodía de las esferas con leyes universales

/ Jorge Vega Bravo

Es uno de los órganos cardinales. Ya había escrito sobre el hígado-agua, el corazón-fuego y el riñón-aire, y culmino con el que es considerado el de la tierra. Aunque por su función respiratoria parece ser un órgano-aire, el pulmón nos pone en relación con el mundo exterior y solo empieza a funcionar cuando nos volvemos seres terrestres: es el órgano de la encarnación. Con la primera inspiración, el alma (anima=aire) se liga con los cuerpos físico y vital. En la muerte, expiración, se separa de nuevo. El pulmón está tan ligado al sistema nervioso (polo frío) que podemos modificar la respiración desde la conciencia (V.Bott). Con una temperatura promedio de 35.5°, no tolera el frío exterior. “Nunca el pecho ni los pies fríos”, decían los antiguos.

Los alvéolos pulmonares están recubiertos por una cantidad de pequeños vasos sanguíneos. El aire que viene del exterior se confronta directamente con lo más interno del ser humano: su sangre. Esta confrontación directa entre exterior e interior es una de las características del pulmón; la sangre azul que llegó del corazón, cargada de CO2, se transforma en sangre roja oxigenada. La estructura y la función de este órgano pueden ser comparadas con las de un árbol, invertido y sumergido en el interior de la caja torácica, cuyo tronco son tráquea y laringe; los millones de alvéolos, las hojas. De ahí que en anatomía se hable del árbol bronquial. Un árbol tiene el aire afuera y sus hojas absorben CO2 y emiten oxígeno. Un pulmón tiene el aire adentro y, por el contrario, absorbe oxígeno y emite CO2. Sin embargo, ambos reaccionan igual frente a la polución del aire. Una investigación de la U. de Münster revela que la curva de los daños provocados en los bosques en Alemania, corre paralela a la curva de frecuencia de la tos (W. Holzapfel).

El pulmón constituye, con el corazón, el sistema rítmico humano. Estos dos órganos no reposan, pero no se fatigan en la medida en que mantienen el ritmo. La salud vive en el ritmo. El tórax humano, tiene una estructura que es una síntesis de cabeza y miembros. Vista en conjunto, la caja torácica recuerda la estructura cerrada del cráneo. Pero las costillas y la columna recuerdan las extremidades. En el sistema rítmico tenemos una estructura y una función musicales. La respiración y el corazón pulsan con un ritmo musical (1:4) y en la columna torácica hay una organización musical: de las 12 vértebras torácicas, siete están unidas a costillas verdaderas –llamadas así porque se cierran en el esternón– y cinco a costillas falsas –que no terminan en él–. El siete corresponde a la escala diatónica (las siete teclas blancas del piano) y se relaciona con lo estructurado, lo contorneado, lo que tiene leyes armónicas precisas; es música tonal, que lleva a la conciencia despierta. El cinco nos ubica en la escala pentatónica (las cinco teclas negras del piano) y se relaciona con lo abierto, lo que renuncia a la experiencia de la cuarta y de la octava; es música que flota y lleva a la ensoñación. En nuestro tórax, y en toda la columna, somos músicos: allí resuena la melodía de las esferas con leyes universales.

Coda: Experiencia auditiva de alto nivel estético, vivimos en el concierto de aniversario número 28 del Teatro Metropolitano de Medellín. La Academia de St Martin in The Fields y el violinista Joshua Bell nos dieron una cátedra de interpretación orquestal y virtuosismo. Unidad en los diferentes grupos de la orquesta y en el conjunto; alta calidad en la dinámica y el manejo de las formas. El sonido del violín Stradivarius de Bell, penetrante y conmovedor.
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