El poder del asombro

Maravillarse es un don que habita en el corazón de la razón. Un espacio que habita el ser, misterioso y cultivable. Somos testigos del universo, de la tierra, de la humanidad, de la vida. Somos la manifestación de toda la potencia creadora y somos esa potencia por la necesidad de ir más allá de nosotros, como expresión de lo que nos habita y nos exige generosidad: la vida es maravillosa, amamos la vida.
La vida se nos da, es un regalo. Lo que vive no lo hace al azar y, nos repite Spinoza, todo hace un esfuerzo por vivir. Hay un lazo entre el Hombre y toda la existencia, que lleva el sello del deseo y la generosidad. De ahí todo nace y todo evoluciona, a pesar de los momentos que atravesamos bajo el peso arrogante de la energía negativa, de la angustia. De una angustia que puede llegar a ser violenta, el miedo a morir.
La naturaleza y el Hombre se renuevan en el esfuerzo permanente por vivir. ¡Asombro! La lucha por vivir, por existir, que en el ser humano se concreta por las metas y proyectos que incesantemente nos fijamos. Esa es la forma de inscribirnos en la obra de la creación, de participar, de dejar de ser espectadores pasivos. Hacer, crear, no simplemente ser; participar, co-crear con humildad1. Ser y hacer son los elementos que hacen la vida maravillosa. Es lo que permite que la existencia vaya mas allá y genere vida, actúe y dure.
Ser y hacer se oponen, pero los opuestos siempre se complementan. El sol y la luna, masculino y femenino, vacío y plenitud. “El ser humano es lo que es, porque hace lo que es”2. Detrás de lo que hacemos en nuestra vida cotidiana se encuentra el ser que actúa. Aristóteles decía que uno trabaja ¡para no tener que trabajar! Si esculcamos un poco nuestra vida vamos a encontrar que estamos guiados por la razón de la sinrazón.
Esa es la generosidad del principio vital, de la existencia. El amor que crea la vida, la humildad, ahora sí de humus, que la perpetúa. El amor que nos ata para liberarnos, para hacernos sentir libres. El amor que conduce a maravillarse, a sorprenderse, que permite la belleza de la creación, de crear. De hacer. De hacer belleza, que es una buena razón. “La rosa sin un porqué, florece porque florece, no presta atención a ella misma, no se pregunta si uno la ve”3.
Y la sorpresa frente a lo que nos trae el futuro es el motor para hacer y seguir siendo en el amor, que es lo que genera el milagro. ¡No dejemos de mirar, de oír, de tocar, para que la energía permanezca y la capacidad de maravillarse nos acompañe siempre!
1. La palabra humildad viene de humus, tierra. La tierra que permite que la semilla crezca, que la semilla en su interior se enriquezca antes de manifestarse como presencia.
2. Bertrand Vergely
3. Angelus Silrsius
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