El peso de la forma

     El peso de la forma 
     El asombro de los demás casi siempre nos causa asombro. Por ejemplo, el asombro que sienten algunos cuando las noticias judiciales sobre el crimen organizado son encabezadas por personas de su mismo grupo social o económico -cuando el detenido es el hijo de fulanita, y no un tipo feo conocido por un alias aterrador- no deja de asombrarnos a nosotros. Nos asombra que haya personas que se imaginen a los delincuentes como personajes ajenos a su realidad, como seres de otro mundo. Da la impresión que creen que los ladrones usan uniforme de ladrones y se tapan la cara con un antifaz, como los Chicos Malos que quieren robarle a Tío Rico.
    Nos asombra que haya quienes piensen que personas educadas solo en la adoración del dinero y de la habilidad para sacarle ventaja a los demás, sean el ideal del emprendimiento y el liderazgo. Y nos asombra que haya quienes se sorprenden porque estos personajes usen su cultivada capacidad emprendedora y su liderazgo para actividades criminales, en el peor de los casos, o simples avivatadas, en la vida cotidiana. Las formas y el respeto por ellas, son vistas por muchos líderes y emprendedores, de los que abundan en este valle, como un obstáculo en su camino. Por eso nos asombra que haya quienes se asombren con situaciones como las descritas arriba.
    Hacemos parte de una sociedad en la que el respeto por las normas y los procedimientos no es bien visto por todos. De ahí que la manera como solucionamos nuestros conflictos no se atenga a reglas comúnmente aceptadas. Nuestro pequeño entorno se caracteriza, entre otras cosas, por un aire unanimista cada vez más fuerte, de ahí que el disenso y el debate sean vistos como una anomalía. Si no tenemos conflictos, no necesitamos métodos, normas y procedimientos para resolverlos. No hay normas para respetar.
    En otras partes dicen que uno de los pilares de las sociedades democráticas es el respeto por las normas y los procedimientos para resolver las diferencias, sobre todo cuando los ciudadanos tienen distintas, muchas veces opuestas, visiones morales, políticas, estéticas, religiosas, etcétera, del mundo. Nosotros creemos en eso. Y ese respeto por las normas y los procedimientos va más allá de los asuntos de la vida pública, y entra en el terreno de las actividades económicas, laborales y familiares. El que no tengamos un respeto común por las normas, por las formas de la vida en sociedad, es terreno abonado para que personajes como los descritos antes, se hayan vuelto una realidad cotidiana.
    Esa calidad del ventajoso, del vivo que vive del bobo, es una muy mala y perjudicial versión criolla del emprendimiento y el liderazgo. Y en esa versión se formaron muchos de los líderes que tenemos y de los que podríamos llegar a tener.