El nuevo Orquideorama

El nuevo Orquideorama

De la edición impresa (Edición 306)

Será seguramente con la tradicional exposición de Orquídeas, pájaros y flores como todo el público visitante a la Feria de Las Flores del próximo año podrá acercarse al nuevo Orquideorama del Jardín Botánico, una de las obras más importantes dentro de la nueva renovación del centro de la ciudad, y hacia donde confluye el muy bien logrado Paseo de Carabobo, todas construcciones en las que esa administración ha jugado un real papel protagónico. La nueva y espectacular sede para el tradicional espacio, muy reconocido dentro del Joaquín Antonio Uribe por propios y extraños, será realidad en julio de 2006 y a partir de ella misma serán otros y muy importantes los cambios de esta increíble reserva natural de Medellín. Mediante concurso abierto, varios equipos de expertos tuvieron a su cargo la presentación de proyectos que debían no solo cumplir con expectativas técnicas y logísticas y que, además, se tratara de un edificio para nada competencia de su propio entorno vegetal sino más bien que logre mimetizarse en él. Las interpretaciones fueron variadas, todas muy buenas, pero sin duda la que mejor refleja el sentido del proyecto es la presentada por el grupo que conformaron Plan B y JPRCM, del primero los arquitectos Alejandro Bernal y Felipe Mesa y del segundo J. Paul Restrepo y Camilo Restrepo, precisamente los ganadores de la convocatoria y que obtuvieron gracias al minucioso análisis que los llevó a encontrar un punto intermedio entre la relación de arquitectura y organismos vivos.

Las formas de la naturaleza, su geometría perfecta, han sido para muchos los artífices de grandes y novedosos proyectos que apropian la perfección de sus formas y de su función para dar pie a su reinvención, como precisamente lo hicieron los arquitectos ganadores, quienes se basaron, como principio fundamental, en los hexágonos de la nada caprichosa forma de un panal: módulos de estas características se unen en unidades de siete y precisamente su versatilidad aporta la movilidad y posibilidad de expansión, en la que, como ellos mismos lo definen, también se trata de la misma forma como se siembra un jardín: una flor va creciendo al lado de otra, hasta que definen un poblado multicolor pero que, a la hora de observar el conjunto solo detenta lo orgánico como principio fundamental.