El Mediterráneo de nosotros

Queda en Turbo, donde llegan en estampida perseguidores de otro sueño: el americano. Y se quedan atrapados en el limbo del puerto, a merced de los traficantes que abusan de ellos como les da la gana

/ Etcétera. Adriana Mejía
 
En septiembre del año pasado, el mundo se estremeció con la foto de Aylan, el niño kurdo que botó el mar en una playa de Turquía, luego de que naufragara la embarcación en la que junto con sus papás y hermanito se dirigía hacia la isla griega de Kos, huyendo de la carnicería siria, camino a Canadá.

No contaban con que la aldea global que habitamos es hostil. En ella, manos poderosas tumban alambradas para que mercancías y capitales traspasen libremente cualquier frontera, al tiempo que levantan muros para que los seres humanos se estrellen en su trasegar. (Suena a Trump).

Mientras más del siglo XXI son la geopolítica y la geoeconomía –esta última la que en realidad manda–, más difícil es para hombres y mujeres del común nadar contra las corrientes de los intereses que subyacen en las relaciones hemisféricas.
Cuando el señor Kurdi, dueño de nada sobre la tierra, perdió lo único que daba significado a su vida, ahí sí el gobierno canadiense le ofreció el asilo que reiteradas veces les había negado a él y a su familia.

Para qué.
Ya las razones para luchar por un futuro promisorio se las había tragado el mar. Como se ha tragado las de miles y miles que se han visto obligados a huir tras el sueño europeo. Entre morir en el intento o morir en guerras que no son suyas, prefieren lo primero. (¿Se acuerdan de las más de 900 personas que se ahogaron frente a la isla italiana de Lampedusa?)

Lo paradójico es que, gracias a que la vida humana ha perdido valor, el transporte ilegal de migrantes ha generado jugosas ganancias a coyotes y empresarios. (La geoeconomía, señores).

Y Colombia no es ajena a este drama universal que de manera recurrente ocupa la atención de las televisiones haciendo a muchos cambiar de canal porque qué-impresión.

Antioquia, por ejemplo, también tiene su Mediterráneo. Queda en Turbo, tan cerca y tan lejos.
Allá llegan en estampida perseguidores de otro sueño: el americano.
Y se quedan atrapados en el limbo del puerto, sin posibilidades de avanzar o retroceder –ahora más con la frontera panameña cerrada-, a merced de los traficantes que abusan de ellos como les da la gana. (El problema humanitario parece haber quedado grande a los gobiernos local y central; mucha preocupación, poca acción).
Algunos, en el desespero, pagan lo que sea para lanzarse de bruces a la selva cerrada del Darién, de la que nunca vuelven a salir o, si salen, lo hacen en lamentables condiciones.

Con el sueño convertido en pesadilla.
De acuerdo con datos de Migración Colombia, en lo que va de 2016, los extranjeros sin papeles detectados en Turbo pasan de 4 mil, que comparados con los 2 mil 500 del 2015 demuestran que la garganta del Mediterráneo de nosotros cada vez se hace más y más profunda.

Hay nacionales de Nepal, Somalia, Ghana, India, Pakistán, Siria…, y, por sobre todo, de Cuba. Cerca de quinientos cubanos se encuentran hoy en Turbo, a la espera –dicen–, de que el gobierno los mande a México para pasar por el hueco a Estados Unidos y pedir la residencia permanente, amparados por la Ley de Ajuste Cubano de 1966, la cual, creen, está próxima a ser derogada. Ni riesgos, sería cohonestar con la ilegalidad, les responden voces oficiales. (¿Deportar o abrigar a los inmigrantes que huyen de la violencia y la pobreza?, es la cuestión).

Tan ancho y tan ajeno el mundo, como diría Ciro Alegría. Y tan absurdo: Cuba se encuentra a 170 kilómetros de Estados Unidos, pero quienes salen clandestinamente de la isla tienen que realizar travesías de hasta 8 mil kilómetros por América Latina para poder llegar a la meta. Y en el recorrido, Turbo, por su localización estratégica, es paso tan obligado como peligroso.

Así que redondeemos, don Ciro: ancho, ajeno, absurdo y peligroso.
ETCÉTERA: Y, además, vergonzoso. Según el jefe de Migración Colombia, Christian Krüger, “después del narcotráfico y el tráfico de armas, el de personas es el tercer delito más rentable para las bandas criminales”. La humanidad es así, asustadora.
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