El maestro Molano, el encargado de formar un grupo de músicos que animaron el Super Bowl

Juan Felipe Molano es el director de la Orquesta Juvenil de los Ángeles. Vivir en El Poblado habló con él

Juan Felipe Molano dirige una de las orquestas juveniles más importantes de los Estados Unidos, pero sueña con volver a dirige una orquesta en Medellín

Por Daniel Palacio Tamayo

Este antioqueño se ha labrado con esfuerzo sobre los escenarios nacionales e internacionales un reconocimiento por su trabajo con orquestas juveniles. Actualmente está al frente de la Orquesta Juvenil de Los Ángeles (YOLA), de donde se seleccionó un grupo de jóvenes para hacer una presentación en uno de los espectáculos deportivos más vistos en el mundo. Sueña con volver a dirigir en su ciudad.

Juan Felipe, ¿cómo ha sido el camino recorrido hasta llegar a ser el director de la Orquesta Juvenil de los Ángeles?
“El camino ha estado lleno de retos muy interesantes, me siento muy afortunado por todas las oportunidades que se me han presentado, aunque ninguna de ellas llegó por azar, para abrir cada puerta tuve que trabajar fuerte, persistir y poner mucha pasión”.

Cuéntanos sobre la Orquesta
“Las Orquestas Juveniles de los Ángeles es un programa de la Filarmónica de Los Ángeles que brinda una intensa formación en diferentes comunidades de alta vulnerabilidad en la ciudad. Cuenta con más de 700 alumnos en 7 orquestas, quienes además de presentarse en sus comunidades tienen la oportunidad de tocar en grandes escenarios como el Walt Disney Hall, Hollywood Bowl, así como en teatros de Japón o Inglaterra, entre otros”.
Un grupo de jóvenes de la Orquesta estuvo en la presentación del espectáculo en el Super Bowl 50.

¿Cómo fue la experiencia?
“Fue un proceso muy intenso bajo un absoluto hermetismo. No podíamos divulgar más detalles como las canciones que se interpretarían o imágenes del proceso que duró como dos meses. Primero recibimos los arreglos y empezamos el montaje de las obras simultáneamente con una formación en expresión y actuación para los alumnos. Luego grabamos por varios días con la participación de Chris Martin, y finalmente, se fusionaron con la coreografía”. 

En Medellín se ha hecho un trabajo intenso con la Red de Escuelas de Música y algunos le han atribuido ese poder de alejar a niños y jóvenes de los malos pasos. ¿Qué tan poderosa es la música como transformación social? 
“La música tiene la propiedad de exaltar cualquier emoción a un grado máximo, por lo tanto genera un cambio real e indiscutible en las personas. Lo que verdaderamente se ha convertido en un éxito es el modelo Orquesta – Escuela. Lo que realmente ha realizado una transformación social es la participación activa de las familias, gracias a las oportunidades que estos niños tienen de tocar en grandes escenarios, con artistas reconocidos, pero sobre todo, cómo este grado de excelencia y de sensibilidad artística se traslada a una cultura ciudadana donde los valores se convierten en hábitos positivos para todos”.

Cuéntanos un poco del papel de un director de orquesta. ¿Qué perfil se requiere?
“El director de orquesta, de coro o cualquier ensamble instrumental o vocal, tiene la labor de sacar lo mejor de cada uno de sus intérpretes, incluso lo que cada uno nunca sospechó que era capaz de hacer, para ponerlo al servicio del ensamble”.

En la dirección de la Orquesta le da su toque personal
“En la medida que como director de orquesta pueda seguir incorporando el repertorio latinoamericano, con el repertorio tradicional, los compositores contemporáneos e incluso la integración de lo sinfónico con las músicas populares, estaré no solamente brindando un menú muy variado y nutritivo para el público, sino que además puedo contribuir a divulgar el talento de nuestra tierra”.

¿Hace cuánto no viene a Medellín? y cuando viene, ¿qué le gusta hacer?
“Extraño mucho hacer música en Colombia. Espero tener pronto la oportunidad de enseñar y dirigir allá, especialmente en Medellín. Cuando voy de paseo con mi esposa y mis hijas a visitar la familia y amigos, lo que más nos gusta es ir a comer, “puebliar”, recorrer el Centro, ir a “finquear” y comer la bandeja paisa el primer día de llegada es ¡impajaritable!