El límite es 60 km/h

    El límite es 60 km/h
    Dice mucho de todos nosotros como sociedad la forma como hemos recibido la implementación de las fotomultas de tránsito. Muchos las apoyan y piden la aplicación draconiana del Código de Tránsito… siempre y cuando no sean ellos los multados. Las protestas y reclamos airados vienen principalmente de quienes han sido sancionados. Ahora es cuando muchos vienen a pensar en la señalización de las vías, la calidad del pavimento, los cruces peatonales, los semáforos en rojo (y en amarillo), los límites de velocidad, en fin, en todas esas cosas en las que nunca han pensado al conducir un carro.
    Más de 40 mil personas han sido multadas gracias a las cámaras de vigilancia vial, y podrían ser muchas más si consideramos que las cámaras solo están ubicadas en algunos lugares estratégicos de la ciudad y no en todas y cada una de las calles. Para la muestra están los límites de velocidad aplicables en el Sistema Vial del Río. 60 km/h es, para muchos, una velocidad muy baja para la circulación vehicular. Salvo dos carriles con límites superiores, la velocidad máxima permitida es 60 km/h, y por conducir por encima de ese límite miles han sido sancionados.
    En la práctica, el ritmo general de circulación en esa vía es superior al límite máximo (60 km/h). Conducir por allí dentro de los límites estipulados por la ley es ir más despacio de lo que va el tráfico vehicular en un día cualquiera y, repetimos, eso dice mucho de nosotros como sociedad.
    Tiene razón el Secretario de Tránsito cuando dice que debemos cambiar nuestro chip de conducción (son sus palabras) para adaptarnos al nuevo contexto en el que la seguridad general es más importante que la ilusión de velocidad que da acelerar por unos pocos cientos de metros en la autopista (finalmente siempre se llega a un taco). Sus argumentos sobre la seguridad, disminuir el número de accidentes, salvar vidas y cumplir la ley son sólidos pero de alguna forma abstractos para mucha gente. Más claro es cuando dice que 60 km/h es el límite máximo de velocidad en la Vía Distribuidora y en avenidas de categoría similar, no la velocidad de circulación, y que al conducir sin sobrepasar ese límite no se pierde mucho tiempo; quizás un par de minutos a lo sumo. Ese es un precio muy bajo para el beneficio prometido: disminución de la accidentalidad.
    No obstante, cumplir la ley y salvar vidas parecen palabras vacías dada la actitud de muchas personas frente a las fotomultas… y aunque suene extraño puede ser comprensible. Las dudas frente a la imparcialidad del proceso -que todos los que hagan lo mismo que yo reciban el mismo tratamiento que yo- no han sido del todo aclaradas de forma satisfactoria, a pesar del esfuerzo del Secretario de Tránsito. Quizás los previsibles resultados de mejora en la seguridad vial, sumados al paso del tiempo y a la costumbre, logren el objetivo. Eso también debería decir algo de todos nosotros como sociedad.