El futuro pertenece al subdesarrollo

  Por: Juan Carlos Franco  
 
Una de las lecciones más claras de la crisis actual, especialmente para los inversionistas en propiedad raíz estadounidense, es que las cosas ya no suben simplemente porque el tiempo pasa. Lo mismo las acciones, en cualquier parte del mundo. Ya se sabe que podrían no subir, podrían incluso bajar de manera dramática y quedarse ahí por años hasta que vuelva el próximo ciclo, y así sucesivamente.
En realidad la economía no crece simplemente porque el tiempo pasa. Hay razones mucho más de fondo. La más importante a lo largo de la historia, especialmente los últimos 150-200 años, es que la población ha aumentado continuamente. Siempre ha habido más bocas que alimentar este año que el anterior, siempre más gente queriendo casa, siempre más jóvenes comprando su primer vehículo, etc. Y lo fundamental: Siempre ha habido más empresas y más gente trabajando que antes.
Pero el mundo que nos espera dentro de muy pocas décadas, especialmente en los países desarrollados de hoy, trae como novedad que la población ya no crecerá. Al contrario, disminuirá. Lo grave es que la proporción de ancianos será mucho mayor que la de hoy, mientras que la de niños y jóvenes será muy inferior. Pero lo realmente crítico es que la proporción de personas en edad de trabajar (y cuyos ahorros sostienen a los retirados) será bajísima: En lugar de haber, como antes, unas 5-6 personas trabajando por cada anciano, en el futuro no muy lejano en muchos países sólo habrá entre 1,5 y 2,0. ¡Realmente insostenible!
Se está formando la tormenta perfecta: Parejas sin hijos o sólo con uno, edades de retiro bajas (un poco por encima de los 60) y vidas muy largas después del retiro, gracias a los avances en medicina, nutrición, actividad mental y ejercicio físico. Ah, y además dichos países repudian admitir inmigrantes como trabajadores legales llegando al extremo de construir muros infranqueables…
¿Quién va entonces a trabajar en sus empresas dentro de 30 años? ¿Quién les va a comprar los productos? ¿Y a quién le van a vender los retirados de entonces las acciones y otros activos financieros que hoy conforman sus pensiones, y que necesariamente tienen que empezar a liquidar cuando les vaya llegando el retiro?
La respuesta a las tres preguntas es simple: Los países en desarrollo. En la mayoría de estos los patrones demográficos son muy diferentes, casi opuestos. Sus poblaciones seguirán creciendo y contarán todavía con cantidad suficiente de adultos en edad de trabajar para sostener a los ancianos, que serán menos pues no vivirán tanto. Sus empresas crecerán más y muchos de estos países –no todos, obviamente- tendrán excesos de capital que en alguna parte tendrán que invertir.
Los más significativos serán los árabes, chinos, rusos, tailandeses, hindúes, indonesios y algunos latinoamericanos y africanos. Por medio de los llamados “fondos soberanos”, que son instrumentos de inversión propiedad de los respectivos gobiernos, de manera gradual pero inevitable comprarán participaciones cada vez mayores en un número cada vez mayor de empresas norteamericanas y europeas.
Algunos países desarrollados, como Canadá y Australia, inteligentemente desde hace años promueven campañas de inmigración pues tienen claro que sus economías no son sostenibles con poblaciones decrecientes. Otros, como Estados Unidos y los europeos de mayor desarrollo actual, dentro de poco se llevarán una desagradable sorpresa pues sus habitantes se enterarán de que muchas de sus simbólicas compañías ya no les pertenecen realmente. Sus dueños, entre otros, serán los gobiernos de Nigeria, Qatar, etc…
En una cruel pirueta del destino, tendrán que salir por el mundo a buscar inmigrantes con urgencia. Mejor dicho, ¡de nosotros no se escapan!

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