El estoicismo

 
 
El estoicismo
 
   
 Adaptación del texto: Aristóteles y el Aristotelismo,
de Beatriz Restrepo Gallego.
Por:
Ricardo Gil Barrera
 
 
La escuela del estoicismo nació en Atenas, aunque muchos de los filósofos que participaron en ella provenían de diferentes lugares de Grecia. Su fundador, Zenón de Citio (336-264 a. de C.), llegó a Atenas hacia el año 315 a.de C. La escuela estoica toma su nombre del lugar en donde enseñaba Zenón en Atenas, (pórtico pintado). Diógenes de Seleucia llevó la escuela a Roma en el año 156 a.de C., y será la filosofía más característica de la República y del Imperio romano, tal como se verá en Cicerón, Séneca, Epicteto y Marco Aurelio, el emperador filósofo. El estoicismo hace su aparición tratando de resolver dos cuestiones: La idea de individuo y la idea de universalidad. De las ideas estoicas se valieron los romanos para perfeccionar y llevar al punto más alto el estudio de la jurisprudencia romana desde mediados del siglo III, y determinaron la transformación del ius quiritae hacia el Ius civile, Ius Gentium y Ius naturale. Los estoicos consideran que el hombre no sólo es un animal político sino también comunitario, y que se encuentra sujeto a un derecho natural. La filosofía estoica tiene como papel forjar las más altas virtudes en el hombre y a la vez servirle de consuelo.
Hablemos del pensamiento político estoico, y atendamos las exhortaciones de Epicteto, un estoico tardío. Él considera que el hombre debe preferir el cuidado del cuerpo sobre el alma, y en lo que atañe a las relaciones entre los ciudadanos, él debe observar los deberes que le son impuestos, y que así como suceden las relaciones de hijo a padre deben ser las de ciudadano a gobernante. También dice que cuando los hombres se ocupan de sí, siendo verdaderos y honestos, cuando cuidan de sí y prefieren la transformación de su espíritu hacia categorías superiores del entendimiento, de manera complementaria e incidental, también se ocuparán del otro. Pero que también pueden ocuparse del otro de manera intencionada, como cuando hacen el bien y quieren y ejecutan lo mejor para el otro. Dice que el hombre que cumple los deberes que le son impuestos según el destino divino, también cumplirá las leyes que gobiernan en el Estado y a las cuales debe sujetarse irrestrictamente con valor y sabiduría. Dios es quien atraviesa las cosas, dando justicia, como el sol que atraviesa los cuerpos calentándolos según medida, y a otros purificándolos; así, el preceptor supremo da la medida del acto humano. Epicteto considera que un gobernante que tenga presente la muerte, el destierro, la peste, la enfermedad, etc., nunca dará cabida en su ánimo a bajeza alguna ni anhelará nada en demasía. En suma, será sensato.
Finalmente hablemos de Marco Aurelio, él persuade a los hombres a vivir para morir (como diría Pompeyo, navegare necesse, vivire non, navegar es necesario, vivir no), y a que todos sus actos deban partir desde la interioridad misma en donde se reflexiona del paso que se da, con prudencia, y con justicia si se trata de la interacción con el otro. Por eso los males que se anuncian a la puerta, vienen porque los hemos llamado. Él estaba convencido de que había sido ungido por los dioses para culminar la epopeya de sus predecesores, pero él creyó que sólo podía ejercer su imperium elevando la conciencia de su pueblo, para que éste estime como máximo fin el bien común. La honestidad es guiada por la providencia, y de esa manera, más vale decir lo verdadero a pesar de que sobre quien lo diga recaigan tremendos males, o los sufran otros, bien sean amigos o enemigos, amados u odiados. El mundo es un Estado universal y todos participamos del principio unificador que es Dios, única razón para esclarecer el linaje del hombre y la posibilidad que éste tiene de entender y acatar la ley, que a su vez es el presupuesto de la política. Marco Aurelio supo como nadie, que se es gobernante olvidando que se es, cumpliendo sus obligaciones como un hombre cualquiera: honesto, puro, grave, natural, amigo de la justicia, piadoso, benevolente, afectuoso, firme en el cumplimiento de los deberes. Los estoicos enseñan que la naturaleza reclama la honestidad de un hombre, así la fortuna le hubiere ubicado en el desempeño de un papel servil o en el de ser emperador de Roma.