El espacio público tiene dueños

Inconformidad en El Poblado
El espacio público tiene dueños
Residentes piden al Municipio evitar esta territorialización


Ciclovía avenida El Poblado

La ocupación del espacio público en las principales avenidas y algunos sectores de El Poblado es una de las grandes inconformidades que tienen sus habitantes, pues lo asocian con las situaciones de inseguridad. Así se evidenció en la audiencia de seguridad convocada por la JAL, que se realizó recientemente en la Universidad Ces y que contó con la presencia de la Secretaría de Seguridad, la Vicealcaldía de Seguridad y la Policía de El Poblado. El tema de seguridad exaltó los ánimos de los asistentes con las denuncias de los robos de carros y celulares, extorsiones, vacunas, abuso sexual, el uso de escopolamina y el microtráfico de sustancias ilícitas, entre otras situaciones que pidieron a la Administración no ocultar. También se enfatizó en que es el espacio público el escenario de estas situaciones.

Para José Fernando Álvarez, líder de la Mesa Ambiental de El Poblado, “lo que pasa en el espacio público es una de las principales causas para los problemas de convivencia”. Entre otros asuntos, llamó la atención sobre el aumento de venteros en la ciclovía de la Avenida de El Poblado: “Se nos está volviendo un Hueco. Se encuentran cds, películas, estuches de celulares, ropa deportiva, ganchos para ropa, minutos a celular… y por estos venteros se generan varias situaciones de inseguridad. El vendedor tiene sus derechos, pero cuando no hay control se genera el desorden. Al de la calle se va sumando el que abre el plástico y así sucesivamente, obstaculizando el paso de las personas. El problema es que se van acomodando de a poquito y terminan convirtiéndose en dueños del lugar”, afirma Álvarez.


Ciclovía avenida El Poblado

También destacó como puntos críticos la loma del Club Campestre, entre la Inferior y la Avenida de El Poblado. “Allí hay al menos 15 negocios que deterioraron la zona verde. Es un lugar donde además de aumentar los venteros por el taco vehicular, hay mayor auge de atracos. Así mismo, entre el C.I San Fernando Plaza y la calle 7 y en el sector de la gruta de la Virgen, ya se están alquilando espacios”. Otras zonas en las que se denunció que hay saturación de vendedores informales son el tramo entre Oviedo y el Hotel Estelar, La Frontera y el Parque de La Presidenta. A este último, además, se lo han tomado habitantes de calle, quienes duermen bajo las tablas del escenario y se bañan en la quebrada.

Los asistentes a dicha audiencia también se quejaron por lo que consideraron un abandono del espacio público en El Poblado durante un lapso de tres meses, entre finales de 2013 y principios de 2014. Esto lo atribuyeron no solo a que la atención se fijó en otros eventos de ciudad sino a la terminación de contratos de la administración municipal y la demora para renovarlos. “Pasó diciembre y no ha pasado nada. Hay una presencia pero no es efectiva. Más de un mes permanecen los eventos en los pasacalles y las calles se vuelven parqueaderos en cualquier momento. Es hora de que Espacio Público dé su informe”, enfatizó Álvarez, para quien el problema de fondo es la desarticulación entre las diferentes dependencias.
Los habitantes de El Poblado destacaron como un hecho positivo el apoyo de la Policía y en especial del mayor Andrés Pulido, comandante de la Estación Poblado.

Ciudad del Río: invadido por vendedores
Pero la invasión de vendedores informales es igualmente motivo de preocupación en ese sector en pleno desarrollo que es Ciudad del Río. Allí, de la mano de la invasión ilegal del espacio público, se han desatado problemas de movilidad, microtráfico e inseguridad. Alexandra Virviescas, coordinadora de Seguridad y Movilidad de la Junta de Acción Comunal (JAC) de Ciudad del Río, relata: “Hace poco estaba haciendo unas fotografías del parque y escuché a uno de los venteros decir: “Mire, ella es la que se cree dueña del parque y fue la que nos echó a espacio público”. Días antes, las autoridades de Espacio Público se les habían llevado el carro a varios vendedores que luego volvieron.


Parque Lineal Ciudad del Río

Juan Fernando Herrera, administrador del conjunto Torres del Río, agrega: “Nos hemos enterado que hay una sola persona que tiene hasta cuatro carros de ventas y eso ya no es normal, es un problema porque se empieza a cobrar por estar aquí. No puedo aseverar que se esté cobrando, pero puede pasar porque cuando alguien se apropia de un espacio dice quién trabaja y quién no”.

La inconformidad con la presencia sin control de vendedores informales en Ciudad del Río es por el desorden que, según los vecinos, se está generando. Han identificado que algunos camuflan el expendio de droga en la venta del mecato y mangos. Alexandra Virviescas se pregunta por qué si en esta zona están prohibidas las ventas en el espacio público, se hace caso omiso de la norma. Ella misma da la respuesta: “Estamos en una ciudad en donde los espacios públicos tienen dueño y no es el Municipio”.

Manifiestan que desde que se estacionó el primer carro de perros en el sector, los residentes llamaron la atención a las autoridades. Sin embargo, el problema se ha ido expandiendo: los venteros itinerantes que recorrían el parque ya tienen sitio fijo. Lo que era una nevera con gaseosas y cervezas se convirtió en varios puestos que incluyen dulces, comidas rápidas, fritos, frutas, cigarrillos, tinto y minutos a celular. Luego el dueño del puesto pasó a dejar su carro amaneciendo. “En la ciudadela hay alrededor de 30 venteros, entre los fijos y móviles en un día normal y un fin de semana pueden llegar a 70. Algunos de ellos trabajan en las dos jornadas”, agrega Alexandra.

“Queremos que si van a estar, sea de una forma organizada, desde la JAC, en asocio con el Mamm y el Municipio, a través de módulos que conserven el diseño del parque, y que primero se convoque a la comunidad, que también necesita empleo y que es la que está pagando los impuestos de este lugar. “Ya hemos hecho todo lo que hemos podido en las mesas de trabajo. Necesitamos que la Administración responda”, finaliza.

Desde que se estacionó el primer carro de perros en el sector, los residentes llamaron la atención a las autoridades

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