El Divino Niño, Johnny y el mar

South West Bay (Bahía Sur Oeste) Providencia
Foto: Saúl Álvarez Lara
Texto: Saúl Álvarez Lara
Es medio día. Las nubes bajas, densas, presagian lluvia, pero según Johnny, mi amigo isleño, por allí no llueve. A pesar de sus palabras, el Divino Niño con los brazos abiertos para ahuyentar goteras o darles la bienvenida, me obliga a repetir la pregunta. No llueve, responde. Johnny es moreno, pura fibra, alto; maneja una lancha blanca, nada como pez volador o vuela como pez nadador; sus frases son precisas, ni agrega ni quita, dice lo que es. Diecisiete kilómetros tiene la vuelta a la isla, me dijo; a buen paso, en la mañana temprano, toma menos de dos horas. Así es. A otra pregunta sobre la figura en la playa Johnny habla por los dos: vemos el mar. Desde su puesto, recostado contra el tronco que sostiene la figura con los brazos abiertos, él y el Divino Niño escudriñan el horizonte. Ven el mar. Sé que vemos el mismo mar, pero no vemos lo mismo…