El campo es nuestra despensa

Miles de campesinos han empezado a ver el campo como una empresa. Entidades como el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural ayudan en el proceso.

Si se habla de construir país, el campo tiene un papel fundamental. Allí está el sustento diario, mucho de lo que comemos se produce entre montañas y sabanas. Comprar local es una apuesta por el medio ambiente, pero también por la seguridad alimentaria y por la paz.

Estuve en la rueda de negocios que tuvo lugar la semana pasada en Expo Agrofuturo y me encontré con 62 organizaciones de pequeños productores agropecuarios, pescadores y acuicultores que ofrecían su producto al sector de la gastronomía. Por allí pasaron cocineros y gerentes de alimentos y bebidas, entre otros, que querían conocer a posibles proveedores de frutas, verduras y otros insumos que vienen del campo a la mesa. El espacio fue organizado por el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural y su programa Coseche, venda a la fija

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De los que allí estaban, muchos tenían algo en común: venían de poblaciones afectadas por la violencia, que gracias a la implementación de los Acuerdos de Paz regresaron a sus tierras y empezaron proyectos productivos. “El trabajo en el campo es importante para la consolidación de la paz. Por eso debemos hacer lo posible para que la agricultura sea una actividad económica rentable”, me dijo Marcela Urueña Gómez, viceministra de Asuntos Agropecuarios. Luego, hablé con Marta Lucía Castrillón, gerente de Propaís, quien hizo énfasis en que estrategias como estas buscan eliminar intermediarios para que los agroempresarios (atrás quedaron los campesinos) puedan acceder a precios justos.

Recorrí la rueda de negocios y el campo se oye vibrante. Café, cacao, frutales amazónicos, miel, panela orgánica… Claudia Giraldo, de Tejepaz, una cooperativa que tiene base en Granada, me soltó las siguientes palabras: “la mejor forma de apoyar la paz es comprarle al campo colombiano” y su compañera, Paola Orozco, remató diciendo que esa es la “única forma de cerrar la brecha entre la ciudad y el campo”.

Les cuento siete historias, de siete emprendedores del agro que le apuestan a la paz y a la reconciliación desde la siembra.

 

Julie Galiano
Julie Galiano

Ammuan

Los proyectos agrícolas tienen algo más por lograr. En el caso de la Asociación de Mujeres Productoras de Miel de Anorí, se buscaba empoderar a las mujeres. Hace tres años apareció la idea de que pudieran tener una propuesta productiva: crearon la marca Apinorías, que rinde homenaje a una cacica indígena.

 

 

Claudia Giraldo y Paola Orozco
Claudia Giraldo y Paola Orozco

Tejipaz

Esta organización del municipio de Granada quiere hacer tejido social y aportar a la paz a partir de la agricultura. Con la ayuda de Urbania, en Medellín, tienen su propia marca de café: Tejipaz, un producto que hace referencia a la memoria, “porque fueron los mayores los que nos enseñaron a cultivar”.

 

 

Lucila Mosquera
Lucila Mosquera

Frutos Típicos del Chocó

Cuarenta integrantes se asociaron en la Red Departamental de Mujeres Chocoanas. Iniciaron en 2017 y, antes de producir, lo primero que se hizo fue un cambio de mentalidad, “que aprendiéramos a trabajar en equipo” me dijo Lucila Mosquera. Producen vinagres, frutas deshidratadas y pulpas.

 

Bonisalvo Susa
Bonisalvo Susa

CORNPEPAG

Muchos de los fríjoles que encontramos hoy en supermercados vienen de Ecuador, Bolivia y hasta de China. Bonisalvo Susa, presidente de Cornpepag, busca que Colombia consuma productos locales. En Putumayo se producen tres toneladas de frijol al año. Y la idea es que la cifra siga creciendo.

 

Gloria Milena Jiménez
Gloria Milena Jiménez

Vegabotero

Nueve mujeres del municipio de Gómez Plata lideran esta pequeña empresa. Antes les pagabaan bultos de guayaba a solo 1.000 o 2.000 pesos. Empezaron a procesar la fruta para hacer bocadillos. Llevan seis años desde que empezaron a transformar la fruta y dicen con orgullo que han podido crecer.

 

Brayan Vélez
Brayan Vélez

Asociación de Productores de Yolombó

Colombia es el segundo país del mundo en producción de panela. En Yolombó 74 asociados producen 60 toneladas mensuales y de esas, diez son de producción orgánica. Sin embargo, me cuentan que la panela se pierde porque se usa poco. Hay que consumir más.

 

Félix Antonio Rojas
Félix Antonio Rojas

Asomucan

En Anorí, 65 familias ubicadas en 25 veredas le dijeron no al cultivo de coca y cambiaron al cacao. Después de 13 años, de 300 hectáreas productivas, redujeron el número a 180 con lo que garantizan un producto de excelente calidad. Además de cultivar, transforman el producto en chocolate.

 

Por: Juan Pablo Tettay De Fex / juan.tettay@vivirenelpoblado.com

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