El arte entre puntadas

Miquel Barceló Vivarium se llama la exposición
Miquel Barceló y Artigues delante del tapiz, Vivarium, que da nombre a la exposición. Foto tomada del Real Jardín Botánico

Vivarium se llama la exposición, en el Real Jardín Botánico de Madrid, de los hilos que unen al reconocido pintor mallorquín Miquel Barceló con su mamá de 92 años, Francisca Artigues. Él pinta, ella borda. Sentimientos poderosos y belleza pura.

Por Adriana Mejía / redaccion@vivirenelpoblado.com

Nunca había visto una historia de amor tan entrañable entre madre e hijo, en una exposición. Una historia que apenas ahora se hace pública, pero que lleva plasmada en manteles, servilletas cortinas, edredones…, elementos de uso común en las casas, más de veinte años.

Miquel dibuja para que Francisca borde y la familia entera lo disfrute en la vida cotidiana.
“Mi madre y yo –dice Miquel Barceló al comienzo de la muestra- siempre tenemos este hilo que nos liga; esa es una cosa que me gusta. Bordar es un contacto permanente.

Cuando empezó a bordar sobre mis manchas de acuarela le gustó; el color lo hacía más excitante. Siempre tenemos grandes discusiones sobre de qué color tienen que ser las cosas. Ella tiene un sentido muy racionalista. Si yo quiero hacer un caballo verde ella opina que no, que tiene que ser marrón. En cada obra tengo que pasar un examen de ciencias naturales. Cada cosa debe tener las cosas que tocan”.

El nombre, Vivarium, viene de un tapiz gigantesco que está expuesto, en el que Miquel empezó a hacer manchones de acuarela sobre las que Francisca ideaba seres vivos. “Como mi madre me pedía cada vez más cosas, el tapiz fue llenándose y trabajamos casi dos años”.

Dos años de trabajo invirtió Francisca para bordar tanta imaginación.

Tan artista el uno como la otra, porque el punto mallorquí que usa la madre para darles forma a los manchones del hijo no es para nada humilde. Es arte potente que sirve para algo. Para tender la mesa, cerrar la ventana, adornar la cama…

Él imagina sus bestiarios como un relámpago y los pinta de pie en el estudio enorme que tiene en la isla; ella se toma su tiempo, puntada tras puntada -sentada en el rinconcito de siempre de su vivienda mallorquina-, para revivir, recrear y reimaginar el mundo. Una visión de la realidad que deleita la mirada.

“Esto hace nuestra relación más cercana. Los bordados de mi madre son un hilo que llega muy lejos; mucho mejor que el teléfono”.
Constatarlo es una experiencia sublime, muere uno de amor y admiración.

Miquel Barceló (Mallorca, 1957) es, sin duda, el artista español más reconocido y cotizado en el mundo actual. Ostenta el apetecido Premio Príncipe de Asturias a las Artes y un cuadro suyo, Faena de muleta, fue subastado en 2011 por 4.4 millones de euros. Ha sido investido doctor honoris causa por la universidad de las Islas Baleares (Mallorca), la Pompeu Fabra (Barcelona) y la de Salamanca. En 2004 se convirtió en el primer artista contemporáneo vivo en exponer en el Museo del Louvre y el Centro Pompidou, también en París, organizó hace algunos años la mayor retrospectiva de su obra inspirada en la naturaleza; el Mediterráneo y África son sus referentes más importantes. Su arte no tiene límites ni fronteras. Pinta, esculpe, ilustra, interviene obras arquitectónicas… La cúpula del vestíbulo del teatro Mercat de las Flors en Barcelona, la decoración de la Capilla del Santísimo en la Catedral de Palma de Mallorca, la Cúpula de la Sala de los Derechos Humanos y la Alianza de las Civilizaciones en la sede de la ONU en Ginebra, bautizada por la crítica como la Capilla Sixtina del Siglo XXI. Ilustrador de libros, son invaluables las 300 acuarelas con las que ilustró los tres tomos de La Divina Comedia de Dante. Y lo más importante: asistente de su madre en las labores de bordado.

  

Expo Vivarium Miquel Barceló y Francisca Artigues
Expo Vivarium Miquel Barceló y Francisca Artigues
Expo Vivarium Miquel Barceló y Francisca Artigues
Expo Vivarium Miquel Barceló y Francisca Artigues