El agua fascinante

El agua objeto de meditación en las artes

Desde la antigüedad hasta los tiempos modernos, la representación del agua en pintura y en literatura ha dado algunos de los más bellos ejemplos del arte. En las pinturas halladas en las tumbas de dignatarios del Imperio egipcio (ca. 1900 AC) los cazadores se deslizan en lanchas sobre la superficie quieta del agua. Plinio el Viejo, sabio romano que vivió del año 23 al 79 después de Cristo escribió: “… Este elemento manda sobre todos los demás, las aguas se tragan las tierras, ahogan las llamas, suben a las alturas y también reclaman para sí el cielo…”.


El agua en literatura
Al agua se atribuyen diversos significados: vida cuando fluye y muerte cuando se estanca. Federico García Lorca representa la fecundidad en la lluvia. En Antonio Machado el río simboliza la vida, “…sigue su curso, no cambia, aunque nos toque morir, la vida sigue…”. En De cómo se salvó Wuan-Fo, Margueritte Yourcenar describe los milagros que resultan de la fusión entre el arte y el mar. La misma relación con el agua sucede en Virginia Wolf quien en su novela Las Olas describe el mismo paisaje, pero distinto en cada capítulo según la hora. “… La naturaleza humana no cambia; sólo parece transformarse, de la misma manera que partículas de agua movidas por una ola…”.



Manuel Mejía Vallejo en
El sitio del agua escribe:

“…Tiempo atrás hubo allí un lago, donde el páramo atrapaba sombras de pájaro, de cielo, de nubes. Llegó a ser paraíso de libélulas, ranas y grillos, helechos orilleros y tórtolas de ciénaga. Hubo tortugas verdes y una brisa clara. Hubo peces de plata oscura y oro antiguo. Sombras móviles y figuras de fantasmas pasaban sobre sus aguas en noches de luna menguante…”.


Gabriel García Márquez en Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo:

 “… Llovió durante toda la tarde en un solo tono. En la intensidad uniforme y apacible se oía caer el agua como cuando se viaja toda la tarde en un tren. Pero sin que lo advirtiéramos, la lluvia estaba penetrando demasiado hondo en nuestros sentidos…”. Y en El General en su laberinto constata el devastador legado de los vapores en el río Magdalena. En 1830 cuando el General viaja por el río rumbo a Mompox dice: “…los peces tendrán que aprender a caminar sobre la tierra porque las aguas se acabarán…”.


Felisberto Hernández en La casa inundada:

 “…El agua corre como una esperanza desinteresada y nadie puede con ella. Si el agua que corre es poca, cualquier pozo puede prepararle una trampa y encerrarla; entonces se entristece, se llena de un silencio sucio, y ese pozo es como la cabeza de un loco…”.


Jorge Luis Borges en El poema del cuarto elemento:

“Agua, te lo suplico. Por este soñoliento / Nudo de numerosas palabras que te digo, / Acuérdate de Borges, tu nadador, tu amigo. / No faltes a mis labios en el postrer momento”.


Julio Cortazar en Peripecias del agua:

“…Basta conocerla un poco para comprender que el agua está cansada de ser un líquido. La prueba es que apenas se presenta la oportunidad se convierte en hielo o en vapor, pero tampoco eso la satisface… Por eso el agua elige delicadamente la nieve, que la alienta en su más secreta esperanza, la de fijar para sí misma las formas de todo lo que no es agua, las casas, los prados, las montañas, los árboles…”.


Ernest Hemingway en El gato bajo la lluvia:

 “… El agua se deslizaba por las palmeras y formaba charcos en los senderos de piedra. Las olas se rompían en una larga línea y el mar se retiraba de la playa, para regresar y volver a romperse bajo la lluvia…”.


El agua en pintura


Ninfeas. Claude Monet

La versatilidad plástica del agua, posible en todas las técnicas, la hizo vehículo de inspiración, cultura y útil de trabajo para la creación artística desde la antigüedad. Su papel ha sido importante en la aplicación de la técnica. En la pintura japonesa, por ejemplo, el lienzo mojado permite que, de los trazos con tinta china y pincel, resulte la forma que el talento del maestro domina. En La gran ola de Hokusai el agua desborda la obra. Durante el impresionismo los pintores lograron ver el agua según la luz, el color y el reflejo del momento. El río Sena no es el mismo en la mañana, al medio día o en la tarde. Las ninfeas azules de Claude Monet son ejemplo de la influencia del instante en la representación del agua. William Turner es el pintor de las tormentas, ningún otro artista interpretó los elementos como él. El agua y el tiempo son los temas centrales de su obra. Joaquín Sorolla fue el pintor del agua y el sol, sus olas azules, añil, turquesa, aguamarina, celeste, coronadas con trazos de blanco resplandeciente no se detienen nunca. Para Vincent van Gogh el agua en sus obras no era azul agua sino azul pintura y para Jerome Bosch la gente en el agua en El jardín de Las Delicias representa la lujuria y la gula. En Lluvia en La Mesa Gonzalo Ariza retrata la luz, la humedad y la relación frágil entre naturaleza y humedad en la sabana de Bogotá. Una de las pinturas más importantes de David Hockney es A bigger splash, el instante preciso en que un nadador, que no aparece en la obra, entra en el agua de la piscina y rompe la calma de los colores planos y las líneas horizontales y verticales de la composición. En un río que en lengua quechua se llama Curi Yacu, Carlos Jacanamijoy encontró la inspiración para crear su obra. El retrato que John Everett Millais hizo de Ofelia momentos después de caer al agua, coincide con la imagen que Shakespeare imaginó al describir los instantes previos a su muerte: “… Extendidos / sus ropajes en el agua, salía a flote cual sirena, / y cantaba estrofas de antiguas canciones, / inconsciente del peligro, o como hija del agua, / acostumbrada a vivir en el propio elemento…”. John William Waterhouse refleja el momento en que Narciso enamorado de su propia imagen sucumbe a su belleza en el espejo de las aguas bajo la mirada impasible de Eco.


La gran ola o Vista del Monte Fuji. Hokusai

El agua es vida, pero en las interpretaciones artísticas se vuelve conciencia. Su fuerza radica en el reflejo que estimula la imaginación que cuestiona y el reflejo de lo que vemos, quizá nuestra imagen interior.


A bigger splash. David Hockney