Duermas mucho o duermas poco…

 
Por: Jose Gabriel Baena
Cuando mis tres lectoras habituales me felicitan “por el maravilloso artículo de la semana pasada” supongo que algo debe de andar mal con mi escritura y que debo entonces apretar los tornillos. Uno no debe escribir para satisfacer señoras sino para hacerlas preocupar y adelgazar un poco por lo menos durante los siguientes quince días, hasta la próxima columna bonita y divertida. Justamente sobre esto viene enseguida “el tema” -expresión que no sueltan nuestros comunicadores ni para ir al WC-, motivado por una de esas encuestas que tanto me fascinan y que tanto retazo dan para cortar y hacer pegotes. A propósito de la expresión “el tema”, hace poco uno de los periodistas de la Tele decía, literalmente: “Bueno, y ahora damos el cambio a los estudios después de informarle (sic) a los televidentes sobre las inundaciones en estos tres barrios de Bogotá totalmente sumergidos por EL TEMA del invierno”. Sin comentarios.
La encuesta a la que hoy me refiero es una realizada entre 2004 y 2006 por el Centro para el Control de Enfermedades de Estados Unidos con 87.000 voluntarios “conejillos de Indias” (allá no les dicen así sino “cerdos de Guinea”, qué raro.). Pues bien, después de analizar de manera exhaustiva los resultados, el Centro llegó a una conclusión definitiva y que produce risa y miedo a la vez: “Las personas que duermen menos de seis horas por noche, o más de nueve, tienen una predisposición mayor que las demás a padecer obesidad, convertirse en fumadoras o bebedoras e incluso a tener una menor actividad cerebral”. “Los que duermen poco o duermen mucho no lo hacen tan bien”, dice el portavoz de la Academia de Medicina del Sueño.
Sin embargo las conclusiones del estudio no parecen ser tan científicas como ellos pretenden, porque a renglón seguido, después de que el lector ha entrado en pánico y llamado a EMI, los directores del estudio aclaran: “No obstante, no se ha podido demostrar la existencia de una relación causa-efecto entre el número de horas de sueño y los trastornos presentados por las personas que participaron en el estudio”. Resumiendo, los aplicados científicos no saben ni un carajo sobre el TEMA, para ellos no está claro “si el fumar produce insomnio o si el insomnio favorece que una persona empiece a fumar” (Dra. Charlote Schoenborn). “Sin embargo el número de fumadores es mayor entre aquellos que duermen menos de SEIS horas diarias, con un 31%, mientras que entre los que declararon dormir más de NUEVE horas hay un 28% de fumadores”. Por tres miserables horas de más, un miserable 3% menos de fumadores. ¿Y esto qué demuestra? Nada. ¿Qué pasa con los que a veces dormimos escasas cuatro horas por quedarnos hasta la 12 de la noche viendo el TV-cable, nos tomamos el pocillito de leche caliente para dormir y el gato nos despierta a las 4 a.m. para que lo dejemos salir a hacer pipí y ya luego no podemos dormir más, y no nos hemos vuelto fumadores? ¿Y cuando no me toca sacar al gato sino que duermo a pierna suelta 12 horas tres veces por semana? Aquí viene el postre engordador de la noticia:
Resulta que los estudios para los efectos del sueño sobre la adicción al cigarrillo se hicieron de manera paralela con otros, y con los mismos voluntarios, acerca de los efectos del “mucho o poco dormir” sobre la delgadez y la obesidad. Los resultados también fueron tan vagos y contradictorios como los primeros: el 33% de los que duermen menos de seis horas tienen tendencia a ponerse gorditos (o muy, muy gordos) a corto plazo “mientras que el 26% de los que duermen más de nueve horas TAMBIÉN padecen esta DOLENCIA (¿?)”. Entre los que duermen el llamado “tiempo correcto” la obesidad solo llega al 22%. Lo peor de todo se refiere al ALCOHOLISMO, ojo con esta belleza de corolarios: “La gente que menos duerme es más propensa a tomar alcohol, aunque los niveles de bebedores son similares entre los que duermen entre siete y ocho horas y los que lo hacen más de nueve horas. ¡Todos terminaremos bebedores! ¡Una feliz jubilación! Y los que duermen nueve horas o más son psíquicamente inactivos en su tiempo de ocio, algo que no es tan GRAVE entre los que duermen menos de seis horas o los que lo hacen “el tiempo correcto” (que no se sabe cuál es). Y a ninguno de los integrantes de los dos grupos le gusta hacer ejercicio. ¡Bien!
Benditas sean las encuestas gringas. El estudio no dice nada acerca de los que no podemos dormir un minuto durante la semana de luna llena y no somos ni fumadores ni alcohólicos y componemos en vela hermosas canciones. Pero nos gusta la buena comida. De ahora en adelante llamadme “el Gordo Baena”.

jgbaena@vivirenelpoblado.com