“Downtown”

“Downtown”
La historia del arte es la misma historia de la ciudad, obra de arte por excelencia

Es un lugar común afirmar que las prácticas contemporáneas del arte se plantean desde perspectivas urbanas; arte contemporáneo y arte urbano han llegado a ser conceptos sinónimos. Pero tal proximidad no es exclusiva de nuestro tiempo. Era ya claro que los impresionistas enfrentaban el paisaje rural con los ojos de un habitante de la urbe. E incluso algunos teóricos, como el italiano Giulio Carlo Argan, demuestran que el arte ha sido siempre un fenómeno urbano y que la historia del arte es la misma historia de la ciudad, obra de arte por excelencia.
En consecuencia, el análisis del aporte de un artista no puede circunscribirse al mero reconocimiento de su interés por lo urbano sino que debe intentar comprender las implicaciones de su mirada particular.
La obra de Juan Raúl Hoyos (Bolívar, Antioquia, 1962) se plantea entre las dimensiones de lo general y de lo particular. Aquí la ciudad es un macroorganismo, un esquema general relativamente estable; pero es también un punto de vista que cambia a cada instante.
Por eso, lo real se descubre solo desde la perspectiva del sujeto, del habitante urbano, y las estructuras generales –Medellín, Bogotá, Nueva York– se soportan esencialmente en ella; pero no es posible una experiencia en el vacío, al margen de lo concreto.
Es fácil caer en una división maniquea entre lo subjetivo y lo objetivo. Frente a ello, la obra de Juan Raúl Hoyos propone una visión dialéctica que cuestiona de manera continua la realidad del punto de vista subjetivo tanto como el sentido de la estructura general.
La colección del Mamm conserva una obra “Sin título” de Juan Raúl Hoyos. Este trabajo de 2007, dividido en tres partes y realizado en acrílico sobre tela, de 64 por 85 por 9 centímetros, pertenece a una serie que tituló “Downtown”, lo que, desde una intención temática, nos lleva al corazón de la ciudad.
El trabajo se inicia a partir de la fotografía, un medio que, al menos desde el punto de vista de viejas tradiciones artísticas, nos permitiría conocer la realidad “como es” (claro que hoy entendemos que la foto es más que un resultado neutral). Sobre esa genérica objetividad de la fotografía original, el artista desarrolla intervenciones sucesivas, a veces con medios digitales, que transforman la imagen en un hecho subjetivo. Lo que se produce es una discusión sobre la verdad, aparentemente indiscutible, que nos quería imponer la simple realidad descubierta (y encubierta) por la foto.
Además, como si se quisiera reforzar el valor subjetivo, esa nueva imagen se traduce en pintura; pero para desarrollarla Juan Raúl Hoyos se vale de recursos tomados de la serigrafía. Y cabe recordar que estos, en cuanto son susceptibles de repetición, parecerían privilegiar una objetividad mecánica. Pero también aquí el artista subvierte los procesos y lo genérico de la serigrafía se transforma en un gesto único e irrepetible.
Dicho así puede parecer sencillo. Pero quizá lo fundamental para Juan Raúl Hoyos es la dialéctica –afirmación, negación–, continua y nunca finalizada, entre la subjetividad de la experiencia y la generalidad objetiva de lo urbano.