Diana Vallejo

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  Diana Vallejo  
     
 
Como en todos los casos de cáncer, el paciente es uno solo pero la enfermedad la padecen todos.
 
     
 
 
     
 
Al ginecólogo no le gustó el aspecto ni la textura de una masa de 3 cm que apareció sorpresivamente en el seno izquierdo de Diana Trujillo. A esta comunicadora social de 35 años, empleada en una empresa de alimentos, la acompañaron dos amigas del trabajo a recibir el resultado positivo para cáncer de seno. “Un puño en la boca del estómago” es la descripción que ella elige para explicar lo que se siente cuando un médico sentencia el futuro con la palabra cáncer, sinónimo para muchos, de la muerte. Hasta entonces llevaba una vida enfocada en su trabajo, excediendo sus capacidades, dándole gran trascendencia a las metas profesionales y descuidando descanso, alimentación y salud.
Para la familia también fue un golpe duro y una gran sorpresa. Como en todos los casos de cáncer, el paciente es uno solo pero la enfermedad la padecen todos. Con 4 mujeres más en su familia, 3 hermanas y la madre, era necesario que todas se hicieran chequear, haciéndolas aún más solidarias con la causa. Hablando del apoyo infinito de su familia salen las primeras lágrimas de Diana.
Afortunadamente contó con médicos cálidos que la ayudaron a escoger las mejores opciones para una mujer soltera y sin hijos; conservar en la medida de lo posible el seno. La decisión fue empezar con quimioterapia y reducir el tumor para tener una intervención quirúrgica menos radical y finalizar con radioterapia. La estrategia fue exitosa y al momento de la cirugía quedaba poco o nada de la lesión y en solo 8 meses logró una recuperación completa. El triunfo se lo atribuye a varias cosas, fe, un grupo de médicos extraordinarios, apoyo de su familia, valentía para enfrentarlo y apoyo de su empresa para dedicarse únicamente a la salud.
Entre el grupo de médicos, Diana tuvo un especialista en sanación de cuerpo y mente. Con él pudo explorar el origen de su enfermedad relacionada con el manejo de las emociones y a los hábitos de vida. Cambió su forma de alimentarse y así, a diferencia de la mayoría, no se engordó y solo perdió 4 kilos. En cuanto a la pérdida de pelo, para ella no fue un gran problema. Acostumbrada a tener el pelo largo y abundante decidió adelantársele al asunto e irlo cortando gradualmente para que el día que empezara la quimioterapia ya estuviera habituada a no tener casi pelo. Optó por turbantes y por encontrar su lado femenino en otros aspectos que no fuera el pecho ni el pelo y dice nunca haberse sentido fea durante ese tiempo. El pelo vuelve a crecer pero el seno no, afectando considerablemente la estética, autoestima y por ende la intimidad sexual. Por eso también, Diana está tan agradecida con sus médicos y hoy, 6 meses después de terminar el tratamiento, se puede poner escotes, ha recuperado el tamaño del seno y su piel cicatriza perfectamente. Todo sin olvidar que el cambio importante va por dentro encontrando en ese camino que su felicidad no se limitaba a la conquista profesional. Fue el momento para conocerse mejor, ratificar a su familia y amigos y de paso descartar algunos.
 
 
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