Desde el Museo / septiembre (quincena 2)

 
 
Publicado en la edición 398, 20 septiembre de 2009
 
   
 
 
 
Cromointerferencias
 
 
La suya es una obra que nos invita a una lectura distinta a la que nos pide una escultura clásica, en la cual predominan aspectos temáticos, simbólicos y expresivos que debemos aproximar a través de referencias literarias, históricas, religiosas y culturales en general
 
   
 
 
   
 
Por Carlos Arturo Fernández U.
 
 
Cuando las ideas sociales, políticas y estéticas de los siglos 19 y 20 ponen en crisis la creación de los monumentos que habían sido desde el mundo antiguo el terreno propio de la escultura, llegó a creerse que este tipo de arte había recibido una herida mortal de la cual le resultaría imposible recuperarse. Y, en verdad, a partir de las vanguardias artísticas del siglo pasado, la escultura sigue caminos distintos a los de antes.
Se ha dicho, no sin razón, que es casi inexplicable que usemos la misma palabra –escultura– para referirnos, por ejemplo, al “David” de Miguel Ángel y a unas piedras que se amontonan de forma aleatoria. En efecto, la escultura contemporánea nos propone problemas diferentes a los del mundo clásico; pero, lejos de morir, ha llegado a ocupar, por los más variados caminos, un espacio predominante en el panorama del arte actual.
Reducida al más estricto sentido literal, “Cromointerferencias”, de Carlos Cruz–Díez, una obra de 1985, es un conjunto de tubos coloreados que se organizan en un esquema geométrico regular a partir de la letra M y de los juegos de color, cuyo efecto se percibe, simplemente, al pasar junto al MAMM, en el barrio Carlos E. Restrepo.
Carlos Cruz–Díez (Caracas, 1923) es una de las figuras centrales de la generación que a partir de la década de los años 60, y especialmente desde Venezuela, abrió el camino de las últimas vanguardias al arte latinoamericano.
Uno de los intereses de Cruz–Díez se refiere a la multiplicidad de las experiencias urbanas y a la búsqueda de propuestas estéticas en consonancia con la velocidad y los ritmos de la ciudad contemporánea. Por eso, la suya es una obra que nos invita a una lectura distinta a la que nos pide una escultura clásica, en la cual predominan aspectos temáticos, simbólicos y expresivos que debemos aproximar a través de referencias literarias, históricas, religiosas y culturales en general. “Cromointerferencias” no nos propone un tema sino que se dirige directamente a la experiencia.
Por eso, si en muchas oportunidades las descripciones de los historiadores y de los críticos, sobre todo antes de la fotografía y de los modernos medios de comunicación, eran el camino más frecuente para conocer el arte, hoy se nos invita a participar de manera directa, sin intermediaciones obligatorias que nos impongan su pensamiento.
Así, al menos en ese sentido, un artista actual como Carlos Cruz–Diez proclama que su diálogo es con las personas que cotidianamente experimentan su obra y que por ese medio se forman su propio punto de vista. Con esa toma de posición, Cruz–Díez plantea que la relación con el público es el centro de los problemas del arte.

Una oportunidad que no se repetirá en muchos años: ver la más grande muestra itinerante de obras de Leonardo da Vinci, en todos los terrenos de la creatividad. “Da Vinci el genio” puede verse en la Caja de Madera de Plaza Mayor hasta el 4 de octubre de 2009.