Desde el Museo / octubre (quincena 1)

 
 
Publicado en la edición 399, 4 octubre de 2009
 
   
 
 
   
 
Paisaje agredido
 
   
 
Son los paisajes de la destrucción, del irrespeto a la naturaleza, que, bien vale la pena recordarlo, ha sido uno de los resultados del uso indiscriminado e irracional de aquella hacha que llevamos en las manos porque en el cuello nos pesa
 
   
 
 
   
 
Por Carlos Arturo Fernández U.
 
 
La cultura regional, en su búsqueda de una identidad propia, encontró en el paisaje uno de sus pilares, sobre todo desde finales del siglo 19, con logros significativos en la plástica y en la literatura. Pero muchas veces a lo largo del último siglo el paisaje dejó de ser un territorio de interpretación cultural y se convirtió en una estrategia de reconocimiento, una especie de marquilla que identificaba a los artistas amantes de la antioqueñidad. En el arte nunca es posible hacer generalizaciones y, por eso, aquí se reconoce la importancia de lo regional, siempre que no cae en fáciles dogmatismos sino que se formula en una dimensión crítica y problematizadora.
En este sentido, Rodrigo Callejas (Medellín, 1937) es uno de los artistas que marca de forma más definitiva el arte en Antioquia; y como se ha sostenido con frecuencia que el hombre se hace universal a partir de su propio patio, se puede afirmar que ese aporte se extiende, por lo menos, al contexto del arte nacional.
“Paisaje agredido”, de 1993, es todo lo contrario de un ilusorio panorama bucólico como el que pretendieron imponer los artistas de la marquilla de la antioqueñidad. Por el contrario, Rodrigo Callejas prefiere un lenguaje más directo que nos hace reconocer en el paisaje otra cara menos bella, pero quizá más verídica y hasta sublime; son los paisajes de la destrucción, del irrespeto a la naturaleza, que, bien vale la pena recordarlo, ha sido uno de los resultados del uso indiscriminado e irracional de aquella hacha que llevamos en las manos porque en el cuello nos pesa.
Por otra parte, Rodrigo Callejas sabe que este no es un problema que se pueda limitar a un simple juego temático sino que tiene consecuencias sobre nuestra relación con el mundo. Y si el arte se nos presenta como una de las formas básicas a través de las cuales manifestamos esa relación, resulta evidente que es el arte en todas sus dimensiones el que resulta afectado. En otras palabras, cuando Rodrigo Callejas se enfrenta a la pintura de un paisaje que exprese este tipo de realidad sabe que, junto con la naturaleza, hemos destruido también la armonía del arte clásico.
Por eso, “Paisaje agredido” no es una pintura que, como en la tradición, quiera representarnos una visión total de la realidad; al contrario, debe contentarse con una serie de fragmentos pintados al óleo, una acumulación de telas colgadas, de distintas dimensiones, cuya presentación más o menos completa depende de las condiciones de tiempo y lugar, como un alegato que se amplía o contrae según las circunstancias.
Por lo demás, esta versión simultánea y coherente de la naturaleza y de la pintura convierte a Rodrigo Callejas en precursor de los debates ecológicos a través de la producción artística, que hoy hacen patente la función social del arte.****
Rodrigo Callejas ha sido Maestro como creador y como docente, lo que permite insistir en la importancia de la educación artística. Vale la pena visitar en el MAMM la exposición “Académica” que reune trabajos de los estudiantes más destacados de la la ciudad en los campos de las artes plásticas y visuales, del diseño gráfico, de modas y de espacios, de escenarios y de la arquitectura. Es la posibilidad de aproximarse hoy a quienes pueden llegar a ser los grandes creadores de mañana. Museo de Arte Moderno, sede Carlos E. Restrepo, hasta el 29 de noviembre.